Lamentablemente, el deterioro continuará

El Ministro Cavallo está convencido de algo totalmente equivocado. El modelo de los últimos 10 años basado en endeudarnos externamente para financiar aumentos del consumo y la inversión domésticas es totalmente incoherente porque no permite generar las divisas necesarias repagar la deuda externa a través de las exportaciones.

Cuanto más se persista en él, los problemas que nos ha traído este esquema se profundizarán y llegará el momento donde los cambios habrá que hacerlos en un contexto de mucha mayor debilidad de la que ya tenemos hoy.

Si queremos endeudarnos externamente hasta el cuello como lo hicimos en la última década, OK pero entonces seamos consistentes y generemos un set de precios relativos que tengan algo que ver con la necesidad de dar solvencia a la deuda que estamos tomando para financiar el crecimiento. O sea, si la mayor deuda externa va dirigida a financiar la inversión en sectores comerciados para que las exportaciones crezcan está bien.

Pero si financia consumo doméstico a través del gasto público y la inversión en no comerciados (servicios) se genera el "descalce" entre la deuda que estoy tomando y su capacidad de repagarla. De ahí a la crisis y al deterioro permanente hay un sólo paso. En efecto, el ingreso real per cápita de la Argentina es el mismo hoy que hace 7 años, el desempleo es del 15% desde 1995, estamos al borde de la cesación de pagos desde noviembre de 2000 y hace casi 3 años que no crecemos. A confesión de parte relevo de prueba.

El gasto público primario (sin intereses de la deuda pública), dentro de la convertibilidad, creció la enormidad de u$s40.000 millones, igual al aumento de la recaudación de impuestos y el déficit fiscal resultante se financió externamente primero con las privatizaciones de empresas públicas, más tarde con deuda en el mercado voluntario, luego con el blindaje y ahora con las reservas internacionales del BCRA y los encajes bancarios, generó el aumento más grande de nuestros costos en dólares (atraso cambiario) que la Argentina haya conocido en su historia y ya supera en más de 10% al peor momento previo que fue enero de 1981 cuando la "Tablita" de Martínez de Hoz llegaba su fin.

Los defensores de este esquema hablan de que los aumentos de
competitividad llevaron a una compensación del atraso cambiario y que por lo tanto no hay un "desalineamiento" del tipo real de cambio. Falso, mirando la tasa de desempleo que tenemos del 15% desde 1995, sin dudas que el problema de desalineamiento cambiario es enorme.

En cuanto a las ganancias de competitividad, es cierto que la productividad del trabajo en el sector de comerciados creció más que en el de no comerciados, pero lo que nunca se dice es que esto se logró debido a que el primero destruyó empleo como nunca lo hizo en la historia contemporánea, aumentando espectacularmente el stock de capital per cápita respecto del segundo con lo que en realidad, estaban aumentado sus costos respecto del segundo.
Así, que ganancias de competitividad relativas no hubo, sino un aumento en la oferta de los factores de producción (residuos de Solow) en el sector de comerciados respecto de los no comerciados.

Al haberse aumentado tanto al gasto público como la recaudación de impuestos, el déficit fiscal hace rato que tiene los niveles de los últimos años de los ´80 (más de 5% del PBI para el consolidado de Nación, Provincias y Municipios) y ya sabemos que antes de la convertibilidad, Argentina estaba en hiperinflación. Esto no quiere decir que vayamos derecho a una crisis de ese tipo pero sí pretende mostrar que el resultado de nuestro fisco es el de una economía en serios problemas como los que estamos viviendo hoy en día, sin crecimiento, destruyendo empleo, dificultades para pagar su deuda y con un crecimiento potencial seriamente dañado.

Tampoco se pretende decir aquí que con una economía bien abierta con un alto nivel de exportaciones, el ajuste fiscal no sea necesario porque las exportaciones en Argentina son del sector privado y los intereses de la deuda externa son esencialmente del gobierno. El punto aquí es que cuanto más abierta sea la economía, o sea, cuanto más exporte, menos deflacionario es el mismo ajuste fiscal y no como nos pasa ahora que cada impuestazo (que de todas maneras están mal) implica caídas del PIB del 1% anual.

