Comandante Lavagna

Los medios financieros del mundo lo acusan de "chantajear" con éxito al FMI y al Grupo de los 7, juntos. Una suerte de nuevo Che. El ministro intenta sacar partido del malentendido.

Chantajista. Extorsionador. Especulador. Maquiavélico. Mal ejemplo. Todo esto, y mucho más, han dicho sobre Roberto
Lavaban (60) los principales medios financieros del mundo en
los últimos meses. Como si tratara de una reencarnación financiera del Che Guevara, o un émulo edulcorado del mismísimo Fidel Castro, al ministro lo señalan hoy en el mundo como un enemigo declarado de los mercados internacionales.
UN enfajinado de la economía tercermundista que se animó a poner entre la espada y la pared a los ingenuos liberales del mundo, a caballo de un hereje discurso productivista.

¿Alguien puede creer que Lavagna, cual Fidel de la economía, puede inquietar a los grandes centros financieros en donde se juegan los destinos del mundo?¿Hay argumentos serios para sostener que el ministro es un duro al que hay temer?¿O los medios internacionales, como ha pasado más de una vez con otros países emergentes, hablan de la crisis argentina sin elementos suficientes? ¿Puede un ministro de Economía de un país anémico y descascarado extorsionar al Grupo de los Siete, que integran los presidentes de las naciones más poderosas dela Tierra?¿O estos medios defienden los intereses de los acreedores internacionales privados, que no quieren ni quita ni período de gracia para cobrar? Las respuestas parecen obvias, y la ironía, inevitable.


Bien o mal, pero que hablen.

Lavagna disfruta de las crítica que le hacen estos medios.
El objetivo del ministro es modesto, chiquito: pretende convencer al frente interno- el político, sobre todo de que lo critican duramente porque le temen.
De esta manera, cree, fortalece su figura en medio de la decisiva etapa electoral que vive el justicialismo.
Se entusiasma con la hipótesis de máxima, la que le "venden" los operadores duhaldistas, que lo impulsan como vice potable de Nestor Kirchner (56), sin más argumento político que el hipotético puñado de votos que arrimaría la buena imagen del ministro. También bajara una hipótesis de mínima: seguir siento ministro de Economía de una futura gestión kirchnerista, sin descuidar los contactos con el ahora desinflado Rodríguez Saá.

El ministro, sin embargo, prefirió no correr más riesgos en la última semana cedión a la presión externa, pagando con reservas los 998 millones de dólares que le adeudaba el FMI, 801 millones al Banco Mundial y otros 799 millones al BID. Fueron casi 2.600 millones de dólares que enflaquecieron las anémicas reservas del Banco Central. Lavagna puede reirse con lo de "duro", pero no mastica vidrio.


¿Lobbistas o miopes?

No es sencillo entender por qué "The Economist", "Financial Times"o "The Wall Street Journal", plagados de periodistas- estrella asistidos por ejércitos de analistas financieros, han errado tanto a la hora de predecir el desenlace de la crisis argentina:

-"The Economist": en junio del año pasado, cuando la confianza interna seguía sin recuperarse pero lo pero parecía haber quedado atrás, el semanario ingles escribió que "la crisis argentina es hoy peor que enero". Apenas se acordó de palabra con el FMI, en enero descargó artillería pesada. "Es un mal acuerdo, firmado en el momento equivocado y por razones equivocadas. Es una capitulación ante la presión argentina".

-"Financial Times": en julio del 2002 informó que "los pronósticos sobre la evolución de la economía argentina han empeorado". Fue a partir del segundo semestre, justamente, cuando la economía argentina comenzó a mostrar algunos signos de vida. Apenas se conoció el acuerdo sentenció: "Argentina chantajeó al Grupo de los Siete y al FMI, ya ambos sucumbieron ante este chantaje".

-"The Wall Street Journal": "Argentina chantajeó al Fondo y encima, no hizo ninguna de las reformas exigidas."

Los economistas locales disienten entre sí a la hora de analizar la posible "extorsión" de la Argentina.
"Los que ahora se rasgan las vestiduras hablando de una supuesta extorsión no abrieron la boca en los noventa, cuando le prestaban plata a un país insolvente", señala José Luis Espert.
Su colega Carlos Arbía, del estudio Exante, cree que quien chantajeó "fue el Fondo, que apretó al país para que devaluara". Y defiende a Lavagna: "Fue prudente, no dilapidó las reservas y destruyó los mitos de que el país iba a una híper segura y que no se podía reactivar sin acuerdo con el FMI".

Abel Viglione, sin embargo, elogia al ministro: "Tiene sangre fría increíble y nervios de acero. No cualquiera le dice al BID que no le va a pagar, veinticuatro horas antes de firmar acuerdo con el Fondo".

Jugar con Fuego-

El ministro es ambicioso, tiene fantasías políticas y está convencido de que tiene carisma. Pero no es zonzo. Es un técnico avezado que sabe jugar al límite esa especie de "ruleta rusa" que significa mostrar y esconder variables económicas según le convengan. Debería poner la lupa sobre los tema pendientes de su gestión.

-No tiene bajo control el gasto público y todavía no sabe cómo va a hacer para consolidar el superávit fiscal primario.
Estima que el desequilibrio fiscal de este año rondará a los 4000 millones de pesos, con un superávit primario de 14.500 millones (tal cual lo escribió en el Presupuesto 2003).
Las estimaciones privadas dicen otra cosa La Fundación Capital, por caso, pronostica que el déficit anual será de 7.500 millones. La enorme diferencia se explica, principalmente, en las disímiles estimaciones sobre el aumento de la recaudación para el 2003: 50% para el gobierno, 30% para la Fundación Capital.

-No allanó aún el camino para dominar la oferta monetaria (amparos, Cedros, redolarización de los depósitos)

-Está atrasado en la renegociación de la deuda con los acreedores privados.

-Se le desinfló peligrosamente la cotización del dólar que puede jugarle en contra de la recaudación, el déficit fiscal y la gente, si los productos de la canasta no bajan al ritmo de la divisa.

-Quiere "puentear" a la Justicia para reajustar las tarifas de los servicios públicos por decreto, a sabiendas de que anticiparse a la presión de las privatizadas no lo eximirá de un nuevo apremio en el futuro.

-No tiene nada para decir sobre la recuperación del crédito interno, que apenas si comenzaría a reconstituirse en el segundo semestre del año y sólo para algunos sectores.

Demasiados frentes abiertos como para justificar el temor que le tienen los medios internacionales. Y mucho menos para sentirse un ganador.