Bajo la superficie

Detrás de los laberintos estadísticos, la economia estadounidense está más fuerte de lo que los números oficiales indican. La inflación en EEUU no es, en realidad, mayor que los valores de la medición oficial y, probablemente, las perspectivas sobre el empleo sean mejores que las que surgen de los últimos informes del Departamento de Trabajo.

Con relación al empleo, la mala noticia de corto plazo es que su nivel aumentó sólo en 96.000 puestos en septiembre. Pero el panorama no es tan oscuro como aparente. Esa baja creación de empleo implica que la productividad está creciendo rápidamente, lo cual explica por qué el fuerte aumento de los costos energéticos no ha tenido crerelato en la inflación.

La otra buena noticia es que las últimas revisiones muestran que las proyecciones sobre los niveles de empleo tendrán que ser corregidas hacia arriba hasta un nivel de 236.000 puestos. No sería la primera vez. Analizando los datos de empleo de la última década, la diferencia entre los datos preliminares y las revisiones posteriores sobre los niveles de empleo puede ser enorme. Lo interesante es que los valores preliminares subestiman los valores de empleo cuando la economía está en expansión. En el período 1992-2000 las revisiones se hicieron siempre hacia arriba con un valor promedio anual de 609.000 puestos. Sólo en 1993 el total de empleos fue revisado desde 1,6 millón a 2,7 millones. La conclusión es obvia: la economía de EE.UU. está generando nuevamente más puestos laborales que los previstos en los primeros informes del Departamento de Trabajo.

¿Qué sucede con la inflación?. Algunos analistas de mucho prestigio en EEUU afirman que los niveles de inflación están al menos un punto porcentual por encima de los valores oficiales y el problema surge de errores en la corrección del índice de precios al consumidor (CPI). ¿Por qué? El gobierno asume mejoras en la calidad de un producto como caídas de precios, o al menos como una compensación por el aumento en el precio previsto del producto. Actualmente no menos del 46 % de la canasta de bienes que se usan para estimar el CPI, está sujeto a cambios de precios que surgen de la calidad que derivaba del producto, los llamados ajustes “hedónicos”. De hecho, como se trata de bienes tales como DVD, equipos de audio, lavadoras, heladeras, etc. la calidad varía constantemente.

Amparados en esas cuestiones estadísticas, los pesimistas sostienen que la inflación es mayor, el crecimiento menor y las ganancias de productividad menores que las que el resto de los analistas han previsto siguiendo los números del gobierno. ¿Es así? A principios de los 90, se creía que el alza en los precios representarían una dificultad para las compañías estadounidenses producto de la explosión de la competencia por el fin de la Guerra Fría. Entonces, para aumentar sus beneficios, las empresas debían reducir costos y aumentar la productividad. Después de todo, la productividad en los sectores no agrícolas en Estados Unidos, creció sólo un 1,5% anual promedio en el período 1974-1995 y la tecnología tampoco estaba ayudando a mejorar la situación. Los economistas estaban totalmente anonadados con esta paupérrima performance (“Productivity Paradox”) que sólo se transformó en “Productivity Miracle” cuando la tasa de crecimiento saltó a 2,9% anual promedio entre 1996 y 2000.

Otros interpretaron este salto sólo como un mito, debido a que, al ajustar por el ciclo, el milagro de la productividad se concentraba virtualmente en el sector tecnológico con ningún impacto significativo sobre el resto de los sectores. Las críticas a esta supuesta mejora en la productividad abarcaron desde fallas en la medición de los precios de las computadoras, cuya calidad y características cambian rápidamente, hasta la omisión de horas trabajadas en los cálculos de producto per cápita.

Todos coinciden en que la productividad es difícil de definir y de medir, por lo que las distintas perspectivas pueden bien coexistir. De todos modos, al final del día lo único que interesa es cuánto dinero “vuelve a casa”. Esa es la razón por la que la productividad es importante, en tanto determina el stándard de vida, el poder adquisitivo. Lo cierto es que los salarios reales y por trabajador en Estados Unidos han aumentado a lo largo de los ´90 a una velocidad récord, después de estancarse junto con la productividad desde mediados de los ´60. Esto confirma una recuperación en la productividad que ha tenido lugar en más sectores que los que los escépticos estiman. Esta evidencia coloca en negro sobre blanco el hecho de que las compañías estaban usando tecnología para reducir y aumentar su productividad.

El Departamento de Comercio sostiene en el artículo “Survey of Current Business” que podría ser cierto que los datos oficiales continúan subestimando el impacto de las innovaciones de alta tecnología sobre el crecimiento económico al hacer uso de la metodología de “ajuste hedónico”. De hecho, hubo sectores con alto consumo de nuevas tecnologías de información (TI), como educación y servicios financieros, donde el producto se midió con técnicas que no implican ningún cambio en la productividad. La conclusión del artículo es que el PBI real deberá ser corregido hacia arriba sustancialmente, al menos si el 20 % de sus componentes se miden de forma tal que se refleje el impacto de las TI y la productividad. Y eso significa que la inflación debería ser aún menor que la que surge de los números oficiales.