Categórico rechazo de la oposición al boicot

El sorpresivo y virulento llamado del presidente Néstor Kirchner a un "boicot nacional" contra la empresa petrolera Shell, seguido por manifestaciones de grupos piqueteros que atacaron sedes de la empresa en Buenos Aires, fue duramente cuestionado por referentes de la oposición al Gobierno y economistas.

Representantes de distintos partidos advirtieron sobre la "instigación a la violencia" y el "deterioro de la imagen del país" que representan las declaraciones del Presidente, que se extendieron durante los dos últimos días. "Es obvio que la sociedad tiene que resistir los aumentos, pero lo que hay hoy es un Presidente que instiga a la violencia y eso es muy peligroso porque uno sabe cuándo empieza y no cuándo termina" señaló a LA NACION la líder de ARI, Elisa Carrió.

La ex diputada criticó que Kirchner haya atacado a la petrolera "en un acto escolar vergonzoso, donde se les dan guardapolvos a los chicos, un derecho ciudadano. Lo que sí sabemos es que ya tenemos las consecuencias: hoy puede ser Shell, mañana puede ser el periodismo o la oposición o cualquiera".

Según el diputado Horacio Pernasetti (UCR-Catamarca) "es inapropiado que el Presidente llame al boicot y haga referencia por el nombre a determinadas empresas cuando el Estado tiene herramientas para controlar los precios".

Para el diputado macrista Federico Pinedo (CPC-Capital), "la declaración del Presidente contra Shell es un atentado contra la posibilidad de crear trabajo en el país", y advirtió que "si estas declaraciones y protestas derivan en la compra de Shell por parte de Pdvsa y Hugo Chávez haremos una denuncia penal contra el Presidente".

Patricia Bullrich (líder de Unión por Todos) cuestionó las manifestaciones piqueteras contra Shell. "La responsabilidad la debe de ejercer cada ciudadano en libertad, pero esto no puede llevar a que un grupo de oficialistas salgan a imponerse por sobre los demás con métodos patoteriles", afirmó.

Una de las pocas voces que defendió al Presidente fue la del diputado Miguel Bonasso (PRD-Capital), para quien la decisión de Shell de aumentar el precio de los combustibles "es una maniobra digitada para contrarrestar distintas políticas del Gobierno en defensa de la industria nacional, los capitales locales y la autonomía que se debe tener para que toda Nación marque su propio destino", elogió.

Entre los economistas, el ex presidente del Banco Central y uno de los defensores de la devaluación de 2002, Javier González Fraga, consideró que el boicot a Shell "es una anécdota que se olvidará en pocos días" y que perjudica más a los expendedores de combustible que a la petrolera, pero advirtió que constituye "la punta del iceberg" que encubre "un proceso inflacionario" en marcha. Una de las causas de este rebrote, según González Fraga, radica en que la Argentina "es el único país en el mundo que no revaluó" su moneda frente a la creciente debilidad del dólar.

"Estamos con la obsesión del tres a uno", lamentó este economista que recibió varios ofrecimientos para sumarse a este gobierno. De todos modos, justificó la reacción del Gobierno frente a la petrolera: "Tiene derecho a reaccionar como lo hizo porque la suba de Shell fue apresurada y sin consultar lo suficiente". En cambio, su colega José Luis Espert calificó el boicot de "desatino, especie de rebelión popular de anticonsumo, gesto absolutamente desafortunado".