El "Indeccidio", en su etapa final

11 Nov
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Una cosa que llama la atención del gobierno de Néstor Kirchner es cómo, sin prisa ni pausa, acrecienta su poder al extremo, aniquila el concepto de "república" y nos asemeja a la desopilante Venezuela de Hugo Chávez. Es más: ni siquiera se ha detenido ante las estadísticas del país de todos los argentinos. La vocación hegemónica va por todo.

Alardea de tener $ 25.000 millones de superávit fiscal a pesar de que las variaciones de la deuda neta de activos y pérdidas patrimoniales dicen que es de cero, a lo cual habría que sumar el déficit de las provincias. Las exportaciones a precios de 1993 (Cuentas Nacionales) en el primer semestre crecieron el 8,6% anual, el doble de lo que lo hicieron en cantidad (Indec) en el mismo período. Nunca había ocurrido antes. Las importaciones en cantidad, que en los primeros ocho meses habían crecido al 23% anual, sólo lo hicieron el 13% en septiembre, mes anterior a las elecciones, con el consumo creciendo a todo vapor. Se ve que hay que mostrar como fuere la existencia de superávits gemelos. En el primer semestre, la actividad industrial oficial creció el 6,4% respecto del mismo período de 2006 e increíblemente se aceleró durante la severa crisis energética del pasado invierno, al expandirse al 6,9% anual entre julio y septiembre.

Pero para el Gobierno, no hay indicador tan necesario de falsear como la inflación. De ella dependen la medición de los salarios reales, la canasta básica, la pobreza, la indigencia, la equidad distributiva, el 41% de la deuda pública que es la que se ajusta por CER (coeficiente de estabilización de referencia) y la reedición del Pacto Social de Gelbard, de 1973, que pretende llevar a cabo la presidenta electa.

La primera etapa (2005) fueron los acuerdos de precios light firmados por el entonces ministro Lavagna. Desde 2006, Guillermo Moreno les dio un toque más denso, negro y espectacular. Además, comenzó la destrucción de mercados. Se intervinieron el de Hacienda de Liniers y el Concentrador de Frutas y Verduras; se prohibieron las exportaciones de carne y se dificultaron las de lácteos. El actual es el año de los subsidios a los molinos harineros, feedloteros , etc. y el de los "dibujos" en el IPC (índice de precios al consumidor).

Transcurridos diez meses, nunca la inflación mensual medida por el IPC-U (U=urbano) fue superior a la de 2006 y en seis oportunidades fue un 0,1% menor (la "escalerita" de Moreno). En enero, el Indek computó, entre otros, una suba de turismo de sólo el 3,7%, cuando en realidad fue de casi el 19%; otra de servicios para la salud, del 2,18%, en vez del 14% como mínimo por el cambio del anterior sistema de prepagas a uno de copagos más el 2% o uno similar al viejo, con el 22% de aumento.

Cocina de febrero: caída en los servicios para la salud, del 0,78% en lugar de una suba del 4% por el cambio de sistema mencionado antes. Y así todos los meses.

Este mes, el gobierno redobló la apuesta. Envió a EE.UU. a varios "cráneos" que Guillermo Moreno (secretario de Comercio Interior) llevó al Indek para que estudiaran cómo armar un índice que fuera inexacto de entrada para reemplazar al viejo y "truchado" IPC y tuviera el aura de la excelencia académica norteamericana. Después de todo, desde 1969, año en que se otorgó el primer Premio Nobel de Economía (algo así como el campeonato mundial de la economía científica) han transcurrido 39 años y en 30 (77%) hubo al menos un norteamericano y de 61 premiados (hay años con más de un laureado), 42 (69%) han sido ciudadanos del país del Norte.

En EE.UU. se elaboran nueve índices de precios minoristas distintos pero, a diferencia del mamarracho que quiere hacer el gobierno argentino, ninguno es eliminado y reemplazado por otro, y como algunos admiten la versión core sin energía ni alimentos porque son los precios más volátiles (nada que ver con el resto del IPC nuestro), el total de índices americanos, sólo de costo de vida, se eleva a 13.

De ellos, el principal candidato que ha evaluado el Gobierno para reemplazar al viejo IPC (hoy degradado a IPK) es el IPC-E (ver cuadro adjunto). El índice encadenado (E) utiliza una fórmula superlativa de Tornqvist para permitir una sustitución inter-ítem de forma tal de aproximar mejor el índice de costo de vida.

El efecto sustitución no es asumido por el índice, sino que está implícito en su fórmula (al promediar la canasta de consumo nueva con la vieja) por lo que no es necesario estimar la elasticidad de sustitución entre todos los ítems. El primer IPC-E en EE.UU. se dio a conocer sólo en agosto de 2002, cuando se publicó la versión final del año 2000, la interina del 2001 y la inicial sobre los primeros siete meses de 2002. Se llama encadenado porque la resultante de la fórmula es un cambio mes tras mes, el cual se engarza con el índice del mes anterior (a diferencia del IPC-U, que se deriva de un ratio entre los índices).

En EE.UU., las encuestas para determinar la estructura de gastos de los hogares se realizan desde 1998 cada dos años, o sea, que una vez por bienio los norteamericanos tienen una aproximación de los efectos sustitución que han ocurrido. En la Argentina, la última es de 2004/2005 y la anterior de 1996/1997. Es decir que sólo después de 8 años (cuatro veces más que en EE.UU.) se investigaron las variaciones en los hábitos de consumo, a lo cual hay que agregarle el cambio copernicano por la crisis de 2001/2002.

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Tiempos de procesamiento

O sea, ya en la Argentina no se puede tener un verdadero IPC-E. Lo mínimo que habría que esperar son tres años. Para ello sería necesario realizar una encuesta de gasto de los hogares ya mismo y que la velocidad de procesamiento de la información pasara de la carreta de cebúes de hoy a la del rayo. Pruebas al canto: estando ya a fines de 2007 todavía no se conocen los datos definitivos y sobre toda la estructura de la encuesta de 2004/2005.

¿Cómo podría el gobierno de Cristina Kirchner tener un IPC-E hoy sin tenerlo? Directamente, "dibujando" los ponderadores de los precios para que el IPC-E-T (T= "trucho") arroje la inflación que ella quiera.

Habría una "ganancia" de esta segunda etapa vergonzante que podría iniciarse con nuestras estadísticas: ya no serían necesarios los aprietes a empresarios y comerciantes ni las manipulaciones en los precios del Indec. La mentira vendría por el lado de los ponderadores. Tal vez por ello se nombre a Guillermo Moreno como futuro desempleado o dirigiendo los destinos del engendro energético de Enarsa. Los dibujos en los ponderadores podrían tener una "elegante" justificación oficial en los boicots. O sea, si el precio del tomate sube mucho, el Gobierno fogonea un boicot, "desaparece" de la canasta de consumo y tenemos cero de inflación.

Tampoco habría que descartar después de tanto viaje cultural y alharaca sobre la vetustez de las canastas actuales de consumo que el Gobierno siguiera "dibujando" burdamente los precios como hasta ahora.