Lejos de duplicar el PBI en 10 años

Es muy positivo que nuestra centroizquierda desde Duhalde-presidente hasta acá haya valorado la importancia del equilibrio fiscal dado que éste fue fundamental a la hora de explicar por qué, después de la megadevaluación que hicimos en 2002, no terminamos en una hiperinflación. De todas maneras, le falta mucho para generar las condiciones para duplicar el PBI cada diez años como pretende Kirchner.

Si se lee con cuidado el discurso del presidente Kirchner del domingo 25 de mayo pasado frente a la Asamblea Legislativa, se puede concluir en que si existe un Plan Kirchner (PK) dirigido a algo que tenga que ver con la economía, hasta hora, ha consistido en el anuncio (sólo el anuncio) de que se va a intentar «reinstalar la movilidad social ascendente» (que los que menos tienen tengan cada vez más) en nuestro país. En buen romance, esto implica un plan de lucha esencialmente contra la pobreza. A la indigencia, el gobierno de Kirchner la seguirá combatiendo con los planes Jefas y Jefes de Hogar de Duhalde. La combinación de una tasa de crecimiento de 4% entre puntas en el presente año más un gasto público en esos planes de 1% del PIB explicarán hacia fines de 2003 una baja de la indigencia de 4% como mínimo (casi 1,1 millón de pobres menos). La pobreza, sin embargo, no se moverá sustancialmente de los 21 millones de personas pobres durante el período.

Es ahí, en la pobreza, donde el PK enfocará los cañones del mayor gasto público, pero manteniendo el equilibrio fiscal, según los anuncios presidenciales. Para ello, el gobierno tratará de: 1) bajar la imposición indirecta (cómo hará para cerrar esto con el acuerdo con el FMI, que pide eliminar exenciones, es otro tema) financiada con aumento de la directa (acá cierra con las demandas del FMI de eliminar exenciones); 2) hacer obra pública financiada con los «trajes a rayas para los grandes evasores» y si no alcanza, se llevará puestos los fondos de las AFJP (segunda estafa a los futuros jubilados después del default +devaluación +pesificación); y 3) seguir comerciando todo lo posible en el «circuito cerrado» de los pobres del Mercosur (Brasil) para no tener que vérnosla ni de refilón con los ricos a los cuales queremos emular, dado que tenemos un destino europeo.

A su vez, un plan de construcción de obra pública de casi 3% del PBI (además de 1% del Plan Jefes que se mantendrá), como quiere Kirchner para luchar contra la pobreza, y la idea permanente de redistribuir ingresos («reinstalar la movilidad social ascendente») necesitan de un Estado enorme porque 3% del PBI es muchísimo dinero para administrar, y, a su vez, un Estado enorme dedicado a la obra pública implica automáticamente llevar a cabo la idea de «reconstruir un capitalismo nacional» a partir de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), la UIA, ADEBA, para contraponerse a la AEA y ABA, los supuestos grandes beneficiados de la década de convertibilidad ¡Qué originalidad!

Kirchner podría haber anunciado subsidios por 4% del PBI en vez de 1% del PBI (Plan Jefas y Jefes) + 3% de obra pública, pero hubiera significado herir de muerte al deseo de los pobres a trabajar porque para bajar la pobreza hay que gastar más por cada pobre que para bajar la indigencia, porque la canasta de la pobreza cuesta casi el doble que la de la indigencia y si la gente recibe un regalo cada vez más grande por ser pobre sin dar nada como contrapartida, con el tiempo se le hubiera dicho ¡chau incentivo a trabajar! Y así todos los días hubieran sido «San Perón». Por eso es que el PK «dice» que para un subsidio más grande que el Plan Jefas y Jefes, se requiere trabajo como contrapartida.

O sea que mirado el PBI desde el lado de la demanda, el PK es un intento de un gran shock de aumento del consumo + inversión pública y mirado el PIB desde el lado de la oferta es darle «gas» a la construcción.


Objeciones

Desde el punto de vista macro, el PK no es un plan económico para crecer sostenidamente, sino que es el anuncio de un gran subsidio a la pobreza con algún cuidado de evitar mucho desincentivo a la oferta de trabajo. Si se lo juzgara como plan económico, el PK sería un mamarracho. Es lo mismo que venimos haciendo desde hace 60 años de decadencia. Cuando la «ola» viene desde la derecha, incursionamos en el populismo cambiario a la Martínez de Hoz o a la Menem para tener salarios altos en dólares y fomentar todo lo posible el enfermo consumismo del deme dos o de los malones de argentinos vacacionando en Miami. Y cuando la «ola» viene desde la izquierda como ahora, porque ¡oh! casualidad, el populismo cambiario siempre termina en desastres como en 1981 o en 2001 (20 años de diferencia), empezamos a hablar de redistribución de ingresos, obra pública, capitalismo nacional, sustitución de importaciones, «vivir con lo puesto», etcétera.

Si lo único que hará la obra pública es evitar que el supuesto megaplan de subsidios del PK desincentive mucho la oferta de trabajo, su productividad será muy baja, con lo que la adición que provea al crecimiento económico será inexistente. Lo que realmente hará que sigamos creciendo en el corto plazo es que la fuga de capitales privados siga cayendo, lo cual a su vez depende de que la política fiscal y monetaria que evitó la hiperinflación luego de la megadevaluación se mantenga muy firme como hasta ahora. Y Kirchner parece tener claro que sin algún equilibrio en las cuentas públicas, no se puede hablar de nada en economía. Este es el tema central y no la obra pública.

En cuanto a la posibilidad de que el gobierno se apropie de los fondos de las AFJP, tiene que quedar claro que constituye una verdadera aberración. El futuro jubilado del régimen de capitalización ya fue estafado con el default+devaluación +pesificación y si se usan sus ahorros para financiar obra pública -que es un subsidio a la pobreza disfrazado y que por lo tanto es de bajísima productividad-, ya le estaríamos diciendo que si no es indigente hoy, lo será en su vejez porque sus ahorros quedarían directamente pulverizados. Además, alguien cerca del Presidente debería decirle que si se usan los fondos de las AFJP (que hoy están depositados en los bancos fondeando algún crédito al sector privado) para financiar obra publica, ocurrirá el fenómeno de la «frazada corta»: pierde crédito el sector privado y lo recibe el sector publico, así que la economía como un todo no debería crecer más por la obra pública porque el crédito global de toda la economía no aumentó su nivel, sino que cambió de manos.

En el discurso que Kirchner dio el 14 de mayo pasado, cuando se sabía que Menem no se presentaría al ballottage y por lo tanto él quedaba como presidente electo, dijo que «no iba a ser presa de las corporaciones». En realidad, debería haber sido mucho más preciso porque en este cambalache ideológico argentino donde casi todo se confunde y casi todo es gatopardismo, Kirchner reniega de las corporaciones que supuestamente se vieron beneficiadas por el atraso cambiario de la década menemista, pero 11 días después y ante la Asamblea Legislativa dijo que quería desarrollar un capitalismo nacional y al mismo tiempo habló de la obra pública y del comercio con el Mercosur.