El Gobierno apuesta a mejorar las expectativas de la población

Para terminar con el mal humor colectivo hace falta mucho más que sonrisas en los rostros de los ministros o una buena estrategia de comunicación. Según economistas y sociólogos consultados, para que la gente se anime a consumir y vuelva la esperada reactivación se necesitan mejoras concretas sobre la capacidad de gasto de los argentinos.

"En los procesos económicos existe la posibilidad de la profecía autocumplida y del comportamiento en manada: esa idea de que la gente tiene expectativas de que algo va a suceder actúa como si eso sucediera y termina causando el fenómeno -explicó Oscar Liberman, director de la Fundación Mercado-. Pero en las relaciones entre política y economía no es lo habitual."
Tras 24 meses de recesión y estancamiento, lo cierto es que la economía comienza a dar algunas señales concretas de reactivación. Pero esa mejora resulta todavía imperceptible para los bolsillos del consumidor.
"La debilidad del consumo no es una cuestión de sensación térmica, sino de hechos que inciden sobre la capacidad de gasto de la gente", dijo Mercedes Marcó del Pont, directora de FIDE.
Un encuestador que sigue de cerca la evolución del consumo dio un dato concreto sobre la preocupación del Gobierno. "Me ha llamado gente del Ministerio de Economía que se esfuerza en comunicar los buenos números que tienen -deslizó-.

Pero es inútil, creo que sólo si hubiera más señales económicas palpables y reales podría haber mejoras en el humor social."
La recuperación de la confianza como motor de la economía tuvo una de sus pocas manifestaciones el año último.
Luego del piso de recesión al que se llegó en junio de 1999, la gente comenzó a liberar su consumo en forma lenta pero sostenida. La buena imagen del entonces candidato presidencial Fernando de la Rúa, que corría primero en las encuestas, y la expectativa de una mejor gestión de gobierno estimularon el optimismo.

Una oportunidad perdida

"Incluso hubo un salto importante en el mes de las elecciones, cuando se sabía que el triunfo de De la Rúa era seguro -recordó Liberman-. Y el pico máximo se dio en noviembre, que particularmente no es un buen mes para el consumo."
Pero, en contra de lo que la gente esperaba, llegaron el impuestazo y el ajuste fiscal, con rebajas en los salarios de los empleados públicos y reducción de personal.
"Hay datos puntuales: en octubre de 1999, el 78% de la población esperaba que el futuro gobierno bajara los impuestos -agregó Liberman-. Y sucedió exactamente lo contrario…"
Como explicó el economista Eduardo Curia, priorizar el ajuste de las cuentas fiscales es una estrategia que castiga el consumo.
"Entonces este componente, que es mayoritario del producto bruto interno (PBI), ya está comprometido", comentó.
En los últimos meses, la suba en las exportaciones trajo un poco de luz al panorama. Pero hay dos factores que juegan en contra de la reanimación del bolsillo.

En primer lugar, las ventas al exterior no pesan mucho en el PBI. Y además significan muy poco como multiplicador del empleo: por ejemplo, la producción de granos y petróleo, dos productos relevantes en las exportaciones argentinas, no son intensivos en el uso de la mano de obra.

Una historia de pérdidas

Más allá de los argumentos oficiales sobre el impacto real del impuestazo, los sectores medio y bajo de la población son los que más expresan su mal humor. Como explicó el sociólogo Artemio López, titular de la consultora Equis, "son los que sienten con mayor intensidad la sensación de pérdida, porque tienen una historia familiar de caída desde posiciones económicas anteriores en las que estaban mejor".
Esta caída en las expectativas ha producido profundos cambios en los hábitos de consumo. Por ejemplo, gente que consumía segundas marcas sólo en momentos de crisis las ha adoptado en forma permanente.

"El Gobierno hizo un mal diagnóstico sobre los efectos del impuestazo. Su lógica fue ajustar, bajar la tasa de riesgo país, bajar la tasa de interés y atraer más inversiones -comentó Marcó del Pont-. Pero lo cierto es que las medidas que adoptó terminaron teniendo un efecto procíclico, es decir, en favor de la profundización del ciclo recesivo. Y todavía siguen sin aparecer las fuentes de demanda que van a fortalecer el crecimiento."
Mientras tanto, la inversión, la tercera plataforma necesaria para la reactivación, tampoco se recupera del golpe. "Está floja porque no encuentra señales demasiado claras para despuntar", dijo Curia.
Durante la primera mitad del año, la inversión cayó cerca de un 6% con respecto al mismo período del año anterior, que tampoco se destacó por una abundante llegada de fondos. Como destacó el economista Aldo Abram, de Exante, la falta de inversiones es el problema más grave que enfrenta De la Rúa. La deflación de precios impactó sobre los ingresos de las empresas y muchos proyectos en marcha. Y las señales que emite el Gobierno no son las mejores para revertir la tendencia.

"Hay muchas contradicciones dentro del Gobierno y de la Alianza, con lo cual muchos dudan sobre el largo plazo", dijo el economista.
Abram apuntó contra las negociaciones con las empresas de gas para congelar las tarifas por dos años. "¿Valía la pena poner en riesgo la seguridad jurídica para frenar un aumento tan poco significativo?", se preguntó. "En definitiva, el ajuste de las tarifas por el PPI (inflación industrial de los Estados Unidos) les jugó en contra a las empresas desde el inicio de la convertibilidad, y ahora que estaban recuperando algo… La lectura de los inversores es: cuando perdés, perdés, y cuando ganás, también."

