La paja en el ojo ajeno

LA PRESIÓN POLÍTICA de EE.UU sobre China para que revalúe su moneda ha sido exitosa. Muchos argumentan que con esto se espera mejorar la situación de desequilibrio en la balanza comercial evitando así la implementación de medidas proteccionistas. Pero en realidad lo que se pretende con esto es evitar una medida más efectiva y beneficiosa para la economía mundial como sería la eliminación del déficit fiscal estadounidense.

El argumento que se dio para justificar la revaluación del yuan fue la continua intervención en el mercado cambiario y la fenomenal acumulación de reservas internacionales chinas, que aumentaron cerca de US$ 480.000 millones desde diciembre de 2001. Un yuan subvualuado, según ellos, incentiva el ingresos de capitales especulativos de corto plazo, haciendo más difícil el control de la inflación. También se argumentó que el proceso equilibrante se daría más rápido y sin inflación si se dejara flotar el Yuan.

No obstante, estos argumentos no se condicen con la realidad: la economía china ha estado creciendo a tasas del 9% anual durante los últimos años, los agregados monetarios lo hacen a un ritmo superior al 15% anual y sin embargo la tasa de inflación del Yuan es menor que la del dólar, de modo que la tendencia es hacia la depreciación en términos reales y no hacia a la apreciación como se cree.

Este fenómeno se debe a la conjunción de varios factores: la extraordinaria tasa de ahorro china (nada menos que 47% del PIB); el gran crecimiento en la participación laboral; un déficit fiscal de 2% del PIB (inferior al que permitiría el aumento en la demanda de billetes) y un crecimiento moderado del crédito bancario si se tiene en cuenta el crecimiento de los depósitos.

Lo que dejan de lado los que argumentan a favor de la flotación del Yuan es que los superávit externos chinos no fueron consecuencia del tipo de cambio fijo sino de la fenomenal acumulación de billetes y depósitos bancarios a tasas que los bancos no pueden prestar confiablemente.

Una manera de reducir el superávit comercial chino sería aumentar el déficit fiscal hasta alcanzar un mínimo equivalente a la demanda de circulante y relajar además las regulaciones crediticias para permitirle a los bancos prestar el equivalente al aumento de depósitos. Sin embargo, esto no es para nada recomendable si consideramos que las pérdidas por incobrabilidad de los bancos chinos son un peso importante sobre las finanzas públicas.

Lo paradójico es que lo mejor para China (equilibrio fiscal y crecimiento prudente del crédito bancario) no sería ninguna solución para corregir los desequilibrios externos. Por el contrario, el superávit externo chino sería aún más grande debido a la depreciación real de su moneda que ello implicaría. Es decir, los desequilibrios se harían más notables en presencia de mercados de capitales más libres y de políticas fiscales y crediticias más prudentes.

Si bien una corrección ya sea mediante una reducción del superávit externo chino o del déficit externo americano tendrían el mismo efecto en cuanto a solucionar los desequilibrios, las consecuencias sobre la economía mundial serían muy distintas. Una reducción del superávit externo chino traería consigo una caída en la tasa de ahorro mundial mientras que la reducción del déficit externo americano implicaría un aumento de la misma.

El enorme déficit fiscal de EE.UU. –equivalente al 5% del PIB– no sólo es la causa de su déficit externo sino que además impacta notablemente sobre la tasa de ahorro mundial. La manera más sensata de reducir los desequilibrios sería mediante la eliminación del déficit fiscal de EE.UU. y que su sistema financiero comience a financiar inversión en exterior en lugar de financiar consumo doméstico.

Durante los últimos treinta y cinco años la tasa de ahorro mundial ha caído de 24,5% a 21%. En los países industriales el ahorro cayó de 21,5% al 15% del PIB mundial mientras que los países emergentes y productores petróleo pasaron de ahorrar el 3% al 6% del PIB mundial. El déficit fiscal estadounidense colaboró fuertemente a esta caída por lo que una política fiscal prudente de EE.UU. sería de gran beneficio para atenuarla. Los ahorros chinos están hoy colaborando para que esta caída no sea aún mayor y a su vez permitieron que la economía mundial enfrente menores tasas de interés y crezca a tasas elevadas.

Pero intentar corregir desequilibrios externos reduciendo el ahorro mundial en lugar de aumentarlo sería un error que perjudicaría la economía mundial. Países con tasas de ahorro como las de China son una bendición para el crecimiento. La responsabilidad del ajuste debería recaer entonces sobre el consumo público y privado de los países industriales. Sólo de esta manera podrá revertirse la continua caída de la tasa de ahorro mundial y se podrá consolidar la actual tendencia hacia menores tasas de interés que permitan más inversión y mayor crecimiento en el mundo.