América Latina debe moderarse

La economía mundial está transitando el ciclo expansivo más extenso de los últimos treinta años, con crecimiento simultáneo de la actividad y del comercio mundial. Otra característica de este ciclo es que todas las regiones crecen por encima de su promedio histórico.

Sin embargo, este escenario extraordinariamente favorable, no está exento de riesgos que puedan afectar la evolución futura de la economía mundial. En primer lugar, los altos y volátiles precios del petróleo y derivados (no sólo por la mayor demanda mundial de combustibles, sino también por las restricciones en la oferta producto de la tensión de Medio Oriente) pueden intensificar las presiones inflacionarias y moderar la demanda. En segundo lugar, la abundante liquidez en los mercados financieros mundiales puede verse afectada por las presiones inflacionarias, lo que conduciría a políticas monetarias más restrictivas y con ello a tasas de interés mundiales más altas.

Por último, otro de los grandes riesgos que presenta la economía mundial actualmente, son los desequilibrios externos: mientras que Estados Unidos registra déficits crecientes en su cuenta corriente desde hace diez años, Asia y los países petroleros acumulan superávits cada vez más grandes. Dado que esta situación de desequilibrio global no es sostenible en el largo plazo, existe el riesgo de que lleven a una corrección desordenada que puede significar una fuerte caída de la demanda de activos estadounidenses, fuertes fluctuaciones en la tasa de interés y los tipos de cambio, derivar en la adopción de mayores medidas proteccionistas y, en definitiva, a un menor crecimiento de la economía mundial.

Pese a estos riesgos, la desaceleración de la economía norteamericana en el segundo semestre alejan los temores de un hard landing y al mismo tiempo supone que la FED mantendría la tasa de interés de referencia, la cual la viene subiendo desde 2004. Con todo esto, la economía mundial se perfila para crecer, este año y el que viene, nuevamente a una tasa superior a la del promedio histórico (3.9% a/a). Concretamente, las últimas proyecciones del FMI son del 5.1% a/a para el 2006 y de 4.9% para el año que viene.

El crecimiento de la economía mundial le permite a América Latina aumentar sus exportaciones, al mismo tiempo que la fuerte demanda de commodities por parte de las economías desarrolladas y de China e India (principalmente), mejoraron notablemente los términos del intercambio, siendo los más altos desde 1973. De esta manera, América Latina cuenta con el escenario internacional más favorable de las últimas tres décadas y se estima que este año crecerá 4.75% a/a y 4.25% en 2007. Así, desde el inicio del ciclo de crecimiento actual en 2002, habrá acumulado un incremento del PBI superior al 22%.

A diferencia de los períodos de crecimiento anteriores, tales como los de 1991/94 y 1996/98, el actual se desarrolla con superávit fiscal y externo, tipos de cambios flexibles, inflación controlada y dependió mucho menos de los flujos de deuda externa. Además, desde principios de año, la región aprovechó el contexto de bajas tasas de interés internacionales para refinanciar sus pasivos, logrando una estructura de deuda pública más sólida debido a la mayor proporción de deuda de largo plazo y en moneda nacional. Esto es muy importante dado que contribuye a reducir la vulnerabilidad ante la volatilidad de los mercados financieros internacionales, algo que la región ya lo sufrió en la década pasada.

Si bien las condiciones de financiamiento fueron favorables en los tres ciclos mencionados, en el actual se destaca las bajas tasas de interés mundiales, que le permitió a la región reducir los diferenciales de rendimientos de los bonos y con ello refinanciar la deuda a menores tasas y a mayores plazos. Otra característica distintiva de estos años, es la notable mejora en los términos de intercambio (mejoraron casi un 30% entre 2003 y 2006), que no ocurrió en los ciclos anteriores, cuando incluso cayeron. También sobresale, a diferencia de la década pasada, que en el actual ciclo, todos los socios comerciales de América Latina crecen.

