La inflación reaparece pero está bajo control

Precios. Los economistas aseguran que los indicadores se duplicarán respecto del año pasado. Aseguran que el fenómeno no retraerá el consumo

Representantes de los consumidores alertan sobre una escalada inflacionaria. Economistas hablan de un efecto pobreza pero dicen que pese a eso la gente seguirá consumiendo

Los precios comenzaron a moverse y todo indica que la inflación duplicará este año los niveles de 2003. Pero lo que en otros tiempos inspiraba "pánico" hoy se convirtió en una variable controlable para el gobierno y razonable para los economistas. En el medio, los consumidores no parecen alarmados y según los analistas no dejarán de comprar, tan sólo podrán retocar sus patrones de comportamiento si los salarios siguen retrasados. ¿La razón?: existe una generalizada sensación de que la incertidumbre está despejada, pese a que los números y los problemas que aún faltan resolver no aportan la certeza de que la crisis se superó completamente.

Aunque el gobierno fijó las pautas inflacionarias en el presupuesto en el rango del 7 al 11 por ciento, desde el Banco Central (BCRA) prevén que se ubicará en el 4,6 por ciento para 2004. Los economistas fluctúan sus proyecciones entre el 6 y 8 por ciento. En todos los casos, no lo ven como un fenómeno preocupante. Sucede que aunque los números duplican la indexación de precios del año pasado, éstos se verán minimizados por los niveles de crecimiento que experimentará la economía en ese período, al cual ubican entre el 8 y 10 por ciento.


"La economía está volando, está creciendo al 10 por ciento", dijo el economista José Luis Espert, quien indicó que con estos números y "la gran liquidez del mercado", algún deslizamiento de precios puede haber.

Sin embargo, "no veo nada fuera de control", dijo el titular del grupo consultor que lleva su nombre, aún con el incremento de tarifas que aún está pendiente y comprometida en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El economista arriesgó sus propios números para este año. "La proyección anual de inflación que hicimos para 2004 fue del 6,4%, esto representan 2,7 puntos por arriba de la del año pasado que fue del 3,7%", dijo.


En rigor, la idea de que la inflación cuanto menos se duplicará parte de la propia autoridad monetaria, aunque sus números son más austeros.

Esta semana el titular del BCRA, Adolfo Prat Gay se reunió con economistas y empresarios y explicó que "la actual inflación anualizada es del 2,3%, y el salto en la medición a doce meses llegaría a 4,5/5%, incluidos los movimientos de tarifas".

Muy escépticos, algunos economistas que participaron del encuentro salieron a cuestionar los efectos que puede tener sobre la reactivación medidas de contención inflacionaria. Muy rápido de reflejos Prat Gay expresó: "si se debe pagar un punto más de inflación para evitar que la recuperación se frene, prefiero hacerlo".

De todos modos, despejó cualquier tipo de incertidumbre en torno a las últimas subas de precios como carne, cigarrillos y ciertos servicios privados como la medicina prepaga, entre otros.

"No hay evidencias de que se trata de incrementos permanentes", dijo el titular del BCRA.

Para la investigadora de la Universidad Austral, Ana Navarro de Gimbatti, el repunte inflacionario es un hecho este año. "Todo indica que el sector de precios mayoristas -cuya medición anualizada da 1,3%- tiene bastantes motivos para subir bastante más", dijo la economista y desmenuzó en detalle los indicadores.

Por caso, explicó en el segmento de precios mayoristas hay dos componentes importantes que marcan su evolución. Por un lado los productos primarios (agropecuarios, petróleo, minerales no metálicos) que subieron 1,7% en febrero respecto de enero de este año; y los manufacturados que crecieron 1,2% en el mismo período.

En el primer caso "tenemos subas importantes en petróleo y en el rubro de minerales no metálicos", dijo Navarro de Gimbatti.

Mientras que en manufacturados, "los rubros que crecieron más fueron maquinaria y equipos y aparatos eléctricos", también textiles y automotores.

A su juicio, el comportamiento de los subrubros da indicios de que los indicadores crecerán este año.

Uno de los ítmes del indicador mayorista son los productos primarios y dentro de ellos los commodities agrícolas y los energéticos. En este sentido, hay que observar que "el precio de la soja y los commodities en general parecen haber entrado en un nivel de crecimiento", dijo la economista rosarina. Es más, "el precio del poroto de soja estaría llegando a los más altos en 24 años y pareciera haber motivos adicionales para que pase ese pico, fundamentalmente por el recorte en las cosechas de Estados Unidos, Brasil y también Argentina, y una demanda sostenida en Asia".

Por otra parte, aclaró que "hay otros precios como la carne de exportación, que también probablemente tengan aumentos en la medida que la situación interna de la Argentina vaya mejorando y alejemos el fantasma de la aftosa", agregó la economista de la Austral, aunque "en realidd, el precio de Argentina es relativmente más bajo y tiene aún recorrido hacia arriba".

Además, "el tema del petróleo está estable en alza desde la guerra de Irak. Desde allí siguió ascendiendo, por lo tanto, hay otro elemento a considerar como un aumento de precios que va a incidir en el precio minorista también, igual que los commodities", explicó Navarro de Gimbatti.

En cuanto al subrubro de maquinarias y equipos eléctricos indicó que se trata de "sectores industriales que experimentan aumentos de costos por los insumos, como por ejemplo los metales y las tarifas de energía que van aumentar o los incrementos salariales que deben afrontar.


