El desastre fiscal de las Provincias. Otero versus Espert

El gasto bonaerense no se atiende con “impuestazos” (*)

Por Gerardo Otero – Para LA NACION

En un artículo en el que sobrevuela el decir popular “no son todos los que están ni están todos los que son”, el señor José Luis Espert (LA NACION, domingo 20 del actual) califica a la administración de la provincia de Buenos Aires como un “manicomio”. Lo hace a partir de algunas afirmaciones y conclusiones totalmente parciales que obligan a nuestra contestación.

Es importante destacar que el gasto incurrido en 2001, previo a la devaluación y a la asunción de la actual administración, ascendería a casi $ 25.000 millones a valores del corriente año. Vale recordar que en ese año se observó una política restrictiva en materia de gastos, por la vigencia de la emergencia económica y fiscal.

Con ese dato resulta más sencillo entender las implicancias que tiene sobre las finanzas de la provincia el costo de prestar servicios esenciales (educación, salud, seguridad, justicia, etc.) o mantener un nivel razonable en la inversión pública, ante la lógica recuperación de precios relativos de sus insumos (salarios, adquisición de bienes y servicios necesarios, etc.), proceso que inevitablemente sigue a una devaluación como la de 2002.

Ello explica, entonces, que el Presupuesto 2006 (su ejecución llegará a $ 23.000 millones) resulte insuficiente para atender todas las necesidades. Piénsese que entre 2001 y el corriente año la provincia ha ampliado su oferta de servicios, acompañando el crecimiento poblacional o dando respuesta a demandas puntuales.

Para financiar el gasto, en estos cuatro años hemos incrementado nuestra recaudación tributaria propia en aproximadamente $ 6400 millones, basado en la disminución de la evasión y la elusión impositiva y no en los supuestos “impuestazos” que señala el mencionado artículo.

Sólo una referencia muestra lo injusto de los comentarios del señor Espert sobre tales “impuestazos” y el “desinterés sobre la actividad agropecuaria”: la presión fiscal efectiva sobre la tierra rural se redujo en la provincia, cualquiera sea la fuente que se tome sobre el valor de mercado de aquélla.

Y cuando señalamos que históricamente la provincia recibe menos de lo que aporta a la conformación de la renta tributaria federal, nos basamos en datos objetivos: en 2001 y 2002 nuestra participación era del orden del 24% del total destinado a provincias y la ciudad de Buenos Aires; este año rondará el 21%. No es desatinado reclamar por ello, ya que a nadie escapa que no es equitativo que una provincia con un aporte al PBI del orden del 35% y una población que asciende al 38% del total reciba sólo el 21% de coparticipación federal y nada más que el 6,2% del total de ingresos nacionales, contra más del 10% que recibía hace 10 años.

Con relación a los comentarios del columnista sobre las defensas de nuestro gobierno de retenciones y otras medidas del gobierno nacional, sólo cabe señalar que coincidimos plenamente -sin necesidad de “pirueta” alguna- en la búsqueda de una justa distribución del ingreso y de la reducción de la pobreza y la desocupación.

El señor Espert pone al descubierto, además, una posición reñida con los valores democráticos: me remito simplemente a sus palabras “…impresentable elite gobernante que tenemos que tolerar…”, e incurre en mentiras groseras, tales como afirmar que “el superávit que las provincias tuvieron en 2003, 2004 y 2005 se transforma en déficit si a los ingresos les quitamos las transferencias discrecionales del poder central…”, lo cual es falso y más grave aún desde que el autor no puede desconocerlo.

Discrepamos totalmente con quien se ha caracterizado por criticar de manera constante a la administración nacional y provincial desde un supuesto estrado de sabiduría, sin guardar la objetividad que se necesita para analizar la realidad de un país que está superando -con el esfuerzo de la mayoría de los argentinos- una de las crisis políticas, económicas y sociales más graves de su historia.

(*) Nota publica el 28 de Agosto en pagina 2, Sección Economía & Negocios


Deudas y gasto en la provincia de Buenos Aires (**)

Por Jose Luis Espert – La Nación

El lunes 28 de agosto el actual Ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires y ex Subsecretario de Finanzas bonaerense entre 1991 y 2002, Gerardo Otero, respondió en La Nación algunas de las afirmaciones realizadas por mí en una nota del domingo 20.

