La situación económica mejoró, pero surgen las preguntas ¿vamos bien? y ¿Hacia dónde vamos?

Hay superávit fiscal, pero el gasto crece más que la recaudación; para mantener alto el dólar, el Banco Central emite muchos pesos y se endeuda para retirarlos de circulación; en tanto, el empleo crece menos que el producto bruto interno

La Argentina es un auto que no termina de arrancar y necesita varios ajustes de tuerca para poder correr con las economías desarrolladas. A grandes rasgos, eso es lo que dice la mayoría de los analistas cuando se les pregunta si el país está yendo por el camino correcto. LA NACION consultó a siete economistas y todos coinciden en señalar que no se están creando las condiciones para desembocar en una situación similar a la de los noventa.

Pero muchos advierten sobre un “agotamiento” del modelo que si no se modifica perpetuará la desaceleración de la economía, el decrecimiento del superávit fiscal primario y el retraso de las inversiones, que están a la vista en las mediciones oficiales y privadas (la economía creció 8% en el primer trimestre frente al 11,3% del mismo período del año anterior; el superávit acumulado a abril llega a 6512 millones de pesos y, al analizarlo en términos del PBI, cayó del pico del 4% en noviembre de 2004 a un 3,2% en mayo; la inversión interna bruta fija creció 13,9% en el primer trimestre y cayó en comparación con la expansión del 50% registrada en 2004).

En materia de superávit fiscal primario, la meta del 3,2% del PBI del Gobierno es “suficiente” para la mayoría de los economistas, pero hay que cuidarla de un gasto que crece constantemente. Luciano Laspina, director de MacroVisión Consultora, subraya que el gasto primario está creciendo a mayor velocidad que la recaudación tributaria y pronostica que el superávit primario “aterrizará cerca del 3,5% del PBI este año, comparado con el 3,9% de 2004”. Para el economista, como para muchos de sus colegas, conviene tener presente, entre otros factores, que la Argentina necesita “un piso de superávit primario del 3% para reducir su enorme endeudamiento, y que la carga de impuestos distorsivos es altísima (casi 4% del PBI)”.

Manuel Solanet dice que “el superávit se está sosteniendo, pero es cada vez más precario”. Considera que el mantenimiento de las retenciones se hace cada vez más difícil en la medida en que los “altos márgenes originados en la devaluación se están erosionando. La creciente presión salarial en el sector público y el retraso de las jubilaciones hacen ver que se aproxima la hora en que deberán aumentarse. Mientras tanto no hay nada previsto para enfrentar estas circunstancias". Laspina y Solanet no son los únicos que al hablar de superávit hacen referencia a una "fuerte" presión impositiva y a la necesidad de alivianarla para facilitar, entre otras cosas, las inversiones. Aldo Abram, de la consultora Exante, destaca que "el Gobierno está malgastando los recursos en vez de hacer una reforma impositiva con el superávit. Va a superar las metas que se está pautando cada vez con menor diferencia y no está aprovechando para hacer la reforma".

Para Abram, las políticas de "tipo de cambio alto con un estado como motor del crecimiento, no harán estallar al país como en los 70 y los 80 porque se controlan las políticas fiscales y monetaria. Pero no vamos a ir al desarrollo porque se deciden ganadores y perdedores a dedo y no se fomentan las grandes inversiones. El año que viene las tasas de crecimiento van a ser muy moderadas y seguiremos en el conjunto latinoamericano".

En tanto, Nadin Argañaraz, presidente del Ieral, de Fundación Mediterránea, destaca que de mantenerse la caída del superávit "dejaría cada vez menos margen para realizar reformas como la tributaria". Si el año electoral incentiva una evolución más expansiva del gasto, agrega el economista, "sólo habría alguna posibilidad de cerrar el financiamiento si hacemos un trato este año con el Fondo Monetario Internacional". Para Eduardo Curia, el superávit "todavía viene funcionando bien", pero después de las elecciones hay que "reafirmar el criterio de disciplina fiscal porque si no el esquema explota".

Según el economista, el "modelo competitivo productivo ya dio todo lo que podía dar: hay algo de inercia de la reactivación y la cosa va funcionando pero hay que adecuar las pautas antes de mediados de 2006. Es necesario contar con una política salarial que siga la productividad y actualizar el tipo de cambio".

Más optimista es Javier González Fraga, para quien la situación fiscal "sigue siendo muy sólida". El economista destaca que "tenemos menos gasto en relación al PBI que todos los países desarrollados cuando tenían el ritmo de crecimiento del país". Pero no deja de mencionar que siempre hay posibilidades de mejorar la "calidad" del gasto. Y afirma sin dudar que "esta situación es la verdadera reforma estructural que permitirá la continuidad para que las reformas sectoriales vayan concretándose, y no existe ninguna razón económica para pronosticar una crisis en el horizonte mediato".


