¿Vidas paralelas?

En 2004 Brasil y Argentina tuvieron el más alto crecimiento económico de la última década, con tasas de 4,9% y 9% respectivamente. Vale recordar que estos países crecieron en promedio 2,1% y 1,7% anual en los últimos 25 años, cuando el mundo lo hizo al 3,3%. Sin embargo, la percepción externa es diametralmente opuesta: mientras se aplaude la economía brasilera y se aprecia que entró en un sendero de crecimiento sostenido, la recuperación argentina fue minimizada por el Fondo Monetario Internacional al compararla con la experiencia de otros países que sufrieron crisis similares (Corea, Turquía). ¿Están las economías de estos países vecinos en veredas contrarias?

En primer lugar, tanto Argentina como Brasil presentan hoy una menor vulnerabilidad externa que durante los ´90 sustentada en los “superávit gemelos”: superávit primario fiscal y superávit de cuenta corriente. Brasil presenta una mejora de más de 4% del PIB entre 1999-2004 en el superávit primario consolidado, alcanzando 4,6% el último año. Por su parte, Argentina pasó de un déficit primario de 0,7% entre 1991-2001 a un superávit de 5,2% en 2004. En ambos casos la mejora responde a aumentos de la presión tributaria, que ya era elevada (alcanza hoy casi 30% y 35% del PIB en Argentina y Brasil respectivamente) y no a un control del gasto público.

La mejora fiscal de estos países estuvo acompañada por un cambio de signo en las cuentas corrientes que dejaron de ser deficitarias, ayudadas por una fuerte devaluación de sus monedas. Así se registraron en 2004 superávits de cuenta corriente de 2% y 1,9% del PIB, en Argentina y Brasil respectivamente. Otro punto en común son las exportaciones que alcanzan entre 16% y 20% del PIB y experimentaron un fuerte crecimiento en los últimos años, aunque debe señalarse que en Argentina responde fundamentalmente a los beneficios de precios de commodities favorables a diferencia de Brasil dónde se observa un salto cuantitativo en el incremento de las cantidades exportadas. Recién a fines de 2004 y en lo que va de 2005 se registra un fuerte crecimiento de las cantidades exportadas en Argentina.

Asimismo, los servicios de la deuda pública (intereses más amortizaciones) de cara al futuro no son muy diferentes: en 2006 en Argentina alcanzarán 7,1% del PIB, entre intereses (2,3%) y amortizaciones (4,8%), mientras que en Brasil serán de 8,1%, entre intereses (6,2%) y amortizaciones (1,9%). Ambos países están con una política de desendeudamiento con el Fondo Monetario, aunque hay una “pequeña” diferencia en este punto. Brasil tomó esta determinación de manera unilateral en función de la buena performance de su economía; Argentina en cambio, lo hace porque no quiere cumplir con las reformas comprometidas con el FMI en el acuerdo (hoy caído) de septiembre 2003, con lo cual pagar se convierte en la única alternativa.

Por lo tanto, ¿en qué se sustenta por lo tanto la percepción de que Brasil se dirige hacia la calificación crediticia de investment grade mientras que Argentina sólo recibe críticas? En parte se debe a causas reales. Por un lado, Brasil no incumplió con su deuda como sí lo hizo Argentina, que en su operación de canje efectuó una quita de 68% en valor presente para los que aceptaron. Los que no aceptaron la propuesta pueden quedarse con sus deudas impagas indefinidamente según la postura del gobierno. Y todo para que el nivel de deuda pública quede en el mismo nivel que antes de la crisis en términos nominales (cerca de u$s 145.000 millones) y se duplique como porcentaje del PIB. Brasil bajó su deuda pública en 15% del PIB desde mediados de 2003, sin apelar a ninguna violación de contratos.

A esto debe agregarse los mejores indicadores de solvencia externa de Brasil que apunta a terminar el 2005 con la deuda externa en 25% del PIB y 17% en términos de los ingresos de la cuenta corriente (los ingresos se definen como la suma de las exportaciones de bienes y servicios y las rentas de la inversión). ¿Argentina? La deuda externa alcanzaría en 2005 el 86% del PIB y el 308% en relación a los flujos de ingresos de la cuenta corriente.

A estas causas “reales” se suma una cuestión de marketing y de capacidad de vender el “proyecto país”. Lula hace buena letra y desde el exterior lo premian con la posibilidad de integrar el Consejo de Seguridad de la ONU, parece que ni los rumores de corrupción tachan su imagen. Kirchner en cambio eligió la postura de la confrontación, dada su política de repudio de todo aquello asociado a los 90 como son los capitales extranjeros y los organismos internacionales. Así, a pesar de que ambos países comparten la política de “desendeudamiento” con el FMI probablemente Brasil pueda acceder a créditos por parte del organismo sin demasiada dificultad en el caso de requerirlo, a diferencia de Argentina que no puede obtener fondos frescos mientras el Presidente siga criticando a De Rato y compañía en cada situación que se le presente.