En eternas negociaciones

Los próximos pasos en la recomposición del cuadro externo de las obligaciones argentinas conducen a los escritorios del Fondo Monetario, al Club de París y, quién sabe, si se produjeran requerimientos imperativos, a imaginar una salida para aquellos que fueron remisos a subirse al vagón del canje.

No fue casualidad que apenas terminado el anuncio del resultado final del canje de la deuda en default, y con el éxito en la valija, el ministro Roberto Lavagna tomara un avión con destino a Washington para reunirse con los directivos del FMI y representantes del gobierno norteamericano. Es que la reestructuración de la deuda argentina tiene distintas etapas y protagonistas. El canje permitió reprogramar la deuda impaga que representa aproximadamente el 50 por ciento del total. El capítulo que sigue se orienta a renegociar la deuda con los organismos financieros internacionales, el Club de Paris y queda la incógnita sobre la suerte de los 24 mil millones de dólares, entre capital e intereses vencidos, de los acreedores que no aceptaron el canje argentino.

En todas partes suele funcionar el doble discurso. En el espinoso tema de la deuda externa, donde siempre están en juego gigantescos negocios financieros, se trabaja sobre dos vías. Una, en lo público, sobreactuando una posición. La otra, en lo privado, buscando el acuerdo para evitar fracasos. El Financial Times tuvo que reconocer el éxito del canje después de haber fustigado por largos meses la propuesta argentina asumiendo su condición de vocero de los bancos y fondos de inversión.

Ahora lanzó una alerta al decir que el caso argentino sentó un precedente peligroso. “Reescribió las reglas de juego en las finanzas de los mercados emergentes”, publicó.

En realidad, las reglas se rompieron sucesivamente con las crisis ocurridas por una globalización con fórceps. Los “tsunami” financieros que impactaron en México, Asia, Rusia, Brasil y Argentina, en menos de una década, no hicieron más que poner en terapia intensiva a un sistema supuestamente controlado por los organismos financieros internacionales y la banca mundial pero que, en esencia, se comportó con la lógica de la ruleta: arriesgar, apostar fuerte para obtener ganancias desmedidas siempre con el riesgo de perder, que fue lo que sucedió.


Tratativas claves

¿Cuál es la salida a esta crisis mundial? No se sabe con certeza porque, sencillamente, no hay antecedentes.

Por lo tanto, el caso argentino es seguido y estudiado con atención, está construyendo en los hechos una solución posible a un problema nuevo que no solo afecta a los países de la periferia mundial sino que también a los más desarrollados, aunque con distintas consecuencias.

En este contexto, la Argentina no impuso condiciones sino una receta viable que, finalmente, terminó siendo aceptada. Y para ello contó con el respaldo implícito del FMI, que aceptó el año pasado suspender el acuerdo con la Argentina hasta la salida del default apartándose de toda la negociación, y del gobierno de los Estados Unidos que garantizó la prescindencia del Fondo a pesar de que muchos países, como Italia, Alemania y Japón, querían una estrategia más dura.

Pero la Argentina también flexibilizó su inicial intransigencia. Modificó la propuesta original lanzada en septiembre de 2003 en Dubai. De la quita del 75 por ciento se pasó a menos del 60 por ciento. El superávit propuesto del 3 por ciento para pagar deuda varió al 3,9 por ciento con la inclusión de las provincias, cuando el Fondo pedía el 4 por ciento. Y al menú se agregó pagar más en función de un mayor crecimiento de la economía.

Así como la Argentina declaró en forma unilateral el default en 2001, ahora hizo lo mismo con su fin. Pero no alcanza. Se necesita que del otro lado del mostrador también se diga en forma explícita que el país terminó con la cesación de pagos. Por eso es clave que se formalice la negociación con el FMI. Sería, de hecho, la aceptación por parte del sistema financiero del fin del default. Por lo menos así lo entenderían los mercados.

