Un Capitalismo Corporativo

La Argentina hace 25 años no crece. Mucho antes, cuando terminó la segunda guerra mundial, en el 45, el mundo desarrollado se partió en dos: los países que ganaron la guerra, en general democracias libres, se dedicaron a vivir del comercio, con economías abiertas al mundo, con Estados chicos o, si eran grandes, que cumplían la función de brindar bienes públicos y con presiones impositivas acordes con el producto per capita. Los países perdedores, Italia y Alemania, desarrollaron un capitalismo corporativo, prebendario, corrupto, con una visión del Estado como socio del sector privado. Y la Argentina comenzó a imitar más que a las democracias que ganaron, a las que perdieron.

La decadencia Argentina para mí se explica en la elección de ese capitalismo, que en medio siglo tuvo dos variantes: una de centro izquierda o de redistribución de ingresos, que es la de Perón, Alfonsín, Duhalde, y otra es la de derecha, la del gobierno militar con Martínez de Hoz o la de Carlos Menem. Este tipo de capitalismo, en cualquiera de sus dos variantes es el que lleva a la pobreza y Néstor Kirchner está dentro de esta versión de centro izquierda. Persigue la obra pública, las retenciones altas a las exportaciones para que el alimento esté barato, la guerra a la patria financiera. La versión de derecha es lo que yo llamaría de populismo cambiario: atrasar el tipo de cambio para que el salario real sea alto y reeditar permanentemente el "deme dos".

Pero en esencia el problema es el mismo: el tipo de capitalismo que se ha puesto en práctica. La Argentina necesita un capitalismo más competitivo en el que el sector privado se las arregle solo, que compita de manera fuerte con un economía abierta, con un Estado con equilibrio fiscal ocupándose de las cuestiones esenciales, como la salud o la educación.