Los altos precios de las materias primas y los tipos de cambios en niveles competitivos, no sólo provocaron una notable mejora en los ingresos fiscales vía mayor recaudación por impuesto a la renta y retenciones a las exportaciones, sino que también propiciaron un importante salto en las exportaciones que permitió lograr excedentes en la balanza comercial y en la cuenta corriente, acumular reservas internacionales y al mismo tiempo reducir los niveles de endeudamiento, principalmente con el FMI. Si bien se registraron mayores ingresos de capitales en concepto de Inversión Extranjera Directa, la participación de la región en los flujos mundiales sigue siendo muy baja y cada vez más lejos de los captados por las economías asiáticas y Europa del Este.

Pese al aumento en las exportaciones y a la mejora en las cuentas externas de la región, la demanda interna sigue siendo el principal factor de expansión. De hecho, el consumo privado aportaría más de dos tercios del crecimiento económico en el 2006 y en el 2007.

Los cuatro años consecutivos de crecimiento por encima del promedio histórico, condujo a un aumento del empleo y a la mejora de todos los indicadores sociales. Según el FMI, este no es un dato menor, dado que uno de los principales factores causantes de las crisis recurrentes que tuvo la región fue la marcada desigualdad de la población. Los intentos por lograr una rápida redistribución del ingreso, condujeron a populismos y deterioro de las instituciones que culminaron en crisis políticas y colapsos económicos. De aquí la necesidad de lograr senderos de crecimientos estables y duraderos, de manera que la región socave los riegos de crisis económicas que impidan su desarrollo.

En cuanto a la inflación, las políticas monetarias de metas de inflación aplicadas en la mayoría de los países, a excepción de Venezuela y Argentina, contribuyeron a mantener las presiones y expectativas inflacionarias bajo control. Para 2006 se estima que la misma se ubicaría este año en torno al 5.25% a/a, mientras que el año que viene caería al 5% a/a.

Como se comentara más arriba, la región también cuenta con saldos fiscales primarios positivos y han venido creciendo desde 2004. El fortalecimiento de la situación fiscal, sumado al crecimiento del PBI (también influyeron, aunque en menor medida, la apreciación en el tipo de cambio y la baja en la tasa de interés) permitieron reducir al 54% la carga de la deuda en el PBI, 23 puntos porcentuales menos que hace cuatro años.

Los buenos resultados observados en las finanzas públicas estuvieron determinados por el fuerte incremento en la recaudación de ingresos, sobre todo los generados por los productos básicos. Sin embargo, uno de los puntos más preocupantes es el continuo aumento que se viene registrando en el gasto público. Esto le da cierta debilidad a la situación fiscal, dado que hace depender, en gran medida, al excedente actual de los altos precios de los commodities.

Según el FMI, mantener el excedente fiscal es importante para que los países continúen con el proceso de reducción de deuda pública que continúa en niveles altos. Por ello, resulta importante no perder la brújula con los ingresos extraordinarios por los altos precios de las materias primas, controlar el aumento del gasto primario, así como también su composición y calidad de manera que contribuya a la mejora en la productividad total de la economía. También resulta necesario, para reducir la vulnerabilidad fiscal de la región, presupuestos menos rígidos dado que la asignación de ingresos a fines específicos y los gastos obligatorios tienen una alta participación en el total. Con presupuestos rígidos, los gobiernos tienen muchas dificultades para cumplir con todas la obligaciones impuestas por la ley, lo que los induce a resolver estos conflictos estableciendo decretos y otras maniobras que le quitan transparencia al proceso presupuestario y erosiona la credibilidad de las instituciones.

Relacionado con lo anterior, también es necesario que la región avance hacia una economía con mayor apertura comercial y competitiva, dejando de lado los lobbies por mayor proteccionismo del empresariado local y al mismo tiempo, eliminar los impuestos distorsivos al comercio exterior.

De esta manera, las economías de América Latina gozan de buena salud y se encuentran en un entorno internacional ampliamente favorable y debe continuar con sus esfuerzos en realizar las reformas necesarias para afianzar la estabilidad macroeconómica, mantener elevado el crecimiento, mejorar las finanzas públicas y reducir la desigualdad. La pregunta que nos hacemos entonces es ¿aprovechará la oportunidad que le está dando el mundo, tal como ya lo hicieron los países asiáticos?