Tras cuatro años de recesión, la economía creció un 8,4%

La recuperación de 2003 superó las expectativas y fue la mayor de la última década

La mayor alza interanual se registró en diciembre, con 10,9 por ciento

Pese al incremento, la actividad aún se ubica en niveles inferiores a los que tenía en 1996, tras el efecto tequila

La economía logró cortar la racha negativa de los últimos cuatro años y cerró 2003 con una suba del 8,4 por ciento en el producto bruto interno (PBI).

El incremento, que superó a las últimas estimaciones oficiales que pronosticaban un alza cercana al 8 por ciento, constituye el mayor incremento registrado por la economía desde que en 1993 se cambió la base para hacer las mediciones sobre el nivel de actividad.

"Pensábamos que el crecimiento iba a ser del 8 por ciento, pero la cifra final dio 8,4 por ciento; ésta es una de las cifras más grandes de aumento del producto que la Argentina ha dado en los últimos años", se entusiasmó ayer el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que también destacó que "las inversiones extranjeras directas han empezado a llegar desde mediados del año pasado y están dándose en diversos sectores de la economía; eso es lo que nos hace pensar en la sustentabilidad que tiene este programa".

La evolución del PBI se desprende del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), que ayer dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Este indicador -que proyecta con bastante precisión el comportamiento del producto bruto que se informa trimestralmente- registró en diciembre un alza del 10,9 por ciento, lo que representa el mayor incremento del año, junto con el alcanzado en septiembre pasado.

Pese a los datos positivos del año, la economía igualmente no logró recuperar aún ni la mitad del terreno perdido desde que se inició el proceso recesivo, a mediados de 1998.

Si bien el incremento de la actividad fue levemente superior al registrado en 1997, todavía el nivel se encuentra por debajo del que tenía en 1996 -cuando el país se estaba recuperando de la crisis provocada por el efecto tequila- y sigue muy lejos de las marcas alcanzadas en 1998. Ese año había sido, precisamente, el último en el que la economía registró un incremento en su actividad, con un alza del 3,9 por ciento. A partir de ese momento, la actividad entró en caída libre, con una baja del 3,4 por ciento en 1999; 0,8% en 2000; 4,4% en 2001, y 10,9 en 2002.


Efecto arrastre

Los analistas no dudaron en destacar que el crecimiento superó las expectativas no sólo del Gobierno, sino también de la mayoría de los pronósticos privados.

"El crecimiento es fuertísimo", dijo María Castiglioni, analista del estudio Orlando Ferreres y Asociados. La economista además señaló que el incremento de 2003 implica un arrastre estadístico que asegura como mínimo una suba del 4 por ciento para este año.

Según el estudio Orlando Ferreres, este año se espera una expansión económica del 6,5 por ciento. "Estamos viendo que va a haber más crecimiento los primeros meses y después lo vemos un poco más lento porque los factores que dinamizan ahora la economía -como los altos precios de los granos- ya no van a ser tan positivos", vaticinó Castiglioni.

El economista Luis Secco coincidió en que las perspectivas para lo que resta del año siguen siendo positivas, pero condicionó la evolución de la economía a las decisiones que tome el Gobierno.

"De acá en más, el avance de la economía va a estar muy condicionado a que el Gobierno deje de postergar la toma de decisiones que tiene que abordar", señaló el economista.

"Si las autoridades siguen con esta política de postergar los temas fundamentales, es posible que hacia el tercer o cuarto trimestre del año se produzca una fuerte desaceleración en el crecimiento de la economía", advirtió Secco.


Por su parte, José Luis Espert -que también pronostica una suba importante de la economía para 2004, del orden del 7 por ciento- alertó que con estas tasas de crecimiento al Gobierno le resultará prácticamente imposible mantener su postura de no negociar una quita menor en la deuda con los acreedores privados.

"Mantener una postura inflexible es incongruente con los niveles del crecimiento que viene registrando el país. Al fin y al cabo es como intentar tapar el sol con las manos", razonó el economista.