La Argentina tiene vencimiento de capital con el FMI por 15 mil millones de dólares en los próximos tres años. Por eso es central lograr extender los plazos para no ahogar la recuperación económica y el éxito del canje.

¿Cómo se deben encarar ahora las nuevas negociaciones con el Fondo? ¿Hay que insistir con las posiciones inflexibles que dieron resultado con el canje? ¿Qué hacer con los 24 mil millones que quedaron afuera? Visto los buenos resultados obtenidos hasta ahora con la estrategia del gobierno, unos prefieren seguir manejando el tema con mano dura. Otros, en cambio, creen que desde la posición de fortaleza que ha conseguido la Argentina, ha llegado el tiempo de negociar.


A favor y en contra

“Como dijo Mao Tse Tung, la larga marcha empieza por el primer paso. Y el primer planteo de la Argentina es el que está emitiendo el Presidente en el sentido de que habiendo tenido un éxito palmario con el canje, y hay que hacerlo valer. Para empezar la hablar, la posición argentina debe partir de que no hay reválida, hay que internarse con una posición fuerte en el debate de toda a agenda con el FMI que tiene como ejes la coparticipación, las privatizadas y los vencimientos con el organismo. Pero antes que todo, hay que hacer valer el éxito del canje”, opinó el economista Eduardo Curia.

En la misma sintonía se expresó el ex presidente del Banco Central, Javier González Fraga. “Creo que hay que ponerse muy firme con los que no entraron al canje. Y los que no entraron lamentablemente se quedaron afuera. Para mi no hay otra respuesta porque tuvieron su oportunidad y la dejaron pasar. No se puede sentar el precedente de que se puede reabrir el canje”.


En cambio para José Luis Espert, sindicado por Kirchner como uno de los economistas que criticó la propuesta de canje, aunque después Espert aclaró que se había referido a la presentada en Dubai, la Argentina debe llegar a un rápido entendimiento con el Fondo. “Cuanto más generoso sea el arreglo mejor, definiendo generosidad como el grado de refinanciación del vencimiento de capital. La discusión es cuánto de lo que vence nos financian. En la medida en que se pueda la Argentina debería usar la holgura fiscal que hoy tiene para hacer cosas que promuevan el crecimiento sostenido. Me refiero a bajar impuestos sobre todo los distorsivos como el del cheque y las retenciones. Pero no creo que el gobierno lo vaya a hacer.”

Todo lo contrario opinó González Fraga para quien hay que evitar a toda costa las conocidas recetas del FMI como, precisamente, bajar impuestos, subir las tasas de interés para que haya restricción monetaria y apreciar el peso con el objetivo de facilitar la compra de dólares para pagar deuda. “Hay que evitar cualquier medida que debilite fiscalmente al país como reducir las retenciones. A cambio hay que seguir demostrándole al Fondo que lo que está haciendo Argentina es la más sana ortodoxia combinada con una política realista en materia fiscal y monetaria que está dando buenos resultados. Y si hay que tener seis o siete meses con un poco de inflación, habrá que soportarlo”.

¿Cuánto?, se le preguntó. “No hay números mágicos pero si la inflación supera el 10% no pasará nada. Hoy la Argentina está muy curada de procesos inflacionarios, tiene una economía abierta y competitiva con ciertos calentamientos en algunos sectores que se deben curar con más inversión y no con emisión monetaria. Está probado en estos países que el aumento de la tasa de interés no sirve como herramienta antiinflacionaria. En cambio, si funciona el equilibrio fiscal, la apertura y la desregulación. Hay que incentivar la inversión y la producción en los sectores que tienen calentamiento como, fundamentalmente, los commodities industriales. Hay que promover inversiones allí y en infraestructura para evitar cuellos de botella energéticos que son una de las causas de la inflación.”


