La deuda externa crece, la caja no alcanza y llega el miedo con los vencimientos

Una historia de nunca acabar: la fuerte suba del gasto público, el pago de subsidios y una eventual caída en los ingresos agigantan el temor de que Argentina no pueda afrontar sus compromisos. Esta vez, los mercados internacionales están cerrados. El miedo oficial y qué anticipan los analistas.

La lucha por las retenciones móviles disparó algunas sospechas en la sociedad sobre el estado de las cuentas públicas y si los fondos disponibles alcanzan para pagar los vencimientos de deuda que se avecinan. El propio ex presidente Néstor Kirchner llegó a preguntarse, en uno de sus discursos durante la batalla con el campo, cómo se pagarían las obligaciones externas si no se aplicaban las retenciones móviles.

Ocurre que, este año y el que viene, vencen más de u$s11.000 millones de dólares de capital de deuda pública y crece la duda en los analistas acerca de como serán afrontados.

El horizonte se ve sombrío porque el gasto público crece a un ritmo mayor que la recaudación y, a diferencia de épocas anteriores, el país no tiene acceso a los mercados internacionales. Esto se debe a que la deuda declarada en default aún está pendiente de cancelación, sin haber hecho una propuesta a los acreedores, y todo indica que la buena salud de las cuentas públicas depende, en gran medida, de la recaudación por retenciones y, por lo tanto, del precio de los bienes que el país exporta, entre ellos la soja.

De ahí que el nuevo secretario de Agricultura y Ganadería, Carlos Cheppi, tenga la orden de preparar un nuevo proyecto de retenciones móviles a la soja y el girasol en pos de mejorar las arcas fiscales, en tanto, ya se han aumentado las tarifas eléctricas para disminuir el pago en subsidios.

El economista Ricardo Arriazu fue muy claro al afirmar, días atrás, en una conferencia organizada por infobaeprofesional.com: "Si Argentina se confía en los precios altos de las commodities para aumentar el gasto como lo viene haciendo, vamos a estar en muy serios problemas, lo advierto desde ahora".

En tanto, el economista José Luis Espert, titular de la consultora que lleva su nombre, coincidió en que "este modelo productivo está basado en el precio récord de los productos agrícolas". Y explicó: "Con este nivel de recaudación récord, y cuando se pagan impuestos como nunca, que no tengan superávit es una barbaridad. Y que no tengan plata para rescatar el capital de la deuda, por lo tanto, es como tirar el dinero"..

Deuda
Según datos aportados por el Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea, los vencimientos de capital de deuda en 2008 y 2009 son los siguientes:

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El economista del área de Finanzas Públicas del IERAL Ariel Barraud explicó a este medio que con las previsiones de superávit fiscal primario de 3,5% del PBI, hay un monto no cubierto de vencimientos de alrededor de u$s6.000 millones en cada año.

Para el economista de la consultora Econométrica Rodrigo Castiñeira, la necesidad de financiamiento podría reducirse a u$s2.800 millones este año solamente si, con un superávit primario de 3,5% del producto y un financiero del 1,5% del PBI, se cumplirían los siguientes supuestos:

No hay cancelación neta de deuda con el BID ni con el Banco Mundial
El Estado Nacional refinancia toda la deuda con las provincias
No recompra deuda
Se omiten todas las operaciones de deuda intra sector público.
¿Dónde salen los fondos para cubrir los vencimientos inmediatos?
El Gobierno buscó asegurar los vencimientos de este año y para ello estableció el famoso tope a las inversiones de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) en el mercado brasileño, "que implicará repatriar u$s1.800 millones en el transcurso de este año", dijo Castiñeira. Esto medida se aplicó aún considerando que el amigo Chavez ayudará para que se coloquen bonos en Venezuela.

El economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) Daniel Artana coincidió en que las posibilidades de cubrir los vencimientos son altas "siempre y cuando se considere: el superávit primario, el acceso a financiamiento local de las AFJP sumado a la ayuda de otros inversores institucionales, los préstamos de Venezuela, las reservas financieras del sector publico y las reservas del BCRA".

Es decir que, según Artana, el país contará con un "cóctel de instituciones" para poder afrontar sus compromisos. Pero el economista alertó: "El problema es que si usamos esos stocks en 2008 y 2009, qué haremos en 2010 y 2011 para pagar los vencimientos".

