El INDEKcidio en su etapa final (*)

Una cosa que llama la atención del gobierno de Néstor Kirchner es cómo, sin prisa ni pausa, acrecienta su poder al extremo, aniquila el concepto de república y nos asemeja a la desopilante Venezuela de Hugo Chávez. Es más, ni siquiera se ha detenido ante las estadísticas del país de todos los argentinos. El delirio hegemónico va por todo.

Alardea tener $25.000 millones de superávit fiscal a pesar de que las variaciones de la deuda neta de activos y pérdidas patrimoniales dicen que es 0, al cual habría que sumarle el déficit de las Provincias. Las exportaciones a precios de 1993 (Cuentas Nacionales) en el primer semestre crecieron 8,6% anual, el doble de lo que lo hicieron en cantidad (INDEC) en el mismo período. Nunca había ocurrido antes. Las importaciones en cantidad, que en los primeros ocho meses habían crecido al 23% anual, sólo lo hicieron 13% en setiembre, mes previo a las elecciones con el consumo creciendo a todo vapor. Se ve que hay que mostrar como sea la existencia de superávits gemelos. En el primer semestre, la actividad industrial oficial creció 6,4% respecto del mismo período de 2006 e increíblemente se aceleró durante la severa crisis energética del pasado invierno al expandirse al 6,9% anual entre julio y setiembre.

Pero para el gobierno, no hay indicador tan necesario de “truchar” como la inflación. De ella dependen la medición de los salarios reales, las canastas básicas, la pobreza, la indigencia, la equidad distributiva, el 41% de la deuda pública que es la que se ajusta por el CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia) y la reedición del Pacto Social de Gelbard de 1973 que pretende llevar a cabo la presidente electa.

La primera etapa (2005) fueron los acuerdos de precios light firmados por el ex ministro Lavagna. Desde 2006, Guillermo Moreno les dio un toque más denso, negro y espectacular. Además, comenzó la destrucción de mercados. Se intervino el de Hacienda de Liniers, el Concentrador de Frutas y Verduras, se prohibieron las exportaciones de carne y se dificultaron las de lácteos. 2007 es el año de los subsidios a los molinos harineros, feedloteros, etc. y de los dibujos en el IPC (Indice de Precios al Consumidor).

Transcurridos 10 meses, nunca la inflación mensual medida por el IPC-U (U=Urbano) fue superior a la de 2006 y en 6 oportunidades fue 0.1% menor (la “escalerita” de Moreno). En enero el "INDEK" computó (entre otros): una suba de turismo de sólo 3,7%, cuando en realidad fue de casi 19%, una de servicios para la salud de 2,18% en vez de 14% como mínimo por el cambio del anterior sistema de prepagas a uno de copagos más 2% o uno similar al viejo con 22% de suba. Cocina de febrero: caída en los servicios para la salud de 0,78% en vez de una suba del 4% por el cambio de sistema mencionado antes. Y así todos los meses.

En noviembre, el gobierno redobló la apuesta. Envió a EE.UU. a varios de los “cráneos” que Guillermo Moreno (Secretario de Comercio Interior) llevó al INDEK para que estudien cómo armar un índice que sea trucho de movida para reemplazar al viejo y truchado IPC y tenga el aura de la excelencia académica norteamericana. Después de todo, desde 1969, año en que se otorgó el primer Premio Nobel de Economía (algo así como el campeonato mundial de la economía científica) han transcurrido 39 años y en 30 (77%) hubo al menos un norteamericano y de 61 premiados (hay años con más de un laureado), 42 (69%) han sido ciudadanos del país del norte.

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En EE.UU. se elaboran 9 índices de precios minoristas distintos pero, a diferencia del mamarracho quiere hacer el gobierno argentino, ninguno es eliminado y reemplazado por otro y como algunos admiten la versión “core” sin energía ni alimentos porque son los precios más volátiles (nada que ver con el Resto del IPC nuestro), el total de índices americanos, sólo de costo de vida, se eleva a 13.

De ellos, el principal candidato que ha evaluado el gobierno para reemplazar al viejo IPC (hoy degradado a IPK) es el IPC-E (ver cuadro adjunto). El índice encadenado (E) utiliza una formula superlativa de Tornqvist para permitir una sustitución inter-item de forma tal de aproximar mejor el índice de costo de vida.

El efecto sustitución no es asumido por el índice sino que está implícito en su fórmula (al promediar la canasta de consumo nueva con la vieja) por lo que no es necesario estimar la elasticidad de sustitución entre todos los ítems. El primer IPC-E en EE.UU. se dio a conocer recién en agosto de 2002 cuando se publicó la versión final del año 2000, la Interina del 2001 y la Inicial sobre los primeros 7 meses de 2002. Se llama encadenado dado que la resultante de la fórmula es un cambio mes a mes el cual se engarza con el índice del mes anterior (a diferencia del IPC-U que se deriva de un ratio entre los índices).

En EE.UU. las encuestas para determinar la estructura de gastos de los hogares se realizan desde 1998 cada 2 años, o sea, que una vez por bienio los americanos tienen una aproximación de los efectos sustitución que han ocurrido. En Argentina, la última es de 2004/2005 y la anterior de 1996/1997. Es decir que recién después de 8 años (4 veces más que en EE.UU.) se investigaron las variaciones en los hábitos de consumo, a lo cual hay que agregarle el cambio copernicano por la crisis de 2001/2002.

O sea, ya y ahora en Argentina no se puede tener un verdadero IPC-E. Lo mínimo que habría que esperar son 3 años. Para ello sería necesario realizar una encuesta de gasto de los hogares ya mismo y que la velocidad de procesamiento de la información pase de la carreta de cebúes de hoy a la del rayo. Pruebas al canto: estando ya a fines de 2007 todavía no se conocen los datos definitivos y sobre toda la estructura de la encuesta de 2004/2005.

¿Cómo podría el gobierno de Cristina Kirchner tener un IPC-E hoy sin tenerlo? Directamente dibujando los ponderadores de los precios para que el IPC-E-T (T=Trucho) arroje la inflación que ella quiera. Habría una “ganancia” de esta segunda etapa vergonzante que podría iniciarse con nuestras estadísticas: ya no serían necesarios los aprietes a empresarios y comerciantes ni las manipulaciones en los precios del INDEC. La mentira vendría por el lado de los ponderadores. Tal vez por ello se lo nombre a Guillermo Moreno como futuro desempleado o dirigiendo los destinos del engendro energético de ENARSA (Energía Argentina SA). Los dibujos en los ponderadores podrían tener una “elegante” justificación oficial en los boicots. O sea, si el precio del tomate sube mucho, el gobierno fogonea un boicot, “desaparece” de la canasta de consumo y tenemos 0% de inflación. La sociedad viviría en estado de crispación, hecho muy agradable para los espíritus setentistas que nos gobiernan.

Tampoco habría que descartar después de tanto viaje cultural y alharaca sobre la vetustez de las canastas actuales de consumo, que el gobierno siga dibujando burdamente los precios como hasta ahora.

(*) Parte de esta nota fue publicada en La Nación el 11-11-2007 en Página 8