Claridad del Gobierno

Nuevamente chocan las posiciones entre González Fraga y Espert.
“Si usted le ofrece al Fondo solamente superávit fiscal y una política monetaria prudente, cosa que ya tenemos sin necesidad de un pacto con el organismo, no hay seguridad de que se obtenga un nuevo acuerdo. Cuando uno va a pedir algo hay que dar algo. Y no creo que el Fondo le pida solamente eso. Esto es una negociación. Si hacemos todo lo que quiere el FMI seguramente nos refinanciarán el ciento por ciento de los vencimientos de capital. Pero si no hacemos nada seguiremos cancelando deuda como hasta ahora. De todas maneras no es grande pero como es muy corta es estresante. No creo que sea conveniente pagarla como está simplemente porque es una sangría muy grande de recursos para el país.”

Para Curia también el gobierno debería llegar a algún tipo de acuerdo con el Fondo y el Grupo de los 7 para cerrar el problema de la deuda pero “sin que tenga demasiado costo para la Argentina”. Y volvió sobre el valor político que tiene el éxito del canje. “Lo que el país no puede dejar se hacer hoy es hacer valer el resultado del canje. El FMI pidió un 80 por ciento de aceptación y se llegó a casi ese valor. Así que bien podemos ir con el deber cumplido y sentarnos a negociar desde otro lugar”.

No será menor la sangría para el país de la que hacía referencia Espert si mañana se llegan a sumar a la deuda pública los 24 mil millones de dólares de los que no aceptaron el canje. El gobierno es claro en su posición. Hasta ahora la desconoce, no tienen lugar en los asientos contables. De todas maneras, el problema está presente y ahora se lo han planteado a Lavagna los funcionarios del Fondo y el subsecretario de Tesoro de los Estados Unidos, John Tylor. “Si tomamos el valor del mercado esos bonos valen entre 4 mil y 5 mil millones de dólares. Ese es el problema real. Creo que la posición del gobierno es decir que tuvieron la oportunidad y la dejaron pasar, la perdieron. Dijeron de todo contra la Argentina y se equivocaron. El que tomó una posición tan mal fundamentada sufre una pérdida adicional. Yo, de ninguna manera, abriría el canje al que protestó como lo hicieron los italianos, que en este aspecto trataron al país como irresponsable. No le daría la oportunidad de poder sumarse a lo que ellos llamaron como un acto inaceptable. Les haría sentir el costo del error de la decisión política que tomaron”, agregó González Fraga.


“El mal ejemplo”

También Curia es partidario de tener una posición dura con los que rechazaron el canje. Considera que no hay mucho que discutir con quienes encabezaron la oposición a la Argentina. “Tuvieron miradas oblicuas, hicieron presiones y pusieron trabas para que no se pudiera concretar el canje. Por eso hay que hacer valer el resultado obtenido”.

La cuestión es que el Fondo ha puesto el problema en la agenda con la Argentina y por más que se niegue su existencia estará presente en cada encuentro.


En este tema Espert es pragmático y va contra la corriente dominante en el gobierno. Está convencido que hay que darle una solución definitiva. “Creo que Argentina debería bajar la cantidad de gente que está al margen del canje. Hay que reabrirlo con las mismas condiciones. Y después ver qué porcentaje aún queda afuera.”

Es válido preguntarse si los acreedores que no aceptaron el canje tendrán suficiente fuerza para que el Fondo termine imponiendo una solución a la Argentina que ha demostrado éxito en su estrategia.


Espert agrega que los acreedores están en una posición de absoluta debilidad porque no hay quien cuide sus intereses como en el pasado lo hacía el FMI, hoy más prescindente. “Si no hay un guardián de los acreedores y existe un país muy endeudado como la Argentina entonces éste tiene un poder enorme, impone sus condiciones y transforma en inútiles a todos los juzgados. Esta es una primera lección”. En otras palabras, el mal ejemplo del que habla el Financial Times.


Quedará por saber si en los tiempos por venir se avanzará también en las corresponsabilidades del sistema financiero internacional de los endeudamientos de las últimas dos décadas y las crisis en la que sumieron a países subdesarrollados, y sin capacidad de pago.