Ya no hay superávits gemelos

02 Sep
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Llegando al fin de su mandato como presidente, o sea, contando con la evidencia de cuatro años de ejercicio del poder, no es difícil calificar al gobierno de Néstor Kirchner como muy mentiroso. En noviembre de 2004, casi un año antes de las elecciones legislativas que terminarían de darle 40% de los votos, apareció el famoso "cuento chino", que consistía en un "megaplán" de obras de infraestructura con capitales del país asiático en el plano energético, construcción de caminos, viviendas, puesta en marcha de ferrocarriles, turismo y telecomunicaciones por 20.000 millones de dólares.

Hoy, no sólo no vino ni un cobre, sino que además estamos a las piñas con China porque nuestro gobierno, al declararla economía de libre mercado (en total contradicción con su credo proteccionista) e inflar de manera sideral el consumo, causó un déficit comercial bilateral, palabra prohibida en estos tiempos de mercantilismo picapiedra.

En abril del presente año, cuando el escándalo de las facturas truchas de Skanska comenzaba a salpicar al Gobierno de manera muy directa, "los Albertos" salieron a denunciar que habían atentado contra la vida del Presidente, cuando un tal Mansilla Alarcón, luego de robar un camión de gran porte, recorría en forma descontrolada unas 30 cuadras, chocaba diez autos, dejaba siete personas heridas y volcaba el vehículo frente a la casa de Kirchner, en Río Gallegos, a pesar de una fuerte custodia de la Gendarmería.

Las tapas de los diarios fueron inundadas por tan tremenda noticia. Skanska pasaba así a la clandestinidad periodística. Poco se reparó en que 30 días después los peritajes psiquiátricos diagnosticaron que el hombre era un trastornado mental.

Después del fracaso total en 2006 del control de precios de Guillermo Moreno, el Gobierno en 2007 decidió directamente dibujar la inflación.

Esto ha traído como consecuencia que se mienta con: el costo de la canasta básica total y de la canasta básica alimentaria, con los niveles de pobreza y de indigencia, con la distribución del ingreso y con el aumento de la deuda pública.

Recientemente, el Presidente anunció los datos del desempleo del segundo trimestre, sin que la gente del Indec haya movido un dedo para su cálculo y poco más tarde se publicó un dato de la producción industrial de julio que tenía una versión en la que se excluía el sector que más había caído (el acero) con argumentos para descostillarse de la risa, como la "conclusión del proceso de inversión".

Pero una de las mentiras más fuertes de este kirchnerismo que vino a redimirnos de las calamidades menemistas es que tanto el superávit fiscal como el de las cuentas externas constituían políticas de Estado que no se negociaban desde ningún punto de vista.

El resultado con el que el Gobierno hace propaganda sobre nuestra supuesta bonanza fiscal en iluminadoras conferencias de prensa del secretario de Hacienda, acompañado por el ministro de Economía, es el que surge de la diferencia entre los impuestos y gastos del gobierno nacional. Este último dice que en 2007 rondará los $ 24.500 millones. Es factible.

El problema es que incluye como ingreso el disparate del stock de depósitos, acciones y bonos por $ 4500 millones que se llevaron los que optaron o los que estaban obligados a pasarse desde las AFJP al sistema de jubilación estatal, luego de la puesta en vigencia de la contrarreforma previsional.

También incluirá como ingreso las utilidades por $ 1150 millones que el BCRA le transfiere al Gobierno por ser éste su único "accionista". No es una grosería como la anterior, pero es una "piolada". Puede ser cierto que haya ganancias, pero durante algunos años de la convertibilidad, aun sin ganancias, el BCRA se lo pasaba transfiriendo utilidades.

Además, ¿y los gastos de administración y emisión del BCRA? ¿Y los redescuentos incobrables? No es prolijo incluir dentro del resultado fiscal lo que más nos conviene de las agencias gubernamentales que no consolidan y al resto ignorarlo. O se pone todo de todas o no se pone ninguna.

Los Bocones por $ 2000 millones que se emiten para compensar por los perjuicios generados por el Estado a jubilados, proveedores del Estado, ex combatientes, familiares de desaparecidos, ex empleados de YPF, etcétera, constituyen un instrumento líquido que puede expandir el gasto de quien lo recibe por más cancelación de deuda vieja que sea. Un razonamiento similar se podría hacer para los intereses capitalizados de los bonos.

Finalmente, no poner como gasto público en el resultado de propaganda oficial los intereses de la deuda que se van pagando, por $ 15.900 millones, ya es indecente.

Y la frutilla del "postre mentira" que nos sirve en bandeja de plata el Gobierno no sólo consiste en no computar, sino en dibujar el fenomenal déficit fiscal de las provincias por $ 4900 millones.

Así, en 2007, el resultado fiscal relevante, el que tiene impacto macro, no será la entelequia oficial de un superávit de $ 24.500 millones, sino de un déficit de $ 7250 millones (US$ 2300 millones) que se financiará con los traspasos de las AFJP por $ 4500 millones, con transferencias del BCRA bajo el seudónimo de "utilidades del BCRA" por $ 1150 millones, caída de los depósitos netos (de créditos) del Gobierno en los bancos y colocaciones de deuda a nuestra nueva "relación carnal", Hugo Chávez.


Saldos perdidos

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¿Y el superávit de nuestras cuentas externas?

Si el fisco bien medido ya está en déficit fiscal en vez de superávit, no es de extrañar que la cuenta corriente se esté desplomando. De los casi US$ 11.000 millones anuales de superávit de 2002 y 2003 (sin la entelequia de poner como ingresos los intereses devengados sobre activos de argentinos en el exterior), cayó a US$ 5300 millones en 2006 y caería a US$ 2500 millones en 2007.

Y si eliminamos el espectacular shock favorable de términos del intercambio que hemos recibido desde 2002 por US$ 10.000 millones hoy ya estaríamos con un déficit de US$ 7500 millones (aun con estos términos del intercambio podemos terminar con desequilibrio el año que viene).

O sea, ya no hay ni superávit fiscal ni de cuenta corriente (los famosos gemelos). Al primero lo perdimos a pesar de cinco años de vacas recontragordas de crecimiento económico mundial y de que la presión impositiva sobre los que pagan es salvaje, como en el Primer Mundo, a pesar de que nuestros servicios públicos son del Africa subsahariana. Al segundo lo perdimos no por capitalizarnos para exportarle al mundo, sino por la desaparición del primero, lleno además de amiguismo, clientelismo, acomodo y corrupción.

Pobre Cristina, acostumbrada a las carteras de primeras marcas, si llega a ser Presidenta. Si no hace un ajuste fiscal formidable, al final de su posible primer mandato puede terminar cosiéndose bolsos de mano en su La Plata natal.

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