Las equivocaciones de Kirchner al negociar (*)

Serán las reminiscencias que todavía nos quedan del gaucho chúcaro, bravo y difícil de domar, pero el Gobierno se maneja con cánones excesivamente vetustos para relacionarse con el mundo civilizado además de sobreactuaciones varias y gatopardismos frecuentes.

Kirchner confunde negociar con cara de malo o patotear a negociar bien para el país. Se equivocó en setiembre de 2003 cuando entró en default con el FMI por un día, volvió a errar hace algunas semanas cuando en vísperas de la aprobación de la segunda revisión del acuerdo amenazó con otro default y equivocó el camino de nuevo al no haber ajustado las tarifas de los servicios públicos.


El FMI

El FMI es el segundo responsable de que Argentina haya pasado por la peor crisis de su historia (los primeros somos nosotros) por haber puesto de ejemplo al mundo un plan como la convertibilidad que combinaba tres cosas técnicamente explosivas: endeudamiento externo, atraso cambiario y dolarización de la economía. Más aún, todavía muestra falencias conceptuales enormes al poner énfasis sólo en el resultado fiscal con despreocupación total sobre las alícuotas impositivas formales salvajes y distorsivas que pagan los que producen en Argentina y al no darle importancia alguna a la enorme apertura de la economía que nuestro país necesita para crecer sostenidamente.

Pero una cosa distinta es la absurda escenificación que el gobierno hace de sus discusiones con el FMI. En setiembre de 2003 llevó al país a permanecer en default con el Fondo por 24 horas con la excusa de que sus demandas no eran atendidas para el cierre de un acuerdo Stand-By por tres años. Cuando más tarde, el gobierno enfrentaba a las cámaras de televisión en solemne conferencia de prensa para anunciar el entendimiento con el FMI, decía que en la letra de la Carta de Intención se habían tenido en cuenta todas las demandas argentinas por lo que consideraba que el acuerdo era 99% argentino.

Pues bien, ese acuerdo “99% argentino” le impuso a nuestro país que cada vez que hay un vencimiento de capital con el FMI Argentina primero paga y después viene la devolución de los dólares sí y sólo sí el Directorio Ejecutivo del FMI aprueba el acuerdo o la revisión en cuestión. De lo contrario, teóricamente deberíamos usar reservas y pagar para respetar uno de los pocos contratos que todavía la conectan con el mundo civilizado.

Más aún, en el documento elaborado por el staff del FMI que está detrás de la carta de intención, dice que con países que son grandes deudores del FMI como Argentina, frente a los cuales el organismo está muy expuesto, no sólo de ahora sino desde hace mucho tiempo y que además se animan a defaultearle, es importante establecer los incentivos adecuados. Por eso en el acuerdo la Argentina tuvo que aceptar el “desenganche” del reembolso por parte del FMI de los pagos que previamente tenemos que hacer (quedando condicionado a la aprobación de las revisiones) justamente para que el gobierno argentino tenga la presión para cumplir las metas comprometidas.

Pero como el Presidente no se banca las consecuencias de haberse puesto demasiado duro cuando negociaba la carta de intención el año pasado, cada vez que se acerca un vencimiento grande anda pidiendo que desde Washington se le envíe una señal fuerte y explícita de que le van rembolsar para decidirse a pagar el vencimiento que corresponde y así vienen las histerias de si se cae el acuerdo o si se paga con reservas o no. Nada de esto ocurriría si se negociara con la cabeza y no con el corazón fogoso de reminiscencias setentistas que pretenden mostrar al FMI como el único causante de nuestras desgracias (en parte lo es sin ninguna duda) aprovechando, egoístamente, una coyuntura ideológica sumamente propicia para fortalecerse políticamente.


La deuda externa

Durante los ´80 el FMI por estatuto no podía prestarle a los países que estaban en atrasos con sus acreedores privados. Esto cambió durante los ´90. Países en default tuvieron programas con el Fondo con la condición de que negociaran de “buena fe” con sus acreedores, o sea, mantenerlo cerca, conversar con él, intercambiar ideas, explorar caminos alternativos, etc. Por eso, en el acuerdo firmado en setiembre del año pasado, Argentina prometía tener cerrada la reestructuración de la deuda externa en junio próximo luego de 9 meses de negociaciones.