Privatizar está perfecto. Todo aquel que tenga ideas de mercado en su cabeza no puede sino estar de acuerdo con la eliminación del Estado empresario. El problema es que aquí se privatizó con tarifas monopólicas para maximizar el ingreso de las privatizaciones y conseguir todo el financiamiento de la política que fuera posible. Así es que hoy Cavallo no sabe qué hacer con una economía que está en deflación desde 1997 y tienen todos los costos de producción en los servicios públicos indexados con la inflación americana.

Por supuesto que si atraso el tipo de cambio como se ha hecho de manera insólita en los últimos 10 años es imposible que un gobierno pueda introducir mucha apertura de la economía porque los lobbies anticompetitivos pasan a tener (lamentablemente) "la sartén por el mango". Así es que tenemos al Mercosur, verdadero simulacro de apertura hecho a la medida de los intereses corporativos de los que no quieren competir con el resto del mundo y tampoco desean vivir esencialmente de lo que podemos producir y vender fronteras afuera.

Entonces, el modelo de mucho déficit fiscal, atraso cambiario y poca apertura está totalmente agotado. Por ejemplo: las exportaciones, que representaban 6% del PIB a principios de la convertibilidad han crecido 67% en términos reales para situarse hoy en 10% del PIB pero la mitad (2% del PIB) de ese aumento corresponde al comercio administrado con Brasil gracias al Mercosur. Por su parte, los intereses de la deuda externa que eran de 1,5% del PIB en los primeros años de los ´90 han crecido 200% y ya llegan a 4,5% del PIB.

Además, Argentina es el país con los peores indicadores externos del mundo emergente: los intereses representan el 50% de las exportaciones. Brasil, el segundo peor (que ya tuvo su crisis) 30%, Turquía que ya se curó en salud 20% e Indonesia que ya sufrió en 1997 megadevaluaciones, 15%. Esto es importante que lo tengamos en claro para que no nos sorprenda (aunque por cierto que duele mucho) el deterioro tendencial que seguirá experimentando Argentina hasta que estas reglas de juego no cambien por otras en donde el déficit fiscal sea 0, la apertura de la economía muy profunda y el tipo de cambio razonable.

El modelo que hemos descripto de la convertibilidad "a la Argentina", comenzó a entrar en colapso a partir de que la tasa de interés americana dejó de ser 0% en términos reales en 1994. Con un gasto público que se había desbordado en la etapa del ciclo alcista 1991-1993, hubo que sancionar un impuestazo promedio por año desde 1995 hasta hoy, o sea, 7 en 7 años.
Un disparate. Cavallo lo hizo en 1995 cuando fuera Ministro de Economía de Menem. Roque Fernández puso uno en 1996 y otro en 1998. Machinea tuvo los suyos en 1999 y 2000. Finalmente Cavallo lanzó uno apenas asumió y otro el viernes 27 pasado.

Todos ellos no han hecho nada más que profundizar la distancia entre lo que un modelo basado en el endeudamiento externo exige y lo que realmente se estaba haciendo en Argentina. El último impuestazo lanzado por Cavallo (lo analizamos con detalle en el Informe Semanal Nº69 del Martes 01/05/01), profundizará la depresión que lo tiene obsesionado, la recaudación no reaccionará, seguirá en duda la capacidad de repago de la deuda pública de Argentina a lo cual puede agregarse un escenario político complicado porque no queda claro hasta cuándo la Alianza se seguirá tragando el "sapo" llamado Cavallo sin que ésta se agriete y desdibuje más todavía.

En el muy corto plazo, Argentina no está luchando ni por el "investment grade", ni por el crecimiento económico (la recesión del 2001 será como mínimo del 1%) sino sólo por evitar el drama de la cesación de pagos y una devaluación descontrolada. Para ello es mucho mejor una baja muy fuerte del gasto público que un impuestazo.

Es cierto que ambas profundizan en el corto plazo la recesión, pero bajar el gasto público es mucho mejor porque no mata a la "gallina de los huevos de oro" que es el sector privado, cosa que sí hace el nuevo impuestazo cuando además es el cuarto en 16 meses de gobierno de De la Rúa y el segundo en poco más de un mes desde que Cavallo asumiera como Ministro de Economía.