El impacto del campo

El sector agropecuario recién comenzó a despertar la atención de los economistas tras el espectacular desarrollo del complejo sojero pero aún no merece el mismo tratamiento para las mediciones estadísticas oficiales.

El analista agropecuario Fernando Botta, indicó que si bien los aumentos de productos de consumo como el que experimentaron los cigarrillos, carne o tarifas son indicios de un avance inflacionario, "el boom del campo generó inflación en áreas donde el Indec mide poco", dijo o tal vez "la incidencia de estos productos marca una variación limitada".

Pero, por otra parte, apuntó otro dato que podría ayudar a impulsar el nivel de precios tanto el segmento mayorista como minorista. Se trata de la capacidad operativa de las empresas. "Mientras la Argentina crecía no había presión sobre los precios porque las empresas estaban tratando de cubrir su capacidad ociosa -especialmente en el año 2002-, pero ahora éstas lograron cubrirla casi en un 80%, con lo cual si el panorama para invertir no se aclara y siga creciendo la demanda, mayor presión inflacionaria habrá", dijo Botta.


Los números chicos

El índice de precios minoristas (IPC) tiene tres componentes que definen su comportamiento: servicios privados (23,4% del IPC); alimentos y bebidas (26%) y servicios públicos, que representan el resto.

Servicios privados: "Van a ir aumentando en la medida que la demanda vaya creciendo, ésta se centra fundamentalmente en los sectores de ingresos altos y medios altos, donde hubo una recomposición importante porque la devaluación los favoreció", dijo Navarro de Gimbatti. Con lo cual "están dispuestos a pagar precios más altos", aunque también "hay que decir que hasta ahora este segmento no tuvo alza de precios muy importanes (subió casi la mitad del IPC)". La especialista hizo refencia así a sectores como medicina prepaga, educación, servicios financieros, entre otros.

Alimentos y bebidas: "Su evolución depende más de los ingresos de clase media baja a baja", dijo la economista, y aclaró que "la noticia favorable es que el crecimiento del empleo que se está dando y del salario tienen como correlato una demanda más fuerte".

De todos modos, aclaró que aunque se trata de uno de los sectores que más subió, también es probable que los precios también tengan un corrimiento al alza porque los valores de los productos no se incrementaron en el mismo porcentaje que el de sus insumos. Por caso, "mientras las galletitas subieron un 50% la harina lo hizo un 180%, entonces, allí hay una presión de costos importante", dijo Navarro de Gimbatti.

Servicios públicos: En este punto habrá que ver en primer lugar qué sucede con las negociaciones pendientes con las empresas concesionarias. Aunque a priori se verán impactados por los precios del petróleo y de las tarifas.


La reacción consumidora

El conjunto de los economistas consultados por La Capital cree que pese a que las pautas inflacionarias duplicarán este año a las de 2003, los consumidores no se retraerán, en todo caso, modificarán su comportamiento de compra de acuerdo a la brecha que le imponga el salario o ingreso.

Aquí no sólo opera una cuestión fáctica sino que interviene también una serie de factores más subjetivos como las presunciones sobre el rumbo de la economía y las perspectivas a futuro en el plano económico y laboral.

Para el economista titular de Ieral Fundación Mediterránea de Rosario, Tulio Ceconi, "mientras no exista -como hoy no existe- la presencia bancaria que permite la creación de dinero y amplifica la incidencia de las expectativas de la gente sobre la economía; no haya aumentos de sueldos públicos y los precios suban, se producirá una disminución en el ingreso real de la población".

Este fenómeno, tiene como correlato "una disminución de la demanda", dijo Ceconi, quien explicó que se da "el efecto riqueza a la inversa".

Esto es, "somos más pobres porque los precios aumentan, el salario no y entonces el poder adquisitivo es menor". Frente a eso, "lo primero que se tiende es a sustituir un producto por otro más barato", dijo Ceconi o incluso reducir la frecuencia de ciertos gastos.

Este comportamiento se convirtió en una actitud muy típica de los argentinos acostumbrados a un estándar de vida que le aportó los primeros años del uno a uno. Para Botta, se trata más de un comportamiento cultural que conciente sobre las posibilidades reales en la relación ingreso/gasto.

"Si uno sigue de cerca la historia argentina de los últimos años ve que el consumidor no tiende a retraerse fácilmente y sobre todo en esta etapa donde más de uno cree que la crisis está superada", dijo el analista.

Para Navarro de Gimbatti, el efecto confianza es decisivo en este punto, pero no se trata sólo de expectativas sino de cifras reales.

Así la economista explicó que "en 2002 a los argentinos le pegaron un recorte enorme en el nivel de riqueza por la devaluación de los activos, lo que provocó una retracción del consumo por el efecto pobreza".

A su juicio, en 2004 "no se incautó nada, el dólar está quieto, se percibe más empleo, los medios hablan de una recuperación económica", con lo cual "la percepción de la gente es de menor pobreza, lo que incide positivamente en el consumo", concluyó.


"No veo contracción, la economía está muy líquida, sigue creando empleo", confesó Espert y aunque existe algún tipo de diferencias en cuanto a los niveles de ingresos, "la marea que va hacia arriba es tan fuerte en cuanto a demanda doméstica que no hay mucha heterogeneidad", precisó.