Brasil seguirá siendo un socio duro y conflictivo

Si el empresario que lee estas líneas es adverso al riesgo, no le vendría mal explorar mercados de exportación alternativos a Brasil y de paso permitiría capturar ganancias de bienestar social más altas del comercio internacional.
Si tiene alguna propensión a favor de los proyectos riesgosos pero altamente rentables, entonces la recomendación es continuar vendiéndole a Brasil porque sigue siendo una oportunidad excelente.

Brasil tiene claro que los países con las experiencias más exitosas de crecimiento en el mundo que veremos de aquí en más, serán aquellas que tengan mucha inversión extranjera directa para penetrar mercados internacionales de exportación.
Por eso se encuentra embarcado en una estrategia por dar la pelea que sea necesaria para atraer todo el capital extranjero posible hacia su geografía.

Este diagnóstico es correcto pero, desde el punto de vista de la “economía del deber ser”, a veces se equivoca en los medios para atraer capital: subsidiando la instalación de empresas sustitutivas de importaciones en zonas de alto desempleo y mucha pobreza y ahí es donde aparecen los conflictos comerciales con la Argentina.

Por otro lado, teniendo en claro que una cosa es el mercantilismo como forma de los países de ejercer el poder en el mundo durante los siglos XVII Y XVIII y otra la teoría de mercantilista, puede decirse que Brasil tiene una concepción de teoría mercantilista de la economía, o sea, el exceso de exportaciones sobre importaciones (superávit comercial) es bueno en sí mismo, por lo tanto, es un objetivo que debe conseguir en todo momento, aquel buen gobernante que se precie de tal.

Finalmente, Brasil tiene un déficit fiscal muy alto de 5% del PBI que lo financia en su mayor parte, hasta ahora, con deuda interna a tasas muy altas. De todas maneras, esta estrategia no genera recesión (no hay “crowding out”) porque el sector privado residente que compra esos bonos, ingresa capital externo a la tasa de interés internacional, o sea, los agentes privados no bajan su gasto para acumular deuda del gobierno.
En realidad, lo que hacen es intermediar la deuda externa que el sector público está recibiendo desde el resto del mundo para financiar el déficit fiscal.

Por lo tanto, es lógico que el déficit en cuenta corriente sea alto y ahí es donde aparece la concepción mercantilista: “Algo hay que hacer con el desbalance externo, tenemos que reducir el gasto interno”. El principal problema es que las medidas que Brasil adopta, como por ejemplo la reciente penalización a los plazos de financiamiento de las importaciones, no atacan la causa del elevado gasto interno (el déficit fiscal financiado externamente) sino el efecto: importaciones que están creciendo por encima de las exportaciones.

Con la aceleración que se está produciendo en el proceso privatizador, Brasil ha comenzando a financiar su déficit fiscal, además de con deuda pública, mediante la venta de activos estatales a no residentes (inversión extranjera directa). Entonces, sería de esperar en el corto plazo que los déficits en cuenta corriente de Brasil, sigan siendo altos o mayores que los actuales dado que el financiamiento externo aparece más fácil cuando se vende una empresa pública que cuando se toma deuda pública (aunque, en algunos sentidos, sean lo mismo).

Por lo tanto, Argentina seguirá teniendo un socio que será una excelente oportunidad porque crecerá a tasas altas para que hagamos negocios pero, por el tipo de esquema de razonamiento y las medidas insuficientes que ha tomado hasta ahora para atacar el problema fiscal, seguirá adoptando una postura que lo convertirá en un negocio como para tener cuidado.

Este diagnóstico es correcto pero, desde el punto de vista de la “economía del deber ser”, a veces se equivoca en los medios para atraer capital: subsidiando la instalación de empresas sustitutivas de importaciones en zonas de alto desempleo y mucha pobreza y ahí es donde aparecen los conflictos comerciales con la Argentina.

Por otro lado, teniendo en claro que una cosa es el mercantilismo como forma de los países de ejercer el poder en el mundo durante los siglos XVII Y XVIII y otra la teoría de mercantilista, puede decirse que Brasil tiene una concepción de teoría mercantilista de la economía, o sea, el exceso de exportaciones sobre importaciones (superávit comercial) es bueno en sí mismo, por lo tanto, es un objetivo que debe conseguir en todo momento, aquel buen gobernante que se precie de tal.

Finalmente, Brasil tiene un déficit fiscal muy alto de 5% del PBI que lo financia en su mayor parte, hasta ahora, con deuda interna a tasas muy altas. De todas maneras, esta estrategia no genera recesión (no hay “crowding out”) porque el sector privado residente que compra esos bonos, ingresa capital externo a la tasa de interés internacional, o sea, los agentes privados no bajan su gasto para acumular deuda del gobierno.
En realidad, lo que hacen es intermediar la deuda externa que el sector público está recibiendo desde el resto del mundo para financiar el déficit fiscal.

Por lo tanto, es lógico que el déficit en cuenta corriente sea alto y ahí es donde aparece la concepción mercantilista: “Algo hay que hacer con el desbalance externo, tenemos que reducir el gasto interno”. El principal problema es que las medidas que Brasil adopta, como por ejemplo la reciente penalización a los plazos de financiamiento de las importaciones, no atacan la causa del elevado gasto interno (el déficit fiscal financiado externamente) sino el efecto: importaciones que están creciendo por encima de las exportaciones.

Con la aceleración que se está produciendo en el proceso privatizador, Brasil ha comenzando a financiar su déficit fiscal, además de con deuda pública, mediante la venta de activos estatales a no residentes (inversión extranjera directa).
Entonces, sería de esperar en el corto plazo que los déficits en cuenta corriente de Brasil, sigan siendo altos o mayores que los actuales dado que el financiamiento externo aparece más fácil cuando se vende una empresa pública que cuando se toma deuda pública (aunque, en algunos sentidos, sean lo mismo).

Por lo tanto, Argentina seguirá teniendo un socio que será una excelente oportunidad porque crecerá a tasas altas para que hagamos negocios pero, por el tipo de esquema de razonamiento y las medidas insuficientes que ha tomado hasta ahora para atacar el problema fiscal, seguirá adoptando una postura que lo convertirá en un negocio como para tener cuidado.