El efecto dominó de la crisis «made in USA» se extiende de norte a sur. Los países de Iberoamérica, desde México hasta Argentina, sufren y sufrirán las consecuencias de un terremoto financiero que, por vez primera en muchos años, no les encuentra a ellos en el epicentro de la catástrofe.

«No hay que esperar para ver el daño, el daño está hecho y salta a la vista», advierte el economista argentino José Luis Espert. «El impacto directo es negativo en todo el continente -continúa-. Las Bolsas iberoamericanas han caído este año entre el 30% y el 50%, las exportaciones de materias primas se han ido a pique y los ingresos generados por la venta al exterior de esos productos se han reducido del 30% al 40%».

Con este panorama, la pregunta obligada es qué países están en mejores condiciones para soportar semejante varapalo. Para Espert la respuesta es sencilla: «Hay un principio básico: en época de vacas gordas hay que ahorrar. Los que lo hicieron van a poder resistir mejor la caída». En ese grupo encuadra a, «Brasil y México, dos países infinitamente mejor preparados para soportar el golpe que Argentina, donde han hecho un verdadero desastre, tanto en materia fiscal y de contratos, como de recaudación», asegura.

Carola Sandy, analista de Credit Suisse, lo explica desde otro ángulo: «El golpe externo tendrá efecto pero no con la intensidad que hubiera tenido hace diez años». De acuerdo a sus previsiones «los países más dependientes del comercio con EE.UU., como México, serán los más afectados» pero, entre los que dependen de las materias primas, el golpe también será duro, «los más expuestos -asegura- serán Venezuela y Ecuador por su sometimiento al petróleo». En cuanto a Argentina, dependiente como Brasil de las exportaciones de granos, es moderadamente positiva: «Tendría que pasar un desastre mayúsculo en el mundo para que haya un desastre mayúsculo en Argentina».

Rodrigo Valdés, economista del Barclays, resume el cuadro de situación: «Tras cuatro ó cinco años muy buenos, el ciclo llega a su fin para Iberoamérica». Según un estudio de este banco, considerado optimista por algunos, el crecimiento de la región para el año próximo podría bajar del 4,6% de 2008 al 3,3%. Pero el verdadero alcance de esta sacudida sigue siendo un misterio para víctimas y victimarios. «La crisis es muy seria y tan profunda que no sabemos el tamaño. Tal vez sea la mayor en la historia del mundo», confesó Luiz Inacio Lula Da Silva el martes. El presidente de Brasil demostró una vez más su liderazgo en la región y convocó en Manaos a Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, líderes de países en situación de inestabilidad económica y política mucho antes de que Wall Street se estrellara. El objetivo de la reunión, entre otros, fue buscar respuestas al colapso. El presidente venezolano sugirió, como primera medida para «defenderse», reflotar el Banco del Sur que «por razones técnicas y burocráticas no se ha activado».

En este contexto, las Bolsas del continente se desplomaron pero el cataclismo mayor lo sufrieron Buenos Aires y Sao Paulo que llegaron a cerrar el lunes con -8,68% y -9,36% respectivamente. El viernes, pese a conocerse que el Congreso de EE.UU. había dado luz verde al plan Bush, Latinoamérica cerró con saldo negativo.