Bajar el gasto, elevar el suprávit y mantener los precios, la agenda que la "Plaza del Sí" no resolvió

Los analistas coinciden en que, hacia el futuro, el Gobierno tiene la posibilidad de alejarse de cierto populismo en materia económica, ya que no está en riesgo el capital político del oficialismo.

En Cambio creen que lo que sucederá es que las autoridades insistirán con el rumbo, consistente en añadir controles a los mercados, para mantener a raya los precios, y que no declinarán el ritmo de las erogaciones del Presupuesto. Para todo esto, el consenso de los economistas consultados por PERFIL afirma que ahora se debería afianzar la política de mantener elevado el superávit fiscal.

La amplia convocatoria de la “Plaza del sí” ratificó el fuerte respaldo político a la gestión del presidente Néstor Kirchner, pero dejó varios interrogantes sobre la agenda económica para los próximos meses. Muchas de las políticas oficiales que cristalizaron en la movilización del jueves a unas 150.000 personas, paradójicamente, habrían llegado al límite permitido para que el modelo sea sustentable en el tiempo, según la opinión condensada de 12 economistas consultados por PERFIL.

El crecimiento del gasto público primario por encima de la recaudación, la consecuente caída del superávit fiscal, los ajustes salariales que jaquean las cuentas provinciales, la falta de una estrategia que aliente a la inversión y la inflación latente ocupan los primeros lugares de la agenda que los analistas, tanto de vertientes académicas ortodoxas como heterodoxas, consideran prioritarios.

“La gente mira el largo plazo, no la foto de la plaza”, explicó el titular de la consultora Infupa, Manuel Solanet. El economista advirtió que “han emergido dudas sobre la salida de la inflación, y la solvencia fiscal: el gasto aumenta al 28% y los recursos a un ritmo del 21 por ciento”.

Su opinión forma parte del consenso ortodoxo. “El gasto público ya creció $95.000 millones desde la devaluación; hay que dejar de aumentar salarios y bajar las erogaciones”, complementó el economista Jose Luis Espert. En el mismo sentido, el referente de la Universidad del CEMA, Jorge Avila, opinó que la demostración de apoyo del jueves pasado no cambió demasiado el escenario económico. De cara al final de la gestión Kirchnerista, el analista cree que el Gobierno no debería alejarse de las claves que le dieron buenos resultados: el conservadurismo fiscal y cambiario.

El diagnostico también es compartido por los economistas mas heterodoxos. “La política de ingresos –el techo de aumento a la negociación salarial- y de acuerdos de precios se confirmaron en la Plaza”, evaluó Eduardo Curia. Aun así, la política fiscal tiene que tener una pujanza disciplinante, consideró el economista.

Independientemente de que haya inversión pública, señaló curia, toda evaluación termina en la disciplina fiscal. La razón, a su juicio, es simple potente: el propio modelo depende del superávit fiscal.

La pérdida del superávit no es sólo una amenaza lejana, sino una tendencia que se está reflejando en las cuentas del Tesoro Nacional y en las de las provincias. “El gasto salarial impulsado desde la Nación repercutió directamente en las diversas jurisdicciones, cuyas cajas, hasta el momento superavitarias, se están viendo afectadas”, afirmó Ricardo Delgado, de Ecolatina.

De haber obtenido un resultado primario en 2005 del 0,8% del PBI, este año ese porcentaje podría caer al 0,3%, debido no sólo a los aumentos salariales sino también a los importantes compromisos financieros que deberán asumir.

Superávit. El fortalecimiento de la política fiscal es una de las medidas que los analistas consultados pusieron en primer lugar al hablar de la estrategia antiinflacionaria. De acuerdo con Luis Secco, de Perspectivas Económicas, “habría que morigerar la política fiscal y monetaría para controlar la inflación, aunque ello signifique un menor crecimiento y, por ende menor generación de empleo”.

El problema es, según Gabriel Sánchez, de Fundación Mediterránea , que “más allá del aval de la Plaza, el Gobierno tiene dos objetivos que entran en conflicto” una política fiscal expansiva y un necesidad de controlar el alza de precios”.

Orlando Ferreres contribuyó al respecto con una virtual paradoja: que el masivo apoyo a Kirchner del jueves le otorga más margen para “volverse más ortodoxo”.

Por su parte, el consultor Gabriel Rubinstein señaló que, en el combate contra la inflación, la política fiscal y monetaria deben pesar más que los controles de precios.

No obstante, Pablo Rojo anticipó que la masiva concurrencia a la Plaza del Sí, en lugar de morigerar, intensificará la presión del Gobierno sobre empresariado.

Pese a estas recomendaciones, los analistas no prevén cambios en la política del Gobierno, cuya impronta es, más bien, expansiva. Menos antes de octubre de 2007, cuando se jugará –aunque aún el Presidente no lo ratifique- un segundo mandato de la gestión K.