Explicación ridícula

(Lo publicado en el “Financial Times” – “La trampa del pesimismo pone un freno al crecimiento argentino” – y la explicación psicológica sobre la crisis del país por parte Tomas Reichmann, del FMI dieron pie al economista José Luis Espert a formular una crítica contra ese organismo. Veamos.)

Periodista: Bueno, en realidad no sé si hablar con usted o con un psicólogo.

J.L.Espert: Todas estas explicaciones ridículas como la de Reichmann, y otras explicaciones que han ocurrido ahora en Praga, sobre por qué la Argentina no crece vienen de aquellos que están absolutamente comprometidos con el plan llamado de convertibilidad. El Fondo Monetario más que un auditor nuestro es un socio, por lo tanto es hiper super responsable de lo que hoy le pasa a la Argentina.

Como es muy difícil darse vuelta en el medio de la voltereta, las explicaciones de ahora en más van a ser ridículas y no me cabe la menor duda de que Reichmann está haciendo una explicación ridícula, porque obviamente no puede reconocer que el Fondo Monetario es parte en todo lo que ha pasado en la Argentina y por lo tanto de lo que pasa hoy también. También en Praga, declaraciones de conspicuos empresarios que han acompañado a la delegación argentina demuestran que están absolutamente comprometidos con la convertibilidad y por lo tanto tienen que decir que está todo fenómeno y que si no se crece es porque… qué sé yo… hay un espíritu negro dando vueltas en la Argentina, por eso no crecemos.

P: Es como no asumir la culpa.

J.L.Espert: Yo digo, señores, yo lamento que la lógica de la política sea tan perversa, que nunca se quieren asumir los costos de las malas acciones en el pasado y que la lógica es siempre patear la pelota para adelante, pero la economía es como un cuerpo orgánico: sometida a ciertos estímulos reacciona irremediablemente de la misma manera.

Cuando uno se pega a la globalización de la manera que se pegó la Argentina, en lugar de crecer en base a las exportaciones como hizo Chile – un camino duro, difícil trabajoso, que le llevó mucho tiempo poder ser lo que es hoy: un país Investment Grade – elige el camino fácil, de capital golondrina para financiar aumento del consumo y eso es lo que hizo la Argentina esencialmente en los últimos diez años, en algún momento se pagan las consecuencias. Esto es lo mismo que en la época de Martínez de Hoz, de la “plata dulce”.

Esta fue una segunda etapa de la plata dulce con algunos cambios, obviamente, pero fue una segunda etapa de la plata dulce y demostramos que no hemos aprendido la experiencia y la Argentina, sin duda, llevó una política económica esencialmente insana – y dicho sea de paso, el Fondo nunca abrió la boca por esto – irremediablemente va a generar costos. Y hoy es por eso que la Argentina no crece como están creciendo otros países que asumieron los costos de las malas políticas económicas devaluando, y yo no digo que haya que devaluar, pero los costos hay que pagarlos en algún sentido. Entonces, dejémonos de embromar con esto de que hay un problema psicológico.

Cuanto más insistamos en la tontería está el problema del mal humor de la gente y los problemas psicológicos, más nos vamos a enterrar. Mejor dicho: más la clase política a la cual nosotros mantenemos con los impuestos que pagamos nos va a enterrar. Entonces, por Dios, hemos llegado a un punto donde seguir negando la realidad nos va a hacer dar la torta como el Titanic se la dio contra el iceberg.

P: Me parecía curioso leer todos esos argumentos en favor de cómo anda la economía argentina que se dijeron en Praga, tanto de parte del equipo económico, de los banqueros y empresarios argentinos y de los funcionarios internacionales, pero que tienen una brecha muy grande con respecto a lo que después hacen.

J.L.Espert: En el simple caso de los bancos, digamos: si está todo tan fenómeno, ¿por qué no se matan prestando a la gente? Porque si no es todo un guitarreo. Que los ministros de Economía de turno guitarreen, bueno, eso lo hacen todos, pero que los tipos que tienen plata y que viven de hacer dinero digan una cosa y hagan otra… Por eso digo yo: sepamos diferenciar las opiniones vinculadas con el bien común, de aquellas opiniones absolutamente interesadas que conocen el bien común por definición y que son aquellos que están absolutamente enterrados con el plan llamado convertibilidad.