Reportaje a José Luis Espert – Primera Sección

-El Gobierno sigue insistiendo con más impuestos. Ahora aumentaron el anticipo de Ganancias y quieren gravar los plazos fijos. ¿Con esto cumplirán las metas con el FMI?

-El déficit del 2000 va a estar entre los u$s 6.700 millones y u$s 7.000 millones. Esto es u$s 2.300 millones más que lo acordado con el Fondo. Por lo tanto, en algún momento antes de fin de año hay un nuevo paquete fiscal en la Argentina, que se va a empezar a discutir a partir de julio.

-Perdón… ¿otro más?

-El déficit que vamos a tener no va a ser muy diferente al de 1999 (si se incluyen las provincias y la emisión de bonos el déficit llega a u$s 13.000 millones). Para cumplir con las metas del Fondo, en los ocho meses que restan del año habría que recaudar lo que en nueve meses y medio, lo cual es imposible.

Con el aumento del anticipo de Ganancias lo único que hacen es adelantar el cobro de impuestos. Podrán cumplir en el primer semestre, pero lo que cobren adelantado ahora después no lo tendrán. Insisto: si no recortan fuerte el gasto hay otro paquete impositivo antes de fin de año.

-¿Qué hubiera hecho usted en lugar de Machinea en estos seis meses?

-Lo que hubiera hecho es consecuencia del diagnóstico que tengo del problema macroeconómico central de Argentina. Creo que centralmente el problema que ha tenido la convertibilidad en 10 años ha sido una política fiscal absolutamente irresponsable. Hoy la Argentina recauda u$s 35.000 millones de impuestos más que hace 10 años, cuando se lanzó la convertibilidad y a pesar de esto el sector público tiene mucho déficit todavía.
Todo el aumento de la recaudación que ha habido la clase política se lo gastó todo.

El problema central de Argentina es el atraso cambiario, que no podemos solucionar devaluando, generado por una política fiscal demencial. Con este diagnóstico, la consecuencia lógica, ¿cuál era? Bajar de manera dramática el gasto público, para resarcirse con los estafados contribuyentes que pagaron impuestos como locos durante los últimos 10 años.

-El Gobierno asegura que su recorte de u$s 1.400 millones es histórico por lo alto y drástico…

-La baja del gasto público que se hace es una tontería comparada con lo que debería haber bajado. Este gobierno va a decir que ésta es la baja más grande que ha existido en los últimos 10 años, pero en realidad la baja que se hizo es cobarde. La clase política debería haber asumido el costo de tomar alguna medida política, concretamente lo que dijo Fernando de la Rúa en la campaña, respecto de lo cual él mintió, sin duda.
El dijo que la clase política iba a pagar el ajuste: mentira. Lo pagó la gente, siempre ha sido. Todo es falso y los impuestos no van a bajar ahora tampoco. Lamentablemente, no hay que esperar baja de impuestos, sino todo lo contrario. Cuando yo hice mis cálculos sobre la convertibilidad fiscal para el período 2000, 2001, 2002, 2003 (los cuatro años de vigencia de la ley) llegué a la conclusión de que para cumplir con la ley, si no se baja muy dramáticamente el gasto público, hace falta un paquete impositivo por año.

-¿Qué no hubiera hecho si fuera Machinea?

-Lo que yo no hubiera hecho es reventar a la gente con impuestos, para darles aire a todos los sectores que tienen problemas. Relacionado con esto, otra cosa que no hubiera hecho es dar la señal que yo estoy dispuesto a aceptar que a mi mesa se sienten todos aquellos que tienen problemas y prometerles algo a cada uno.
Porque en los últimos 10 años se han acumulado infinidad de problemas, con lo cual el Gobierno hoy tiene que negociar con infinita cantidad de sectores, transformando a la política económica en algo imposible, porque no se si es la política económica que quiere el Presidente, la que quiere el ministro de Economía o la que tienen quienes se sentaron a negociar sus problemas.

-¿Qué piensa de la nueva reforma laboral?

-Supongamos que tengamos por ley la mejor reforma laboral, si la Argentina no crece, si no hay estabilidad en las reglas del juego, es muy difícil que el desempleo caiga.
La reforma laboral hay que verla como una reforma estructural que provoca efectos en el mediano y largo plazo sobre el empleo. Pero esa sola reforma laboral no hace nada si no se encuadra dentro de una política económica muy clara, diáfana, poco discrecional. Y claramente estamos en un contexto diferente.

-Entonces… ¿cuál sería la mejor reforma?

-La mejor sería eliminar al sindicalismo que tenemos y dejar que cada empresa y los obreros decidan qué condiciones de trabajo quieren tener. Como estamos lejos de eso, tenemos una reforma laboral mala respecto del llamado "primer mejor".
En otras palabras, es mejor que lo que tenemos hoy, a años luz de lo que se necesita para poder generar empleo en un contexto de crecimiento, que está dudoso y de una buena política económica, que no tenemos. De ninguna manera hay que creer en una baja-en la tasa de desempleo por esta reforma laboral.