Sin embargo, durante los primeros 6 meses que siguieron a la firma de la carta de intención, a lo único que se dedicó el gobierno, en vez de negociar de buena fe, consistió en: i) verduguear a los acreedores y al FMI por haber apoyado la convertibilidad; ii) presentar una ridícula propuesta de reestructuración cuya consecuencias fueron no poder armar el sindicato de bancos durante casi 6 meses, que el G7 votara dividido la aprobación de la primera revisión del programa y someter al país al escarnio de inhibiciones de casi todos los inmuebles públicos en los EE.UU y iii) preguntarle al mundo, en una clara actitud de tomarle el pelo bien a lo argentino canchero “¿cuál es el significado de buena fe para negociar con los acreedores?”

Con motivo de la aprobación de la segunda revisión y de la redacción de la carta de intención respectiva, la respuesta del FMI a tan “ingenua” pregunta vino con toda claridad y algo más: i) se mantuvo la fecha original de junio con la posibilidad de que sólo se extienda 2 meses más, hasta agosto; ii) se le impuso al gobierno con todo detalle, paso a paso, lo que debe hacer en adelante para acordar con los acreedores y iii) respecto de la famosa “inamovilidad” del 3% de superávit fiscal, medio como tratándonos de tontos, el Fondo hizo una reproducción exacta (el famoso “copiar y pegar” o copy and paste) de lo que Argentina había firmado en setiembre de 2003 recordándonos que el superávit en los próximos años del acuerdo (2005-2006) seguiría la tendencia iniciada en 2002 (y reforzada en 2003 y 2004) que fue claramente ascendente. Más aún cuando por esperar tanto tiempo para cerrar con los acreedores externos “haciendo fulbito para la tribuna” el superávit primario ya será este año de casi 4,5% del PIB. Nuevamente el país perdió por negociar dilatando.

Porque si terminamos 2004 con un superávit fiscal 50% en términos reales superior al programado originalmente, jamás lograremos cerrar el acuerdo con los acreedores externos con 3% de superávit fiscal y mucho menos imponiendo la pavada del gobierno de que hacia adelante el 3% podría ser menor dependiendo de indicadores sociales que no paran de mejorar según las propias cifras oficiales.


Las Tarifas

Si bien fue correcta la decisión de eliminar el Estado empresario, en general, las privatizaciones en Argentina fueron mal hechas porque garantizaron monopolios injustificados, tarifas en dólares extravagantes y los entes reguladores no controlaron nada. Pero el gobierno de Kirchner con su teoría capitalista “re-re” (revisionista y revanchista) contra los ´90 se equivocó al usar a las tarifas de los servicios públicos como un instrumento para redistribuir ingresos al pesificarlas a 1 a 1 y no hacer ningún ajuste desde la devaluación.

Así es que Argentina se está quedando sin energía y ¿cómo responde? Como no podía ser de otra manera en los tiempos del “modelo productivo”: rompiendo otra vez (luego de la deuda externa) contratos firmados con el mundo. Ahora cortándole el suministro de gas a dos países del Mercosur (paradójicamente el gran proyecto regional de todo político populista latinoamericano) como Chile y Uruguay, importando gas desde Bolivia bajo juramente de que no le exportaremos ni un metro cúbico a su enemigo chileno y comprándole electricidad a Brasil en momentos en que el gobierno de Kirchner, asesorado por la inefable UIA, está cada vez más preocupado por el déficit comercial con el principal socio del Mercosur. O sea, las viejas, decadentes y gastadas ideas de que la exportación es buena sólo si se venden saldos y de que la importación es mala si sustituye producción nacional. Nuevamente Kirchner negociando mal.

El Ministro de Economía, Roberto Lavagna, en oportunidad de recibir el premio “limón” de manos de los periodistas acreditados en el ministerio de Economía en “mérito” a su arrolladora simpatía para atenderlos (aunque es justo reconocer que por lo menos es un ser humano a diferencia de otros habitantes de Hacienda) dijo que si él era merecedor de semejante premio cítrico, otros recibirían de sus propias manos el premio “salame”. Debería tener cuidado, a ver si pierde su empleo.

(*) Artículo Publicado en Ambito Financiero el día 30/03/04, Página 14