¿Nada cambia?

A PESAR DE que 2006 estará marcado por una gran cantidad de elecciones en América Latina, no hay indicios que hagan prever grandes cambios de política económica en la región. Hasta el momento, las encuestas vienen sugiriendo que en la mayoría de los comicios se dará continuidad a los lineamientos políticos precedentes, al menos en lo que refiere a temas de gran relevancia como el comercio exterior.

En 2006 se renovará el Poder Ejecutivo de seis países de la región. En abril, Perú será el primero en decidir su rumbo político, seguido de Colombia en mayo, México en julio, Ecuador y Brasil en octubre, mientras que Venezuela hará lo propio en diciembre. Debido al tamaño de sus economías, los ojos de los inversionistas estarán en los comicios de México y Brasil.

En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva irá en busca de un segundo mandato y deberá enfrentarse a su antiguo contrincante y actual alcalde de Sao Paulo, el Socialdemócrata José Serra (de derecha), a quien venció en los comicios de 2002. Si tenemos en cuenta que el representante de la izquierda es el actual presidente Lula, alguien que realizó un ajuste fiscal tan formidable que logró evitar el default de una deuda pública homérica y ha mantenido una política monetaria sumamente responsable que desplomó las expectativas de inflación, la lógica dice que Brasil no experimentará un viraje hacia el populismo. Por el contrario, la alternativa de cambio es hacia la derecha, de manera que al menos debería esperarse una mayor predisposición hacia el libre comercio.

Las elecciones en México serán las más reñidas de todas. El oficialista Felipe Calderón se enfrentará con Andrés Manual López Obrador, un antiguo representante del PRI que ahora representa un desprendimiento de izquierda de dicho partido. Sin embargo, México ya adoptó una política de Estado en su posición frente al comercio internacional, por lo que parece difícil que un potencial triunfo de la oposición derive en un cambio sustancial en su visión favorable al ALCA.

Tampoco habrá cambios sustanciales en Colombia, donde el actual Presidente de derecha Álvaro Uribe se encamina a paso firme hacia su reelección y no está en duda que éste país seguirá manteniendo su postura pro ALCA. Ecuador, en cambio, sigue siendo una gran incógnita y aún no hay claridad sobre la tendencia de los votantes mientras que en Perú las encuestas son encabezadas por la candidata del partido conservador Unidad Nacional, Lourdes Flores.

Finalmente está Venezuela, dónde la oposición asegura que las elecciones serán fraudulentas y que se repetirá el fiasco del referéndum revocatorio. De ser así, no es descabellado pensar que los venezolanos tienen Chávez para rato.

Ahora, antes de analizar las consecuencias que podrían traer las elecciones en lo que se refiere a la posición de América Latina frente el libre comercio es necesario recordar dónde estamos parados.

Luego de la IV Cumbre de las Américas ha quedado claro que hay un grupo no menor de países, los cuatro del Mercosur y Venezuela, que no están ni siquiera dispuestos a negociar fechas para la implementación del ALCA. Los argumentos esgrimidos se basaron fundamentalmente en que las “asimetrías” entre EEUU y Latinoamérica son demasiado grandes como para pensar en una integración económica. No hace falta mucho conocimiento de teoría del comercio internacional para saber que son éstas, las diferencias entre países, las que dan origen al comercio y mientras más grandes sean mayores son los beneficios que pueden obtenerse de un socio. La incoherencia de estos argumentos no deja dudas que la oposición de estos países al ALCA se debe a factores puramente ideológicos.

Dentro de este grupo de países, Brasil es el que tiene la posición menos dogmática y el único que podría sorprender gratamente luego de las elecciones. El hecho de que el Presidente Lula haya dejado en manos de su par argentino Néstor Kirchner las duras críticas hacia George Bush para luego reunirse muy cordialmente con éste en Brasilia, da señales al menos de prudencia, concepto que no existe en el vocabulario del argentino si tenemos en cuenta que no ha parado de coquetear con Hugo Chávez y no dudó en atacar a Vicente Fox cuando éste lo acusó (con mucha razón) de hacer demagogia en lugar de preocuparse por el éxito de la Cumbre.

Países como Chile y México han aprendido que la apertura económica debe ser una cuestión de Estado y por lo tanto es difícil imaginar que un cambio hacia la izquierda implique deshacer todo lo bueno que han conseguido en materia de comercio exterior. Desgraciadamente, este no es el caso de Venezuela y Argentina, dónde el dogmatismo imperante hace impensable un avance hacia la integración económica.

Aunque la probabilidad de que Brasil cambie su posición en el corto plazo es muy baja, de hacerlo, sería en favor de la apertura. Sin embargo, más allá de los resultados electorales, el mapa político de América Latina difícilmente cambie y lamentablemente para quienes estamos convencidos de las ventajas del comercio, el ALCA deberá esperar.