Iguales pero diferentes

El pasado martes 13 de diciembre, el Ministro de finanzas brasileño, Antonio Palocci, anunció que el Gobierno de su país cancelará anticipadamente la totalidad de la deuda con el FMI por u$s 15.500 millones. Dos días más tarde, el Presidente argentino, Néstor Kirchner, hizo lo propio durante una reunión en Casa Rosada (gobierno), donde el anuncio de la cancelación por u$s 9.810 millones fue interrumpido en diversas ocasiones por los aplausos y vítores de los presentes.

Más allá de que las autoridades de ambos países destacaron que la operación implicará una mejora financiera debido al ahorro de intereses (u$s 900 millones sobre el total de la deuda en el caso de Brasil y u$s 842 millones en Argentina), la razón fundamental es, sin duda, de índole política. Las malas administraciones que la mayoría de los países latinoamericanos tuvieron en las últimas décadas fueron asociadas por gran parte de la opinión pública (a menudo equivocadamente) al cumplimiento estricto de las recomendaciones del FMI. En la actualidad, tanto Brasil como Argentina se encuentran en una situación política especial. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, envuelto en un escándalo de corrupción y con un año poco venturoso para la economía, irá en busca de su segundo mandato en octubre de 2006, de modo que “liberarse de la tutela del Fondo” le dará un margen más amplio de discrecionalidad para encarar la contienda electoral. En tanto que su par argentino, luego de la victoria en las elecciones legislativas de octubre no ha dejado de profundizar su tendencia hacia la izquierda, proceso que terminó por consolidarse con la salida del Ministro Lavagna de la cartera de Economía y que le permitió tomar el control de la misma.

En segundo lugar, vale destacar que lo extraordinario de los anuncios se halla en que la deuda se cancelará, en ambos países, dos años antes de lo estipulado. Es una cuestión cuantitativa y no cualitativa. Si tenemos en cuenta que el objetivo central para el cual fue fundado el FMI es asistir a los países que atraviesan severas crisis en sus balanzas de pagos y actuar como un auténtico prestamista de última instancia, no debería sorprender que los Estados que hicieron uso de la misma en épocas de vacas flacas empiecen a repagar a medida que su situación económica lo vaya permitiendo. De hecho, la mayoría de los países que durante la última década se convirtieron en deudores del organismo, terminaron por cancelar la totalidad de su deuda en un período promedio de 5 años. Este fue el caso de México luego del Tequila, Rusia y muchos países del Sudeste Asiático. Visto de esta manera y considerando que el grueso de los desembolsos hacia Argentina y Brasil se dio en 2001 y 2002 respectivamente, entonces el “timing” de la cancelación no difiere mucho del promedio.

La principal diferencia radica en que tanto Brasil como Argentina se están anticipando al cronograma de vencimientos. Sin embargo, ese cronograma fue prolongado mediante la postergación (especialmente en 2003) de muchos vencimientos y con el objetivo de acumular reservas internacionales, que ahora se utilizarán para la cancelación.

Hasta aquí la situación de los principales socios del Mercosur es, en mayor o menor medida, poco novedasa.. Sin embargo, las consecuencias que ésta operación tendrá en ambos países será distinta.

A diferencia de lo sucedido en Argentina, dónde la corrida financiera en 2001 fue superior a u$s 10.000 millones, Brasil recibió la asistencia del Fondo sólo para evitar el efecto contagio. No obstante, éste nunca se dio, al menos en la magnitud que en Washington temían por aquel entonces. Argentina usó la ayuda del Fondo (algo más de u$s 10.000 millones) para evitar la pérdida total de sus reservas internacionales, que llegaron a un mínimo de u$s 9.110 millones en agosto de 2002, mientras que Brasil pudo mantener un nivel promedio de alrededor de u$s 36.500 millones durante el mismo período. Hacia fines de 2005, Argentina ya había triplicado sus reservas para alcanzar un nivel de u$s 28.000 millones mientras que Brasil las incrementó hasta llevarlas a una cifra cercana a u$s 67.000 millones. Es decir que Argentina, al pagarle al Fondo, pierde el 35% de sus reservas y Brasil sólo el 23%.

Además, uno de los indicadores que los economistas suelen mirar, sobre todo en los países con antecedentes de cajas de conversión o tipo de cambio fijo, es el respaldo que tiene la base monetaria (billetes en circulación) en divisas internacionales. Antes del pago, Argentina y Brasil tenían un respaldado de 150% y 190% respectivamente, que disminuye a 100% y 145% luego de la operación. La situación es más delicada en Argentina no sólo por este indicador objetivo sino porque su historia económica, marcada por experiencias hiperinflacionarias e innumerables devaluaciones de su moneda, hizo que el respaldo en dólares sea el único motivo que la sociedad tiene para confiar en el peso.

Por último, hay que recordar que en Brasil la decisión se tomó en el marco de un acuerdo con el organismo y que en Argentina se la anunció poco tiempo después de que el Presidente Kirchner, en su discurso inaugural como anfitrión de la IV Cumbre de las Américas, acusara directamente al FMI como uno de los principales responsables de las desgracias que los argentinos sufrieron en los últimos años.