Cuidado con el deterioro fiscal

Por qué los empresarios deberán estar más que atentos a la evolución de las cuentas públicas a partir de 2007


José Luis Espert

“Si uno tiene una visión de crecimiento sostenido –y estamos hablando de crecimiento con tasas anuales del 6% durante al menos un cuarto de siglo tal como se observó en la Argentina en el período 1870-1913– entonces existe mucho espacio para la crítica del actual modelo económico”. Así lo asegura el economista José Luis Espert, director de la consultora Espert & Asociados.

“En primer lugar, es de la época de los picapiedras seguir con experiencias proteccionistas, poniendo al agro en el papel de proveedor de alimentos baratos a otros sectores, con miras a desarrollar una industria sustitutiva de importaciones; este esquema fue abandonado por el mundo civilizado medio siglo atrás. Poner al agro al servicio de una industria que sustituye importaciones es algo realmente muy viejo y que está en el centro de la decadencia argentina, independientemente de los problemas fiscales que después se le agregaron”, añade.


– Más allá de la voluntad del Gobierno, ¿eso se debe al poder de lobby de un sector de la industria o a la falta de poder de lobby de los representantes agropecuarios?

– Creo que es la suma de las tres cosas, pero si tuviésemos que hacer un ranking de responsables de por qué la Argentina ha hecho un giro a la prehistoria en materia conceptual, el primer término lo ocupa el Gobierno, que ideológicamente es muy parecido al primer peronismo, que considera al sector agropecuario como una oligarquía a la cual hay que expropiarle la renta de la tierra. Hace 50 años esto se hizo con el IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio; ver recuadro) y hoy con las retenciones y las restricciones a las exportaciones. En segundo lugar está el poder de lobby de la industria que sustituye importaciones, que en la Argentina es extraordinario. Uno observa, por ejemplo, a sectores como el textil, que no existen en términos de generación de empleo y de valor agregado, pero que aún así lograron cláusulas especiales que los protegen en el ámbito del Mercosur.


– ¿Y eso cómo es posible?

– Por el poder de lobby, que no sólo es influencia y tocar timbres. Y en tercer lugar, el lobby del sector agropecuario, que no es bueno. En este país, donde la ideología básica del último siglo es proteccionista, estatista y clientelista, el sector agropecuario debe tomar conciencia de ello. En alguna conferencia que he dado en el interior, decía a los productores que no comprendía cómo ellos no estaban haciendo diez veces más lobby que la industria, que tiene reintegros y menores retenciones, mientras que el agro tiene más retenciones y no tiene reintegros. Me dijeron que estaban luchando para que se pavimentaran los caminos, para que haya un mejor acceso a los puertos. Los representantes del sector tendrían que estar peleando por revertir esa concepción ideológica que está en el centro de nuestra decadencia, que es poner al agro al servicio del desarrollo de una industria sustitutiva de importaciones. Ése es el centro del problema: poner al sector eficiente al servicio del menos eficiente o del ineficiente. Este es el aspecto más crítico.


– Detrás de esa concepción habría otra razón: que esta política es necesaria para solucionar el problema de la pobreza.

– La Argentina terminó siendo un país pobre porque estuvo 100 años haciendo cosas de país pobre: perjudicar a los sectores pagadores de impuestos; tener un gasto público altísimo y corrupto; cerrarse al comercio; destruir la educación; no tener reglas de juego claras. Entonces, el problema de la pobreza es de índole intelectual o cultural. Estamos haciendo todo lo que han hecho los países que terminaron en la pobreza; ése es el motivo de la pobreza. Ahora, que se piense en combatir la pobreza en el corto plazo está muy bien, pero hacerlo bajando los precios de los alimentos es estar reincidiendo en aquello que generó la pobreza estructural en la Argentina, que es poner al sector eficiente al servicio del menos eficiente.


– ¿Cuáles cree que son las variables que pueden llegar a hacer que el actual esquema económico se salga de curso?

– Lo que en general ha terminado con los modelos económicos es el elevado y persistente déficit fiscal; todavía eso no se avizora, aunque existe un deterioro fiscal importante. En 2004 la Argentina tuvo, incluyendo Nación + provincias, y después del pago de intereses, un superávit fiscal de 3,7% del PBI; nuestro pronóstico para este año se ubica en 1,5%. O sea que se perdió un punto de superávit fiscal por año en los últimos dos años. Entonces, en la parte fiscal esto implica una pequeña luz amarilla y me preocupa pensar qué sucederá en 2007, que es un año electoral. Existen argumentos que indican que esos dos puntos de superávit se perdieron a causa de la construcción de poder que necesitó hacer (el presidente Néstor) Kirchner. Pero en 2007, donde se juega la reelección, la pregunta es: ¿cuánto va a costar eso, si en los últimos dos años costó dos puntos de superávit?