Mercado internacionales, out
La salida, a la que recurren todos los países, sería la de financiarse con los mercados internacionales. Pero el director de la consultora M&S Consultores Rodolfo Santángelo explicó que "el país vivió por varios años una situación de alivio gracias a la refinanciación de la deuda a plazos largos y a tasas bajas, que debió ser utilizada para pulverizar la deuda y lograr la reinserción en los mercados internacionales".

"Pero la falta de voluntad de arreglar la deuda con el Club de París, con los holdouts y de normalizar el Indec, hizo que sigamos con este esquema operativo de seguir raspando el hueso: Venezuela y mecanismos locales de parches", concluyó.

A partir de 2009, empieza entonces a ser clave el manejo fiscal para obtener superávit similares a los verificados en los últimos años. Y ya el mercado muestra su preocupación de que el país se vea limitado para cancelar su deuda. Lo expresa en un indicador que trepó a casi el doble en lo que va del año: el riego país, hoy superando los 600 puntos básicos.

"Es una paradoja que los números macroeconómicos no sean malos y los mercados tengan la percepción de default", dijo Santángelo.

El número clave, 4%
Si se lograra mantener un superávit fiscal primario del 4% del PIB en el período 2009-2011, prácticamente se tendría asegurado el pago de los servicios de deuda de los próximos tres años.

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Pero son pocos los analistas que se animan a afirmar que dicho superávit se alcanzará con estos niveles de crecimiento de gasto público. Artana, estimó que el superávit primario del año que viene cerrará por arriba del 3%, en unos u$s10.000 millones. Es decir, menos de la mitad de las necesidades para el pago de la deuda pública, de unos u$s21.000 millones.

Castiñeira, bajo los supuestos descriptos, supone una deuda de u$s9.300 millones de capital, que al restar el superávit financiero reduce las necesidades de financiamiento a un total de u$s5.200 millones.

Según explicó el economista, que la mayor parte de los vencimientos de la deuda estén nominados en pesos y sean con residentes institucionales (bancos, AFJP y aseguradoras) "facilita su refinanciación sin tener que transmitir al mercado la necesidad de un canje de deuda".

Dónde financiarse
Es que con los mercados de capitales cerrados para la Argentina y un alto costo para colocar deuda, del 13-14%, el Gobierno apuesta al superávit fiscal, apoyado en retenciones y los altos precios externos, un stock de reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) antes de agotar el margen disponible de adelantos transitorios, de u$s2.200, y depósitos públicos que ascienden a 20,7 mil millones de dólares.

El problema es que el superávit que sirve de fondeo para el pago de la deuda se está deteriorando a medida que el gasto público sigue creciendo a una tasa mayor a los ingresos. Según lo calculado por el IERAL, el gasto primario del Sector Público Nacional creció a una tasa del 41,2% y los ingresos a un 39,1% en mayo último.

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Espert lo explicó: "La situación fiscal está cayendo desde 2005 (el mega superávit se dio en 2004 y llegó al 5%), porque el gasto público crece por encima de la recaudación desde ese año. Es decir, que es el cuarto año consecutivo. El deterioro en 2008 viene dado porque la diferencia entre tasas de crecimiento es más grande que nunca".

Por eso concluyó: "La situación fiscal es grave: hoy todos los gobernadores y municipios quieren subir las alícuotas del impuesto a los ingresos brutos con el argumento de que las retenciones y el paro agropecuario deterioraron las arcas fiscales, pero el problema es que en tiempo de las vacas gordas, se lo gastaron"..

El consejero académico de FIEL Manuel Solanet coincidió, en una entrevista en el canal C5N, en que "el ahorro está tendiendo a desaparecer: hay un retraso creciente de pagos a contratistas y de subsidios, por lo que los números que el sector público muestra están exagerando el superávit primario".

Aumento del gasto
Al analizar el gasto, los economistas coincidieron en que es alto e ineficiente, en parte, porque los cuestionados subsidios crecen a una tasa superior al 70% mientras que los demás rubros lo hacen al 40% en promedio:

el rubro que más creció fueron las transferencias al sector privado (73%),
seguidas por las prestaciones a la Seguridad Social (45%).
la inversión real directa aumentó a un ritmo algo inferior al promedio (39%),
al igual que el gasto en personal (31%) y sólo hubo ajustes en las erogaciones de capital.

