El problema es fiscal

La economía esta implorando, en buena medida, porque se ha mentido de manera inescrupulosa respecto de las cuentas públicas. Por eso hay que ser claros: si con déficit cero el Gobierno sigue pidiendo adelantos de impuestos o de desembolsos, el déficit cero es sospechoso.

La caída de la recaudación de julio fue fuete, y hubiera sido más fuerte si no se hubiera incurrido en atrasos en la devolución de IVA a los exportadores. Que el Estado no se endeude es una medida sensata, pero llega tarde.

Durante diez años de convertibilidad explotó la deuda pública y hoy se pretende pasar de un superdéficit de mil millones al mes, al déficit cero sin escalas. Esto será doloroso: el ajuste que hoy es del 13 por ciento, en el cuarto trimestre va a ser del 70 por ciento. Por eso, no es casual que irrumpa en escena el debate sobre la estabilidad monetaria.

Por culpa del gasto descontrolado, la Argentina se ha transformado en un país demasiado caro en dólares. Cavallo, cuyo capital político está jugado a la no devaluación, quizás esté impedido de ser él quien tome la decisión de devaluar.
Pero si continúa la corrida de depósitos se va inevitablemente a una flotación. Es posible, entonces, que proponga una medida monetaria antagónica, la dolarización, como una forma de alejar el fantasma de la devaluación. Aunque en los hechos esto no soluciona el problema de fondo, que es, y seguirá siendo, fiscal.

Sugerir que la dolarización es una medida política para superar la crisis es ignorancia o mala fe. Se anula la posibilidad de devaluar en un contexto en el que la Argentina tiene una distorsión cambiada histórica. Por eso, el cambio de modelo tiene que ser total. En este contexto, no hay medidas aisladas que, por sí solas, puedan funcionar.