– El factor fiscal es el más crítico, entonces…

– Así es, pero habría un segundo factor, que es que la Argentina, inexorablemente, va a tener tasas de crecimiento declinantes a partir de 2006, porque lo que está haciendo se da de patadas con lo que se necesita para crecer al 8-9% anual durante muchos años. Nuestro pronóstico de crecimiento del PBI para 2007 es de 6%, pero en algún momento hacia adelante tiende al 3%. Habrá que ver cómo reaccionará el gobernante en el año en el cual la economía se estacione en un crecimiento del orden del 3%. Si quiere seguir creciendo al 8-9%, puede forzar mucho las cosas y causar problemas porque el único país en el mundo que creció al 9% anual durante un cuarto de siglo fue China. Y esto ocurrió porque viene de una pobreza franciscana y porque ahorra alrededor de 50 puntos del PBI.


– Suponiendo que en 2007 haya una continuidad del presente Gobierno y que se agrave el problema fiscal, ¿cómo puede impactar en la macroeconomía y en las empresas?

– Ya llevamos dos años consecutivos de deterioro fiscal importante: un punto del producto por año. No quiero aparecer ahora pronosticando que la Argentina va hacia un déficit fiscal. De ninguna manera. Simplemente creo que es interesante, a esta altura del partido, empezar a hacer hipótesis. ¿Qué pasa si esa tendencia termina poniendo la situación en deficitaria? La primera reacción del Gobierno, claramente, va a ser subir impuestos y no bajar el gasto. Este Gobierno no va a ser el que baje el gasto público, porque es el mismo que lo puso en un nivel que es récord histórico. ¿Y a qué sectores le van a subir impuestos? Júntese eso con la ideología proteccionista y está claro a quién le van a poner más impuestos: al campo y, eventualmente, al sector financiero. Habrá que ver cómo reacciona la economía; si responde con una desaceleración fuerte del PBI o no. Es más: a lo mejor mucho antes de entrar en déficit, previendo la tendencia, el Gobierno comienza a subir impuestos. No descartaría que en 2008 tengamos una reforma impositiva que termine incrementando la presión fiscal, que en la actualidad ya está en un nivel que es récord histórico.


– ¿Récord en qué horizonte de tiempo?

– Desde que hay estadísticas confiables; desde 1960 al menos; en los últimos 45 años la Argentina nunca registró una presión impositiva como la vigente en la actualidad.


– O sea que no habría mucho margen para aumentar impuestos en ese escenario hipotético de deterioro fiscal…

– No hay margen para aumentar impuestos sin generar costos en términos de actividad económica. Es necesario tener claro que en la Argentina hoy la presión impositiva es equivalente a 30 puntos del PBI, pero hay que considerar que la evasión es del orden de un tercio; por ende, esos 30 puntos del producto lo están pagando los dos tercios que están en blanco. Si se ajustan los 30 puntos por los que realmente los pagan, se observa que el sector en blanco paga el equivalente a 45 puntos del producto. Y este nivel está cinco puntos arriba del promedio del G-7, por ejemplo. En la Argentina, la cantidad de impuestos que paga el sector que está en blanco es extraordinaria.


– ¿Espera que la inflación atrasada se sincere en algún momento, especialmente en el sector energético?

– No creo que haya una crisis energética que haga colapsar el crecimiento. Estimo que vamos a ir tendiendo a una desaceleración del crecimiento que va a desacelerar también la demanda de energía; no veo que se corte el crecimiento por una crisis de energía. Esto no tiene nada que ver con avalar lo que ha hecho el Gobierno con la negociación de los contratos con las empresas de servicios públicos privatizadas. Si el Gobierno quería meter al Estado de nuevo en el tema, tendría que haberlo planteado de frente, en lugar de tener los contratos defaulteados durante cinco años, llevar a que las empresas no invirtieran y después decirles: Ustedes no invirtieron, entonces las estatizo o las entrego a otro. La Argentina ha hecho algo indecente con las privatizadas, aunque en algunos casos se hizo una privatización de tipo monopólica, pero ese es otro tema.


– Pero en algún momento deberá llegar el sinceramiento de los costos energéticos…

– No veo una crisis energética. Creo que el Gobierno va a seguir usando gasto público a lo loco para seguir subsidiando los precios de la energía, y el día que la Argentina no tenga más superávit para financiarlo habrá un aumento de tarifas que será de dos o tres veces los niveles actuales; pero eso no se ve en el corto plazo.

Tampoco estimo que por eso vayamos a desembocar en un Rodrigazo. Mi opinión es que deberíamos haber respetado los contratos con las privatizadas para promover la inversión en el sector energético. Pero no se hizo. En parte por eso la Argentina es un país impresentable en el mundo. Por ahora, el Gobierno tiene recursos fiscales para seguir subsidiando y estimo que estará dispuesto a subir impuestos para seguir subsidiando el día que no tenga más superávit fiscal; y en el medio va a ir estatizando todo lo que pueda.

Uno puede decir: Aún con empresas estatales, en algún momento será necesario ajustar tarifas. A partir de ese momento podremos tener una inflación del 20% anual por un período prolongado, pero no se ve ese escenario en el corto plazo.