¿Botín de Guerra?

Dueño de opiniones fuertes y sin media tintas, Espert analizó el mediano plazo de la economía argentina y encendió luces rojas para el sector, el cual de todos modos mantiene desde hace unos meses un elevado grado de alerta ante el aumento indiscriminado de la voracidad fiscal. Aquí publicamos sus definiciones más destacadas.

-Poco podemos esperar mientras el populismo siga discutiendo modelitos de redistribución de ingresos, o mientras la derecha con poder de lobby continúe reclamando atraso cambiario para reactivar en base al consumo y repetir el modelito de morondanga de Martínez de Hoz o de la convertibilidad.

-Ambos fracasaron. La Argentina necesita un cambio de negro a blanco para lograr crecimiento sostenido por medio de las exportaciones. Que no quepa duda, si no hacemos esto seguiremos siendo pobres.

-La deuda externa nacional al concluir 2002 resultó similar a la registra a fines de 2001, es decir u$s 150.000 millones. Esto es así porque la pesificación asimétrica obligó al Gobierno a compensar los bancos con un un superfestival de bonos. Pero el producto bruto interno, que en 2001 era de alrededor de u$s 270.000 millones, ahora se redujo a poco más de u$s 100.000 millones. En buen romance, la deuda pública pasó de 50 a 150 puntos del PBI en un solo año.

-Si de aquí en adelante la sociedad argentina tuviera que pagar el nivel actual de deuda pública sin ninguna quita de capital e intereses, el Gobierno tendría que aplicar un brutal paquete extraordinario de impuestos y el gran perjudicado por todo esto sería seguramente el campo.

-En nuestro país lamentablemente se ha instalado una concepción ideológica absurda y enferma. Se trata del discurso de la redistribución, que señala que los ganadores de la caída del modelo de convertibilidad deben aportar para compensar a los perdedores. Esto transforma al sector agropecuario en el potencial botín de guerra de los próximos años.

Cálculos errados

-El presupuesto 2003 cuenta con un aumento proyectado del gasto en pesos nominales del orden del 38% con respecto a 2002. Por otro lado, la inflación estimada en el presupuesto 2003 es del 22 %. Para poder financiar ese incremento del gasto será necesario elevar la presión fiscal. Curiosamente, si hay algo que inexorablemente debe hacerse en la Argentina de hoy es bajar impuestos. Un aumento aceptable del gasto estaría en el orden del 25%.

-Nuestro país va siempre por la vereda opuesta a lo sensato. Durante la década de los ’90, cuando Estados Unidos ganaba productividad de una manera impresionante y por lo tanto el valor del dólar se fortalecía, nosotros estábamos atados a esta moneda. De 2002 en adelante, cuando necesitamos imperiosamente reducir la carga impositiva para genera un crecimiento sostenible, nos encontramos con un Ejecutivo que, como consecuencia de la enorme cantidad de compromisos que ha acumulado, puede llegar a generar un presión tributaria creciente. Esto podría modificarse si el próximo Gobierno reduce el gasto público, lo cual no parece demasiado probable.

-Las retenciones a las exportaciones son una aberración, una herramienta que se introdujo en la política económica argentina hace ya por lo menos unos 60 años como un impuesto "progresista", con la pretensión de sacarle parte de la renta al campo para dársela a los pobres de "alpargatas sí, libros no".
-Lamentablemente, la sociedad en la que vivimos compró el buzón de que esto debe ser así, y en el contexto actual el tufillo redistributivo ha cobrado nuevos bríos. Lo cierto es que las retenciones debería ser eliminadas porque constituyen claramente un impuesto distorsivo, aunque esto parece poco probable en el corto plazo.
-El Gobierno llegó a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que establece un superávit fiscal primario de 2.5% para el año 2003. En el caso que quiera cumplir con esa pauta, entonces tendrá que haber un paquetazo impositivo durante 2004, porque los números de la economía no dan para cumplir con ese nivel de superávit.

Proyecciones

-Aunque el Gobierno que asuma el poder en 2003 sea el mejor del mundo, estimo que de todos modos no se le hará nada fácil sacar al país de la situación en que se encuentra. Y el punto es que mucha gente está harta de tolerar problemas económicos. La destrucción de puestos de trabajo no cesó y se han producido además bajas nominales de salarios en un contexto de elevada inflación.
-Estimo que en el segundo semestre de 2003 podremos encontrarnos con el problema de que el nuevo Gobierno, por más capacitado que sea, no va a poder cumplir con las expectativas de muchos, lo cual incrementaría la tentación de volver a aumentar impuestos.

-De todas maneras, estoy sumamente más preocupado por el largo plazo que por el corto. Visualizo que 2003 será un año complicado, pero no necesariamente explosivo. La cuestión de fondo es que la Argentina no tiene futuro si no pone en marcha tres cambios decisivos. El primero de ellos exige que se vaya todos y vuelva muy pocos, solamente los que cuentan con condiciones meritocráticas. El segundo implica una profunda reforma educativa, la mayo parte de nuestra sociedad tiene un decreciente nivel de instrucción, y por desgracia, piensa con los pies en lugar de con la cabeza.
-El tercer requisito es claro y concreto: empezar a imitar, en materia económica, lo que hacen los países exitosos; no es necesario inventar nada porque los ejemplos están disponibles. Tal el caso de Chile, una nación que con meritocracia política, educación y apertura económica, logró incrementar su producto bruto interno en un 130 % en los últimos 20 años. El de la Argentina, en es mismo período, declinó 7%.

Muy Riesgoso

Una de las decisiones más polémicas del ministro Lavagna, fuertemente cuestionada por las entidades del campo, se refiere al criterio que se utilizará para determinar ganancias en el impuesto pertinente. Espert es concluyente en ese tema. " Si no introduce un mecanismo de ajuste por inflación en el tributo a las Ganancias se caerá en una verdadera locura.¿Cómo puede aumentarse la presión impositiva forma de manera estrafalaria en la peor crisis de toda la historia argentina? ¿Quién va a pagar impuesto por ganancias ficticias? Muy probablemente nadie. Y el FMI también está equivocado si pretende un nivel de crecimiento del orden del 2.5% porque es demasiado elevado".

De los bancos y banqueros

La crisis bancaria desatada en diciembre de 2001 generó oportunamente la polémica en torno al temperamento adoptado por el gobierno de la Alianza. "Considero que es correcto preservar a las entidades bancarias, pero esto no significa preservar a los mismos banqueros que fundieron a sus bancos y a sus ahorristas. En la Argentina debería haberse permitido el libre juego de la oferta y la demanda. Esto equivale a haber dicho en su momento: banco que no puede devolver los depósitos banco que tiene que caerse, tal como sucedió en Uruguay. Desde luego todos sabemos que no es este el camino que se tomó en el país, y conocemos sus consecuencias", asevera Espert.