Previsible fracaso de controles de precios

Después de un par de décadas, en marzo del año pasado, la Argentina volvió a los controles de precios. Pero recién desde el 1 de diciembre de 2005 comenzaron a tener algo de la «mística» de los 70 y ni qué hablar desde el 16 de febrero de este año cuando el gobierno publicó la famosa lista de 351 artículos (208 productos de los acuerdos firmados con las empresas y los supermercados, 93 artículos de la canasta escolar y 50 productos comercializados en maxiconsumo) cuyo valor permanecería congelado, a los precios de noviembre 2005, hasta fines de 2006.

Sin embargo, a pesar del gran impacto mediático que tiene la seguidilla (¿ pesadilla?) de controles de precios que el secretario Guillermo Moreno firma día a día con distintos sectores, la lista sólo incluye a 150 variedades (17%) de las más de 800 que el INDEC audita todos los meses para obtener la inflación del IPC.

Pero eso no es todo. El propio INDEC, en la información de prensa que da a conocer todos los meses cuando informa la inflación, muestra la evolución de los valores de «un conjunto de alimentos y bebidas» que cubren gran parte del capítulo Alimentos y Bebidas (31,3% del IPC), la principal obsesión de los controles de precios del gobierno.


Aumentos

Según ella, el pan francés tipo flauta que en los primeros 8 meses de 2005 había subido 3%, en el mismo período de tiempo de 2006 subió más del doble: 6,9%. Las facturas subieron 6,6% entre enero y agosto de 2005 y en los primeros 8 meses de 2006 también más que duplicaron ese aumento: 13,8%. Los fideos secos tipo guisero aumentaron 4,7% en los primeros 8 meses de 2005 y 5,4% en 2006. Los fideos secos tipo tallarín +2,4% en 2005 y +12,3% en 2006. Las galletitas dulces envasadas sin relleno -0,8% en 2005 y +9,4% en 2006. Las galletitas de agua envasadas +1,3% en 2005 y +8,4% en 2006.

Estos productos no son de lujo. Son alimentos básicos que sin duda están controlados por el puño de hierro de Guillermo Moreno. Sin embargo, han tenido mucha más inflación en 2006 que en 2005.

Pero entonces ¿cómo explicamos que la inflación del IPC en los primeros 8 meses del año haya bajado de 7,7% en 2005 a 6,1% en 2006 (-1.6 punto porcentual)?

Como puede observarse en el cuadro adjunto, el grupo carnes del IPC, que había subido 11,3% entre enero/ agosto 2005, tuvo una caída nominal de 0,9% en el mismo período del presente año.

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Ponderada por su peso en el índice, ese diferencial de precios ya explica 0,9 de punto porcentual de 1,6 punto de desaceleración del IPC. El grupo lácteos y huevos del IPC, que había subido 13,8% entre enero/ agosto 2005, tuvo una mínima suba de 0,6% en el mismo período del presente año.

Ponderada esa desaceleración por su peso en el índice, ese diferencial de precios explica otros 0,6 de punto de 1,6 punto de desaceleración del IPC. En suma, entre carnes y lácteos tenemos casi 100% de la explicación de la desaceleración de la inflación del IPC en los primeros 8 meses de 2006. No nos olvidemos que el miércoles 8 de marzo pasado el gobierno anunció la prohibición para exportar carne por 180 días que todavía no se ha relajado totalmente. Esto provocó que la enormidad de 600.000 toneladas de carne se volcaran al mercado local cuando las ventas externas en 2005 habían llegado a 770.000 toneladas por valor de u$s 1.390 millones. Además se decidió un incremento de 5% a 15% en las retenciones a la exportación de productos termoprocesados y carne con hueso.

Si bien es una medida absurda en general, pero más todavía cuando al mismo tiempo la Argentina se la pasa despotricando contra el proteccionismo agrícola norteamericano y europeo, es una decisión concreta que afecta de manera muy contundente una actividad. No se trata de llamados a las 6 de la mañana para que los frigoríficos le expliquen a Guillermo Moreno por qué embarcan 1 o 2 toneladas más para la exportación, sino que hablamos de estar obligado a vender localmente lo que estaba destinado al exterior.


Resultado

Con la leche y los lácteos en general, ocurrió algo similar que con la carne pero de manera más «voluntaria». No se llegó al extremo de prohibir la exportación ni se amenazó con intervenir mercados como con la carne.

Entonces, una primera conclusión es que el revival de los controles de precios han tenido el resultado esperado: fracaso total. Segunda, la desaceleración de la inflación del IPC ocurrió por medidas concretas (aunque nada razonables)de política económica como prohibir exportaciones de alimentos. Tercera, el gobierno no está actuando contra la inflación sino que lo que hace es manipular los índices de precios a través de medidas de alto impacto en los rubros que más pesan estadísticamente en el IPC.

Si el gobierno quisiera actuar sobre las causas de la inflación empezaría por dejar de deteriorar la situación fiscal. El gasto público ya creció $ 100.000 millones desde la devaluación (100%) y el resultado fiscal superavitario que fue de 3,7% del PBI en 2004 ya ha caído a 1,4% del PBI en 2006 y seguramente lo volverá a hacer en 2007 siendo un año electoral. La Argentina está gozando de un shock extranjero de caída en la salida de capitales y suba de términos del intercambio que expanden enormemente la demanda agregada y presiona sobre los precios. En ese contexto, el fisco es crecientemente procíclico.

Si el gobierno quisiera actuar sobre las causas de la inflación haría también una pausa en los aumentos de salarios por decreto o pararía de presionar a las empresas para que los aumenten más todavía a través de Moyano, D’Elía y compañía.

Pero entonces ¿para qué sirven los controles de precios? Para redistribuir ingresos. No hay que olvidarse que estamos en presencia de un gobierno que no es socialista, pero cuyos miembros decisivos están educados en las ideas del tercermundismo antinorteamericano en el que el grande por definición es malo porque llegó a tener ese tamaño depredando al otro. Por lo tanto, en algún momento tiene que entregar algo a cambio de coexistir con nosotros.