Carlos Rodríguez, viceministro de Economía durante la gestión de Roque Fernández, insistió en el respeto a las reglas de juego.
"En realidad, el Gobierno no está convencido sobre la economía de mercado; ha tomado la convertibilidad y la apertura del mercado como aceite de ricino -aseguró-. Las medidas que se están discutiendo -como los impuestos a las empresas privatizadas, la restricción horaria para los supermercados o la promoción a las Pyme- son señales contrarias al comportamiento de una economía capitalista."

Lo que vendrá

Para los próximos meses no podrá esperarse una explosión del consumo. Mientras el Gobierno ya admitió que el crecimiento puede ser menor al anunciado 3%, los economistas se juegan por un 1 a un 2 por ciento. Un índice que estará más atado a condiciones externas, como la reanimación de la economía de Brasil y el aumento del precio de algunos commodites.
"Claro que esto no alcanza para hacer frente a la desocupación", destacó Marcó del Pont.
Según José Luis Espert, titular de Espert & Asociados, la reactivación que muestra la economía, y que mantendrá durante todo el año, es "meramente estadística, para que los economistas discutamos si el crecimiento va a ser del 1,5 o 2 por ciento. Pero la gente, con estos niveles de actividad, y después de haber pasado por un año tan malo como el 99, no percibe que la economía mejore, y con razón".
En tanto, en Economía, el secretario de Programación, Miguel Bein, dijo a La Nación : "Mostramos todos los datos que tenemos, y cuando alguno nos merece un análisis favorable, lo decimos. Hay muchos indicadores que muestran que hay una mejora. Pero no se puede andar diciendo tampoco que estamos en el mejor de los mundos. Una cosa es infundir optimismo sobre bases razonables y otra hacer el ridículo".

"No veo que se reactive la economía -dijo Rodríguez-. Permanecemos en una situación de estancamiento porque no estamos en una economía capitalista; con las señales del Gobierno, el inversor prefiere quedarse líquido o invertir afuera."
La opinión mayoritaria es que el nivel de consumo se mantendrá en los actuales parámetros y, según Liberman, "hasta podría subir ligeramente el mes que viene". Claro que el pronóstico podría caer con un shock externo o un nuevo ajuste.
Las recetas que proponen los economistas para salir del pozo son diversas. Espert apuesta por un déficit fiscal cero. "Ya y ahora, el gasto público hay que bajarlo US$ 10.000 a 15.000 millones como mínimo -pidió-. Acá hay que eliminar la coparticipación federal y terminar con eso de que la Nación recaude y las provincias gasten. Si las cosas siguen así, en doce meses la Argentina va a estar discutiendo el tipo de cambio."

Según el economista, la mejora en la recaudación sólo alcanzará para financiar el aumento de los intereses de la deuda. "El déficit fiscal, bien medido, no va a cambiar demasiado respecto del año pasado", aseguró.
Curia hizo la misma advertencia. "Cuidado, que podemos volver a estar en problemas. El recorte de gastos no se está aplicando al ciento por ciento -dijo-. Y el gasto ejecutado del año es más o menos el mismo que el del año último."
El economista volvió a insistir en que hay que abandonar la convertibilidad. "Con un esquema de cambio fijo en un país superendeudado, y que encima viene con problemas fiscales, el corolario obligado es esta política de ajuste deflacionario permanente", explicó.
"Por lo menos hay que plantear la posibilidad de cruzar a una política de cambio más flexible, más allá de la convertibilidad -coincidió Marcó del Pont-. También hay que replantear la política tributaria, hacia un esquema más progresivo."
"Yo le pediría al Gobierno que haga lo menos posible, porque cada vez que tocan algo hacen lío", disparó Rodríguez.

Un crédito abierto

Pero sobre el negro panorama aparece, para sorpresa de muchos, un argentino optimista. Según mediciones de Equis, casi el 60% de la gente cree que va a estar mejor al final del mandato de De la Rúa.
"Hay una apuesta fuerte a futuro y una esperanza muy grande -agregó López-. Y sobre una situación personal y familiar, no sobre el país, que es una metáfora."
Si bien la mayoría de la población tiene una muy mala opinión de las medidas económicas, aplaude la transparencia y la eficacia en la gestión que percibe en el Gobierno. "En este sentido, el Gobierno tiene un crédito abierto", agregó el sociólogo.
Es que aun con el shock negativo de las medidas económicas, De la Rúa todavía mantiene los niveles de credibilidad que tenía en octubre último. El problema del Presidente es que su piso es también su propio techo.

"El tema es que la gente, en realidad, no encuentra nada mejor en el resto de los políticos", explicó Liberman.
Según puede leerse en la "Evaluación del escenario político y económico actual para la Argentina", de la Fundación Mercado, con excepción del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, el resto de los dirigentes arrastra opiniones muy desfavorables. Es el caso del ex presidente Carlos Menem: las mismas cuestiones que determinaron el voto en su contra siguen candentes.