El peligro de la tentación fiscal

El economista José Luis Espert nació en Pergamino. Sus padres son empresarios agrícolas.
Por lo tanto – a diferencia de buena parte de sus colegas urbanos- algo sabe de la dinámica del negocio agropecuario.

"Mientras el populismo siga discutiendo "modelitos" de redistribución de ingresos- sacarle a los más ricos para darle a los pobres-, estamos fritos. Mientras la derecha con poder de lobby siga pidiendo atraso cambiarios para reactivar en base al consumo y repetir el "modelito" de morondanga de Martinez de Hoz o de la convertibilidad, también estamos fritos", indica el director ejecutivo de Espert Grupo Consultor.

"Ambos modelos fracasaron. La Argentina necesita un cambio de negro a blanco para lograr crecimiento sostenido por medio de las exportaciones. Si no hacemos esto, vamos a seguir siendo bien pobres", añade Espert, para luego expresar los conceptos que pueden leerse a continuación.

-La deuda pública argentina a fines de 2002 va a terminar siendo del orden de los 150.000 millones de dólares: una cifra muy similar a la registrada a fines de 2001. Esto es así porque la pesificación asimétrica obligó al Gobierno a compensar a los bancos con un superfestival de bonos. Pero el PBI, que en 2001 era de alrededor de 270.000 millones de dólares, pasó a ser de unos 100.000 millones de dólares. Conclusión: la deuda pública pasó a representar de 50 a 150 puntos del producto en sólo un año.

-Si del 2003 en adelante la sociedad argentina tuviera que pagar el nivel actual de deuda pública sin ninguna quita de capital e intereses, el Gobierno tendría que aplicar un paquetazo extraordinario de impuestos y el gran perjudicado de esto sería seguramente el campo. La quita de la deuda pública que necesita la Argentina es la contrapartida del impuestazo. En otras palabras: si no se hace una quita extraordinaria, va a haber un impuestazo extraordinario. Yo estoy convencido de que la Argentina necesita una quita muy fuerte, pero una cosa es un juicio de valor personal y otra lo que efectivamente pueda llegar a suceder.

-En la Argentina, lamentablemente, se ha instalado una concepción ideológica absurda y enferma: se trata del discurso de la redistribución, que señala que los ganadores de la caída del modelo de la convertibilidad deben aportar para compensar a los perdedores. Esto transforma al sector agropecuario en el potencial botín de guerra de los próximos años.

-Creo que está bien preservar las entidades bancarias. Pero no está bien preservar a los banqueros que fundieron a sus bancos y a sus ahorristas. En la Argentina debería haberse permitido el libre juego de la oferta y la demanda: banco que no podía devolver los depósitos, banco que tenía que caerse, tal como sucedió en Uruguay.

-El presupuesto 2003 cuenta con un aumento proyectado del gasto en pesos nominales del orden del 38% respecto de 2002. La inflación estimada en el presupuesto para 2003 es del 22%. Para poder financiar ese aumento de gasto será necesario aumentar la presión fiscal y si hay algo que debe hacerse hoy en la Argentina, es precisamente bajar impuestos. Un incremento del gasto aceptable estaría en el orden de 25%.

-La Argentina va siempre contra la corriente de lo sensato. Durante la década del ’90, cuando Estados Unidos ganaba productividad de una manera impresionante y por lo tanto el valor dólar se encarecía, nosotros estábamos atados al dólar. Del 2002 en adelante, cuando tenemos una necesidad atroz de bajar impuesto para generar un crecimiento sostenible, nos encontramos con un Gobierno que, con la cantidad de compromisos que ha acumulado, puede llegar a generar una presión impositiva creciente, salvo que el próximo gobierno reduzca el gasto público, algo que parece poco probable.

-Las retenciones a las exportaciones son una aberración, una herramienta que se introdujo a la política económica argentina- hace por lo menos unos 60 años- como un impuesto "progresista", en el cual la pretensión era sacarle parte de la renta al campo para dárselo a los pobres de alpargatas si, libros no. Lamentablemente, la sociedad de burros en la que vivimos se ha comprado el buzón de que el campo tiene una renta que debe ser quitada en parta para dársela a los pobres. Y en el contexto actual, el tufillo redistributivo es cada vez más fuerte. Pero las retenciones debería ser eliminadas porque se tratan claramente de un impuesto distorsivo, aunque esto parecería poco probable a corto plazo.

-En caso de que el Gobierno firme un acuerdo con el FMI que establezca un superávit primario del 2,5% para el 2003 y se quiera cumplir con esa pauta, entonces tendrá que haber un paquetazo impositivo durante el año que viene, porque los números de la economía no dan para cumplir con ese nivel de superávit.

-Si no se introduce un mecanismo de ajuste por inflación para el impuesto a las Ganancias, sólo puede decirse que el Gobierno está loco. ¿Cómo la presión impositiva formal va a aumentar de manera estrafalaria en la peor crisis de toda la historia argentina? ¿Quién va a pagar impuestos por ganancias ficticias? Lo más probable es que no se le pague nadie. Y el FMI también está equivocado si pide un superávit fiscal primario del 2.5% para el 2003, porque es demasiado elevado.

-Mas allá de que el nuevo Gobierno que asuma en 2003 sea el mejor de todos los posibles, lo cierto es que va a ser difícil sacar al país rápidamente de dónde está y mucha gente está harta de la crisis que está padeciendo. La destrucción de puestos de trabajo no ha cesado y ha habido además bajas de salarios nominales en medio de una inflación muy elevada. Entonces estimo que en el segundo semestre de 2003 podemos encontrarnos con el problema de que el nuevo Gobierno, por más capacitado que sea, no va a poder cumplir con las expectativas de mucha gente. Esto podría incrementar la tentación de aumentar impuestos.

-De todas maneras, estoy mucho más preocupado por el largo plazo que por el corto. Creo que el 2003 va a ser un año complicado pero no necesariamente explosivo. La cuestión aquí es que si la Argentina no hace tres cambios dramáticos, no tiene futuro. El primero: que se vayan todos y que vuelvan muy pocos con condiciones meritocráticas. El segundo: una profunda reforma educativa; la mayor parte de nuestra sociedad tiene bajos niveles de educación y piensan con los pies en lugar de con la cabeza. El tercero: comenzar a imitar en materia económica lo que hacen los países exitosos; no hay que inventar nada porque los ejemplos disponibles. Por ejemplo: el PBI real per capita en Chile- con meritocracia política, educación y apertura económica- creció un 130 % en los últimos 20 años, mientras que el de la Argentina, en ese mismo período, descendió un 7%.

-Hoy es el principal problema de Argentina es que nos acostumbramos a se pobres. En la actualidad, aproximadamente un 50% de la población económicamente activa tiene problemas de empleo; dos tercios son pobres y la gente formada se va del país. Se está armando un típico país latinoamericano. Esa es la principal preocupación de la Argentina para el largo plazo.