Lo que menos necesitamos es crispación

29 Jun
0

Hoy Argentina enfrenta sus cíclicos fantasmas luego de una corta expansión económica por factores exógenos: déficit fiscal insostenible, dificultades para pagar la deuda y dólar barato. Así como Menem y De la Rúa, Kirchner también nos ha dejado en el mismo lugar en el que nos depositó nuestro liberalismo noventista.

El déficit fiscal de la Nación más las Provincias está, en 2009, en unos enormes $30.000 millones a pesar de que: 1) la recaudación de impuestos es de casi $400.000 millones o 50% del PBI para los que están en blanco, número similar a algunos países de Europa con 6 veces más de PBI per cápita que nosotros, lo cual es un disparate (y más aún con pésimos bienes públicos que provee el Estado argentino); 2) venimos de 6 años de crecimiento económico "chino" y lo que es más grave aún es que la recesión recién empieza y 3) nuestros commodities de exportación son 30% más altos que en 2002. O sea, la situación fiscal es muy delicada.

Además, no hay manera de financiar semejante desequilibrio fiscal porque después de la hiperinflación no se puede emitir moneda por cuestiones internas (sólo se emite por cuestiones externas) porque nadie quiere pesos y tampoco se puede emitir deuda pública (ni externa ni interna) porque ningún mortal quiere estará dispuesto a darle otra vez crédito a un defaulteador serial como el estado argentino, hasta que éste no se ajuste.

Así que tarde o temprano el desequilibrio fiscal de hoy desaparecerá. Con suba de impuestos o devaluación, pero el ajuste vendrá. Es poco probable que los Kirchner puedan volver a robar activos líquidos como lo hicieron con los ahorros de los que se iban a jubilar en una AFJP.

Respecto del dólar. Cuando se recurre a los números duros del sentido común, se encuentra que: 1) el desempleo, luego del mínimo local de 9,2% del tercer trimestre de 2007, ya está en 13,2% y pinta para más de 14% al final del año, cifra muy parecida a la de la recesión previa al colapso de la convertibilidad; 2) el gobierno está subsidiando los salarios de un número creciente de empresas en problemas para evitar que la tasa de desempleo sea mayor todavía al 13,2% verdadero; 3) los salarios del sector público ya superan a sus homónimos privados en un porcentaje similar al 20% del final de la convertibilidad; 4) para proteger a la industria casi no se puede importar nada debido a la mano de hierro del Secretario de Comercio Guillermo Moreno; 5) el desastre agropecuario de los Kirchner puede provocar que nos quedemos sin saldo exportable de trigo, carne y leche y 6) Techint, el grupo empresario argentino más mimado por los Kirchner hasta hace poco, acaba de bajar los salarios de su personal jerárquico en 15%, toda una rémora menemista

Y si estos son los problemas macro fundamentales, sus consecuencias son también muy preocupantes. Lejos del afiebrado mundo kirchnerista, un aumento de precios en 18% anual nos coloca entre los países más inflacionarios del mundo y los indicadores sociales de desempleo (12%), pobreza (33%) e indigencia (12%) si bien están muy por debajo del peor momento de nuestra historia (2002), ya son demasiado noventistas-menemistas como para seguir cacareando loas al decadente modelo productivo.

Se necesita paz y concordia política y en lo económico, como mínimo, hay que desacelerar el crecimiento del gasto público, abandonar la guerra contra el campo (mucha gente de a pie vive de él), moderar a los sindicatos con sus demandas salariales y preparar a la sociedad para los ajustes que su esposa tendrá que hacer antes de 2011.

Lo menos nocivo que puede hacer Néstor Kirchner pensando en el país de todos los argentinos con el resultado electoral de ayer y los problemas económicos descriptos más arriba, es bajar un cambio y que termine con su combo de cinismo, mentiras, manipulaciones, difamaciones y mamarracho económico.

El no es ningún salvador de la patria ni mucho menos, sino un de esos tantos políticos argentinos que aparecen súbitamente en el firmamento diciendo que todo lo anterior fue un espanto, que todo tiene que cambiar (mientras él disfrutaba de las mieles pasadas), para después, encima, traicionar a quienes lo auparon al sillón de Rivadavia.

Comments

    No Comments

Leave a reply

Your email address will not be published. Fields marked * are mandatory.