José Luis Espert, en tanto, entiende que si el país "mantiene el superávit en 4 puntos del PBI hay grandes posibilidades de que se rompa la tendencia del último medio siglo en la que país no creció". De acuerdo con el economista, "más allá de la política fiscal y el tipo de cambio realista, el resto está todo mal y el país no va a conseguir recuperar las 40 posiciones que perdió en el ranking mundial. Hay una excesiva presión fiscal, una política socialista-stalinista de locos con la que el Gobierno es hacedor de rentabilidades de sectoriales y un regreso a la autoarquía comercial".

Para los consultados, el actual nivel de superávit permite ir reduciendo gradualmente una deuda pública de US$ 126.000 millones, que resulta "elevada", pero no "riesgosa" en el corto plazo. Argañaraz la define como una "pesada carga" y afirma que el país debería proponerse llegar a una relación deuda/PBI razonable en el largo plazo, "para lo cual necesita que en todos los períodos dicha relación vaya disminuyendo. Para eso hace falta realizar pagos netos cada año y, por supuesto, que el PBI crezca".


Espert es un tanto más directo y dice que la Argentina quedó "recontra" endeudada más allá del canje porque "el colapso fue más fuerte que la quita".
Y Solanet advierte que "será necesario refinanciar pagos o bien colocar nueva deuda a tasas de interés más altas".

Eduardo Curia considera que es importante continuar con la política de desendeudamiento actual y Abram agrega que "con el canje pateamos la deuda para adelante y vamos a tener problemas con los que quedaron afuera. Hoy es menos riesgosa que la de Brasil pero la van a pagar nuestros nietos". En tanto, Laspina cree que "con bancos y AFJP participando activamente en el financiamiento y si se logra un acuerdo con el FMI la situación financiera será relativamente holgada".

Para González Fraga, "la deuda sigue siendo más elevada de lo aconsejable" pero es "pagable" y proporcionada. Al respecto, destaca que "al haber pesificado una parte, disminuye el riesgo de incumplimiento en el futuro".


Inflación e incertidumbre

Al analizar en detalle la política del Banco Central abundan los elogios y los reparos. Espert y González Fraga la consideran acertada y el resto de los expertos sostiene que "ha sido acertada", pero que tendrá que cambiar. Laspina explica que el BCRA tomó nota que se "terminaron los tiempos en que podían perseguirse simultáneamente los objetivos cambiario e inflacionario con costos nulos". La intervención cambiaria y la necesidad de esterilización están creando varios problemas, entre ellos, un "escenario de tasas de interés en ascenso" y una expansión de las notas del BCRA con "costos cuasi fiscales que comienzan a preocupar".

Aldo Abram considera que la autoridad monetaria debería priorizar el cumplimiento de las metas de inflación por él fijada y dejar al Gobierno que consiga los pesos necesarios para sostener el tipo de cambio. "Si no cumplimos con la meta de inflación lo que vamos a tener es incertidumbre", afirma. Manuel Solanet dice que lo "lógico" sería dejar flotar el dólar y compensar su eventual caída con la reducción de las retenciones pero esto destruiría el superávit fiscal.

"Está claro -admite- que no se pueden lograr diversos objetivos a la vez y que hay que avanzar sobre reformas de fondo. Hay quehacer una reforma del régimen de coparticipación federal de impuestos y una reforma administrativa conjunta con la modernización del Estado. Se trata de mejorar la eficiencia y la calidad del gasto público y reducir el costo del Estado sobre la economía". Por su parte, Curia considera que "ahora el Central está bárbaro, pero después de las elecciones hay que ir por más, es decir, que hay que estar pensando en una suave actualización del tipo de cambio porque el 2,90 ya huele a una especie de neo convertibilidad".

Argañaraz considera que una "política adecuada para no alentar la inflación por emisión monetaria o desplazar la inversión privada, sería aumentar la pauta de superávit primario. Y concluye: "Hoy existen condiciones necesarias pero no suficientes para crecer. Es vital la generación de condiciones genuinas y sostenibles para exportar, invertir, aumentar la productividad del capital y los salarios reales".

Lejos de los noventa

Las políticas económicas que se siguen hoy en día son “diametralmente opuestas” a las que se siguieron la década pasada, de acuerdo con los especialistas. José Luis Espert explica que “la Argentina es dinámica y antes estalló por el endeudamiento externo del fisco, cosa que hoy se está controlando”.

Por su parte, Javier González Fraga destaca que “de ninguna manera la situación actual se parece a los noventa ni a ninguna otra experiencia estabilizadora de los últimos 40 años. Esta es la primera vez que en el tercer año de un ciclo de crecimiento no hay atraso cambiario, ni tasas de interés reales muy positivas, ni déficit fiscal”. En tanto, Nadin Argañaraz, añade que “esta vez durante el tercer año de recuperación se cuenta con un importante superávit fiscal y con un tipo de cambio real todavía competitivo, que aún permite contar con un excedente comercial”. Y Luciano Laspina añade: “El escenario actual es opuesto al que desembocó en la crisis. La resistencia macroeconómica a shocks es mayor, porque la vulnerabilidad fiscal, financiera y externa es menor. Además, el ancla política del modelo –es decir, la gobernabilidad– es hoy superior a la existente en 2001”.