Las idas y vueltas con el Club de París

17 Nov
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El 2 de septiembre de 2008, Cristina de Kirchner firmó el DNU 1.394 por el que decidía cancelar cash el 100% de la deuda con el Club de París con reservas del BCRA. El 15 de septiembre, Lehman se declaraba en bancarrota, todos los bancos centrales del mundo comenzaron a sufrir grandes ataques especulativos sobre sus reservas (incluido el nuestro) y así fue como el Decreto 1.394 nunca se concretó y la deuda con el Club de París continuó en situación irregular.

El lunes, la Presidente anunció por cadena nacional el comienzo de las negociaciones con el Club de París para tratar de salir del default a partir de que el organismo informal aceptaba (según sus dichos) la postura argentina de dejar fuera de las negociaciones un programa acordado con el FMI. Es decir, la misma persona que decretaba la necesidad y la urgencia de cancelar la deuda con el Club de París apelando al uso de reservas del BCRA hoy, más de dos años después, nos dice que recién ahora comienzan las negociaciones sobre cuál es el monto por refinanciar (cuando se negoció esto post-Decreto 1.394, nunca hubo acuerdo entre las partes) y el plazo durante el cual se terminarán pagando las cuotas del capital más sus intereses (punitorios o no) ¿Es creíble el anuncio?

En segundo lugar, si el FMI no aparece en el medio de las negociaciones, sin duda que el plazo de pago para llegar a un acuerdo, viendo los antecedentes de las reprogramaciones en la historia del Club de París, no superará los dos o tres años. Por otro lado, pagar en menos tiempo (bien podría ocurrir dado que aparentemente el FMI no participaría), digamos un año, no resulta creíble: en 2011 Cristina de Kirchner se juega la reelección, y cada dólar de las reservas del BCRA que use el Gobierno será para usarlo localmente, en vez de enviarlo al exterior con la promesa de alguna inversión extranjera directa garantizada por las agencias internacionales que esperan el fin del default con el Club de París.

Además, y como se dice en la jerga del derecho, "a confesión de parte, relevo de prueba", ayer, el locuaz y a veces desafortunado ministro de Economía, Amado Boudou, afirmó algunas horas después del anuncio presidencial por cadena nacional que pagar en un año de plazo el 100% de los u$s 7.000 millones que se adeudan al Club de París está totalmente descartado.

Esta frase podría quedar en el olvido si en 2011 la Argentina hiciera una colocación internacional de deuda soberana por algunos miles de millones de dólares o si el Gobierno decidiera recaudar más por el impuesto inflacionario, dándole una vuelta de tuerca adicional al proceso de aumento de precios.

Si es por la legalidad, que poco le importa al kirchnerismo, la entelequia de las "reservas de libre disponibilidad" es hoy de u$s 16.000 millones, justo para pagarle cash al Club de París y dotar de u$s 7.500 millones al Fondo del Desendeudamiento, tal como lo establece el artículo 65 del proyecto de Presupuesto de 2011.

Sin un programa acordado con el FMI, los plazos que el Club de París tiende a aceptar son muy cortos, y en el caso argentino, hay un argumento adicional para el estrechamiento: si los tiempos se alargan, algunas cuotas podrían vencer en años en los cuales no está claro hoy que sea el kirchnerismo la facción gobernante. Con la inestabilidad de las reglas de juego en la Argentina, nadie puede decir que en 2012 no volveremos a pedir una reprogramación de la reprogramación.

Pero entonces, sin la participación del FMI por el aparente acuerdo de las partes anunciado por la Presidente y descartado el plazo de un año según los dichos de Boudou, la negociación no será soplar y hacer botellas.

Bien podría ser que el anuncio presidencial busque otros objetivos que no aparecen hoy con mucha nitidez. Uno es dar un mensaje al exterior de que la Argentina trata de suavizar el mal humor que hay contra ella por no aceptar que las misiones del FMI aterricen en Ezeiza para realizar el Artículo IV (revisión de rutina de los números de la economía de los países miembros), porque el Gobierno argentino: 1) no puede mostrarle al resto de los países que forman parte del Fondo el grotesco dibujo que hace de la inflación, la pobreza, la indigencia, la distribución del ingreso, el desempleo, el crecimiento y, más que nada, de las cifras fiscales y 2) no aceptaría las críticas que recibiría del staff por tener una presión impositiva récord histórica y, al mismo tiempo, déficit fiscal, trabas a la exportación, mercados intervenidos como el de la carne, el trigo, el maíz, etcétera.

El otro podría ser torear a la oposición (y dar una imagen de que no hay ningún desgobierno después de la muerte de Kirchner) que no acepta sancionar por ley un Presupuesto que no gaste los $ 50.000 millones de exceso de recaudación que tendrá la realidad de 2011 (el botín elegido para la ocasión es el 82% móvil a los jubilados) y decirle que si no colabora con la sanción de la ley "sin cambiar una coma", la Presiente sigue gobernando igual y que, sin Presupuesto 2011, el que rige es el de 2010, y así las cosas, el dinero discrecional para la Casa Rosada será de $ 100.000 millones en vez de $ 50.000 millones. Después de todo, la AFIP depende del Gobierno, y la chequera para girar contra la recaudación es de Boudou. El Gobierno, de parabienes.

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