Buen diagnóstico y malas medidas del FMI para Argentina

Con el documento dado a conocer, en el tan mentado tema de si hay que enfriar o no la economía, el FMI ha tomado claramente posición a favor de enfriar y la razón es absolutamente lógica.

Con la enorme volatilidad que tienen los movimientos de capitales a nivel internacional (hace 3 meses Argentina no podía colocar un solo dólar de deuda y hoy ya cubrió las necesidades de financiamiento de su sector público para todo el primer semestre), no es posible determinar cuál es la tasa sostenible de crecimiento de la deuda externa y como consecuencia de ello tampoco es fácil establecer cuál es el tipo real de cambio que nuestra economía puede sostener (lo cual no tiene nada que ver con devaluar).

O sea, el tipo real de cambio sostenible ¿es el consistente con el de los 30 días posteriores a la caída de la Bolsa de Hong Kong a fines de octubre del año pasado, cuando Argentina tuvo una pequeña salida de capitales o es el consistente con el del primer trimestre de 1998 cuando el ingreso de fondos externos estuvo en niveles casi récord dentro de la convertibilidad ?

Hecha esta aclaración, la conclusión obvia es que la política económica a seguir (más allá de las reformas estructurales) es la que está guiada por la prudencia. Mirando a la Argentina como un todo, le ocurre lo que le acontece a un privado cuando gasta por encima de lo que produce: tiene que endeudarse o vender activos y dado que en el largo plazo el financiamiento del desequilibrio operativo (déficit en cuenta corriente) es la deuda (externa), hay que mirar muy bien la velocidad a la que crece la deuda versus la velocidad a la que se expanden las exportaciones dado que éstas, en última instancia, son la capacidad de repago de la primera.

Entonces, los desequilibrios externos importan y más cuando la tendencia que se observa en los últimos 4 años es que el déficit en cuenta corriente se multiplicó por 5 (de 0.9% del PBI en 1995 a 4,5%/5.0% del PBI en 1998) y el crecimiento anual de las exportaciones se dividió por casi 6 en el mejor de los casos (de 32% en 1995 a 5%/6% en 1998).

¿Qué tiene que ver con todo esto la reforma laboral con la cual tanto insiste el FMI en el documento dado a conocer (de 5 hojas le dedica 3 y 1/2? Antes que nada y para ser consistentes con todo lo comentado más arriba, es importante aclarar que el tener una tasa de desempleo tan alta como la Argentina es un claro indicador que tenemos un problema de tipo real de cambio importante que no puede ser resuelto, como se lo hizo históricamente, con devaluación, más después de la hiperinflación y de la ley de convertibilidad. Un medio para ello es tener un mercado laboral lo suficientemente desregulado como para que sea necesario una pequeña suba en la tasa de desempleo, ante un "credit crunch" como el causado por el "efecto tequila" , para corregir los precios relativos. La reforma laboral enviada por el gobierno al Congreso no sirve para crear puestos de trabajo, salvo creciendo el PBI a tasas poco sostenibles.

Otro medio es tener lo más alto posible a los requisitos de liquidez para evitar expansiones insostenibles del crédito y finalmente es necesario tener una política fiscal sumamente austera para que el gasto público, que es esencialmente en bienes no comerciados, presione lo menos posible sobre la demanda interna.

En este último sentido la preocupación del FMI sobre la situación fiscal, a pesar del cumplimiento de las metas del primer trimestre, es justificada dado que se lo hizo en parte porque se cumple la meta de recaudación y esto a su vez ocurre porque la tasa de crecimiento observada del PBI (cerca del 8%) duplica la que tiene el acuerdo (4%) y no queda claro que sea sostenible y también porque el gasto público ejecutado fue muy inferior a la meta porque este último era tan alto que habría que haber duplicado los salario públicos para ejecutarlo. Por eso es que el FMI pide que la parte de la reforma impositiva que tiene que ver con suba de impuestos sea puesta en práctica cuanto antes. De paso sirve para "enfriar" un poco la economía.

Aquí el FMI acierta con el diagnóstico (dificultades para mantener la relativamente buena performance fiscal del primer trimestre) pero se equivoca con las medidas de aumentos de impuestos que sugiere dado que la causa de la insostenibilidad de las cuentas públicas es un gasto público que ha crecido u$s 35.000 millones (120%) desde el lanzamiento de la convertibilidad y que es el que requiere de alícuotas impositivas salvajes y un crecimiento de la deuda pública difícil de sostener.