He aquí mis comentarios a los suyos.

Otero sugiere que en 2001 el gasto público provincial era bajo al afirmar que “se observó una política restrictiva por la vigencia de la emergencia económica y fiscal”. Catalogar como restrictiva una baja del gasto público provincial de sólo 1% respecto del máximo histórico (1999) en un contexto deflacionario y estando al borde del default, resulta temerario. Lo que pretendía mantener era un gasto insostenible que condujo al sobreendeudamiento y al default

¿Por qué la deuda de Buenos Aires terminó siendo de u$s 10.400 millones en 2001 si sus ingresos crecieron $5.900 millones (a precios de julio de 2006) en la década de convertibilidad? Simplemente porque el gasto público aumentó $8.800 millones (+80%), haciendo que el déficit de $ 2.500 millones en 1990 subiera a $5.600 millones en 2001. Por lo tanto, al gasto público de 2001 habría que huirle como a Frankenstein en vez de desearlo como Otero. La crisis del 2001 no salio de un repollo sino de una dirigencia irresponsable que gastó lo que no debía. Otero forma parte de ella.

En la Provincia de Buenos Aires rige desde 2006 un aumento de 10% en patentes y de 100% en el impuesto inmobiliario rural ¿Esto no es un impuestazo para Otero? Además, primero hay que discutir la razonabilidad del impuesto inmobiliario rural. De existir, debería ser un pago a cuenta de Ganancias porque sino se estaría gravando dos veces el mismo flujo de beneficios, una vez con Ganancias y otra vez con el inmobiliario rural. Esto es justamente lo que pasa en Buenos Aires con la tierra. O sea, hay impuestazo porque se ha aumentado 100% un impuesto que es de por si una doble imposición y no debería existir. ¿O acaso la Provincia le cobra a la industria un impuesto específico que grave sus maquinarias y edificios?. ¿Por qué esta discriminación contra el campo Sr. Otero?

Luego Otero justifica el aumento del 100% del impuesto inmobiliario rural por el crecimiento del valor de los campos. El precio de los inmuebles (residenciales y rurales) ha subido espectacularmente en todo el mundo por las bajas tasas de interés internacionales. Así que Otero está gravando (con el doble de alícuota) un fenómeno probablemente transitorio y exógeno como una ganancia por tenencia de la tierra causada por la gran liquidez mundial. Y de nuevo, a los burócratas de la Provincia de Buenos Aires no se les ocurrió gravar con impuestos especiales a la excepcional suba de la capitalización bursátil que las industrias cotizantes han tenido ¿Por qué esta discriminación contra el campo Sr. Otero?

En materia distributiva Otero defiende la redistribución del ingreso nacional pero quiere equidistribución (por aportes a la coparticipación y por población) de impuestos para su provincia. Olvídese Sr. Otero, los habitantes de la Provincia de Buenos Aires no pueden ser defendidos desde la incoherencia total.

Sobre la defensa de los valores democráticos, Otero, bien consistente con el pensamiento único reinante que llega al extremo de lo maniqueo, dice que si yo siento que tengo que “tolerar” a una elite gobernante impresentable es antidemocrático. Nada que ver. Tolerar es “sufrir con paciencia” y eso es lo que hacemos muchos argentinos democráticos con quienes nos gobiernan ¿O acaso Alfonsín, Menem, Cavallo, De la Rúa, Kirchner y los jefes de Otero, Duhalde y Solá son una pinturita que lo único que nos han traído es paz y prosperidad?

Otero luego dice que yo miento cuando afirmo que a pesar del extraordinario aumento de recaudación desde la devaluación, las provincias, sin las transferencias discrecionales que reciben desde la Nación, hubieran transformado sus superávits fiscales de 2003, 2004 y 2005, en déficits. La información que usé para esa conclusión es pública y oficial (www.mecon.gov.ar). Probablemente Otero no tenga idea de la existencia de ese sitio o, en el peor de los casos, el mote de mentiroso no me cabe a mi sino a los que elaboran esos datos en el Ministerio de Economía de la Nación.

(**) Nota Publicada el 17 de Septiembre, Pagina 9, Sección Economía & Negocios

nw2006-09-19-01