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Los subsidios han ido ganando importancia desde 2003. Según un informe de la consultora Prefinex, este año el Estado destinará $47.232 millones a transferencias del sector privado. De ellos, la mayor parte ($21.426 millones) se destinará a energía. Luego al transporte ($6.151 millones), alimentos ($3.666 millones) y planes sociales ($3.100 millones). El resto ($12.889 millones) son partidas sin identificar.

Caída del ingreso
Para compensar el alza del gasto, se presiona sobre la recaudación impositiva. De ahí el conflicto político por la imposición de las retenciones móviles.

La suba de alícuotas (agro, minería e hidrocarburos) de finales del año pasado junto al boom de precios de commodities permitieron duplicar los ingresos por derechos de exportación hasta ser una de las principales fuentes de ingreso. Y hoy las cuentas públicas presentan una creciente dependencia del favorable contexto de los precios internacionales.

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Las retenciones a las exportaciones, una herramienta económica para regular el comercio exterior, se volvieron entonces un recurso fiscal importante y vital para afrontar los gastos públicos y la deuda pública.

Por otro lado, el crecimiento en la recaudación de los demás impuestos tampoco mantiene su dinámica alcista. Según datos de la consultora Ecolatina, al excluir el efecto nominal de los precios (deflactado por el IPC-Ecolatina), se observa que el IVA recaudado en el primer cuatrimestre creció en términos reales 11,5% versus 14,3% del mismo período del año pasado, reflejando un menor dinamismo del consumo y un mayor protagonismo de la creciente inflación.

Para Solanet, la presión tributaria nacional, medida como la recaudación de impuestos nacionales, provinciales y municipales y el producto de la economía, es la más alta del mundo (35%). Pero como el nivel de evasión es importante, los que pagan impuestos sufren una presión tributaria que excede el 50-60 por ciento. Por eso, Santángelo coincidió en que "la política fiscal está en problemas porque la recaudación alcanzó un techo estructural: ya no se puede exprimir más al sector privado y la cuenta de subsidios es muy alta".

Alternativas
Hay unanimidad entre los economistas que consideran necesario contener el gasto público y recuperar la confianza de los inversores para hacer frente a la deuda pública.

"Después de seis años de crecimiento, tienen sólo equilibrio fiscal con una presión impositiva salvaje sobre el sector agroexportador", se quejó Espert. Pero explicó que todavía hay margen para torcer el panorama y evitar el deterioro de las cuentas públicas y las dificultades para pagar la deuda: que el gasto público crezca a tasa cero.

El economista Javier González Fraga detalló que la salida "transita por disminuir gastos, bajar los subsidios y las compensaciones. Y además, realizar menos obra pública en las provincias para darle prioridad a la terminación de las centrales eléctricas".

Sin embargo, el investigador del Centro de Economía y Finanzas para el desarrollo de la Argentina (CEFID-AR), cercano al Gobierno, Horacio Rovelli explicó que para compensar lo que no se recaudará por las fallidas retenciones móviles habrá que "hacer un seguimiento fiscal eficaz sobre el campo". Ya que, según el economista, el sector vende 4 millones de toneladas de trigo y 9 millones de soja en negro, contrata trabajadores también en negro y los pool de siembra, encuadrados en fideicomisos, no pagan impuesto a las Ganancias.

Además de controlar las cuentas fiscales, se torna imperiosa, según explicó Castiñeira, "la necesidad de recuperar la confianza perdida tras la manipulación del IPC, dado que si bien el Gobierno tiene espalda financiera para afrontar los próximos vencimientos casi sin acudir a los mercados, ningún programa financiero es sustentable con tasas de interés como las actuales, ni Gobierno alguno puede sobrevivir casi sin acceso a los mercados".

El resultado fiscal tan dependiente de la soja traslada buena parte de la volatilidad de su cotización al resultado fiscal y si su precio baja, será tarde para intentar regularizar la deuda pública y acceder a los mercados itnernacionales. Por lo pronto, a pesar del buen desempeño de las variables macroeconómicas, el fantasma de la deuda sobrevuela.

Veronica Dalto (c) infobaeprofesional.com