Vienen tiempos muy difíciles

Si la cuestión fiscal y el crecimiento económico siguen tan mal como hasta ahora, a fin de año en vez de cantar los típicos "villancicos" de Navidad estaremos tan complicados como bailando el rock más furioso sobre una pista enjabonada.

La Situación Fiscal. Como es habitual toda la información oficial sobre lo que se hace con los impuestos que paga la gente es mentira. El Proyecto de Presupuesto del 2001 es consistente con esa historia, por lo tanto es una mentira.

Discusión

Si un crecimiento económico de 3,7% en el 2001 es poco probable, es difícil que la recaudación de DGI+Aduana lo haga en 5,3% ($2.200 millones) como está planteado en el Proyecto de Presupuesto del 2001. Aún bajo el supuesto de que se vuelve a conseguir "material" para "dibujar" impuestos por $1.000 millones como en el 2000 y que se baje el gasto público en $750 millones como está planteado, sólo se llegaría a compensar el aumento de los intereses de la deuda pública por cerca de $1.600 millones. Si aumentara algo la recaudación, se la gastaría en financiar la pérdida de recursos en Seguridad Social y el aumento de las transferencias a Provincias, tal como está planteado.

De esta manera, sería un "gran" logro alcanzar en el 2001 un déficit fiscal similar al del 2000 de $7.000 millones (sólo estamos hablando del Gobierno Central), incluso suponiendo que se venden activos para luego computarlos como impuestos ("dibujos") por $1.000 millones. Entonces nos quedaría un "lindo" trío conformado por los tres déficits de 1999, 2000 y 2001: $8.900 millones en 1999, $8.000 millones en el 2000 y como mínimo $8.000 millones en el 2001.

Esta tendencia explosiva e insostenible del déficit fiscal, puede desatar sobre el final del año una gran discusión sobre cómo cumplir el 2001, cuando se tiende a exceder en $1.400 millones la nueva y relajada meta del 2000 de $5.600 millones. Es muy probable que el tema de un nuevo ajuste fiscal para cumplir los compromisos fiscales del 2001 vuelve a aparecer en la escena.

El crecimiento de la economía. Desde que asumió Machinea al frente de economía ya lleva realizados tanto pronósticos fallidos sobre el crecimiento del PIB en el 2000 como meses ha recorrido el presente año. Recordemos que comenzó con 4%, luego 3,5%, más tarde 3%, 2% y ahora ya es menos de 2%. Se sigue equivocando. Si todavía les queda algo de decencia a los funcionarios públicos con el manejo que hacen de la información de lo que le pasa a nuestra economía (muy diferente por cierto a la que ellos ven), cuando llegue fin de año veremos que la Argentina no sólo no habrá crecido para la gente (con el desempleo en el 16%, el crecimiento que le sirve a la gente tiene que ser superior al 5%) sino que tampoco habrá crecido para nosotros los economistas y nuestras, a veces, ridículas estadísticas. En el mejor de los casos la economía crecerá 0%.

Si la economía quedara estancada en el 2000, será muy difícil crecer 3,7% en el 2001 como piensa hoy el Gobierno leyendo el Proyecto de Presupuesto. En ese caso, conseguir los $5.600 millones necesarios para pasar de los $8.000 millones de déficit fiscal en el 2000 a $4.400 millones en el 2001 y financiar $1.600 millones de aumento en los pagos de intereses de la deuda pública y $400 millones de mayores transferencias a Provincias, será una tarea casi imposible sin un nuevo ajuste fiscal que, por definición, no puede ser bajo ningún punto de vista con más apretón de impuestos a la gente sino con más baja de gasto público de la que está programada en el Proyecto de Presupuesto.

Llegado a este punto seguramente el lector estará pensando ¿Cómo? ¿Un nuevo ajuste fiscal? ¿Acaso no era que los dos "reventones" de impuestos que hizo el Gobierno desde que asumió eran para alejarnos de la cesación de pagos? Lamentablemente hay un problema. La información oficial sobre lo que pasa en Argentina con la situación fiscal es mentira porque no sólo la discusión de las medidas fiscales pasan sólo por mirar al Gobierno Central (ni las Provincias ni los Municipios ni los pagos cono Bocones forman parte del déficit fiscal oficial) sino que el resultado fiscal del Gobierno Central siempre aparece "contaminado" por "dibujos" que sobrestiman los ingresos y subestiman los gastos.

Hoy no hay nadie que diga que los $5.600 millones firmados con el FMI para el 2000 son mentira. Y son mentira porque el déficit del Gobierno Central de $5.600 millones tiene "adentro" $1.000 millones de "dibujos" como fuera explicado más arriba y además porque no se llega ni en "motoneta" con la recaudación estimada oficialmente (el "gap" andará en los $800 millones) y porque se están subestimando gastos por otros $600 millones. De esta manera, el déficit fiscal verdadero del Gobierno Central será de $8.000 millones y no de $5.600 millones.

Pero si los intereses de la deuda pública cuyo pago hoy se está volviendo insostenible, tienen que ver con la evolución de toda la deuda pública, sea del Gobierno Central o de la de las Provincias o la de los Municipios o la emitida en Bocones ¿porqué no publicar cifras consolidadas sobre el déficit fiscal de Argentina? Si no, la gente no entiende nada. Se le dice que está todo fenómeno y que el déficit fiscal es manejable pero al mismo tiempo se la "revienta" con impuestazos todos los años al mismo tiempo que Argentina paga un spread por la deuda de más de 800 basis points.

Entonces pongámoslo blanco sobre negro. El déficit fiscal que determina la evolución de la deuda pública, su tasa de interés y el monto de intereses no es la mentira de los $5.600 millones del acuerdo con el FMI, los Presupuestos o sus equivalentes del pasado sino de 13.150 millones ($8.000 millones la Nación, $3.700 millones de Provincias, $350 millones de Municipios y $1.100 millones de pagos con Bocones) y ése es el déficit fiscal que nos duele a todos y es el que hay que bajar groseramente de manera urgente antes que nos pase una moto niveladora por encima.

Parecido

La discusión que hay hoy sobre la parte fiscal en Argentina se parece mucho a la que se daba en los ´70 y ´80 sobre la inflación. Los gradualistas (los mismos que hoy están al frente del Ministerio de Economía) sostenían que no había que parar de emitir moneda para financiar los déficits fiscales porque la inflación era un problema del reino animal-vegetal (un mes la alta inflación era por la suba de la carne y al siguiente por las verduras). Al mismo tiempo la clase política se negaba a privatizar empresas públicas porque era "enajenar el patrimonio nacional". Tuvo que llegar la lamentable hiperinflación para sepultar ambas estigmas. Se privatizaron las empresas públicas de golpe y la convertibilidad eliminó el financiamiento monetario de los déficits fiscales.

Como la irresponsabilidad de la clase política continuó bajo la forma de seguir aumentando el gasto público financiado deuda pública, hoy nos enfrentamos al fantasma de la cesación de pagos en la medida en que se insista en pensar en ajustes fiscales basados en una medición parcial y mentirosa de los resultados fiscales de todo el fisco.

Los costos de las malas políticas económicas se pagan sí o sí. Sería bueno que aunque más no sea por piedad hacia los que pagan impuestos para que ellos coman que los políticos decidan pronto una baja de gasto público de $15.000 millones por las buenas y no por las malas (cesación de pagos o devaluación).