“Stiglitz vino a disfrazar la realidad. Fue show político”

No ha sido feliz para el gobierno la incursión de Joseph Stiglitz por Pilar. ¿Mala inversión oficial parece haber sido la importación de este economista premio Nobel que, en lugar de avalar el desendeudamiento que pregona Néstor Kirchner con el FMI, terminó hablando como Zamora, Altamira o los grupos piqueteros? Es decir, directamente sostuvo Stiglitz que no hay que pagarle al organismo, deber que el gobierno ha cumplido casi con religiosidad -aunque bajo protesta-, sin ningún tipo de pedido de rebaja como, en cambio, sí les impuso a los tenedores de bonos.

Sobre la visita de Stiglitz y su aporte a la visión económica de la Argentina, conversamos con el economista José Luis Espert. Esta es una parte del reportaje:


Periodista: Para usted, ¿la visita de Stiglitz es económica o política?

José Luis Espert: Yo diría que es más política que económica. A mi juicio, Stiglitz viene a disfrazar una realidad: tanto él como Néstor Kirchner promueven un Consenso de Buenos Aires de inexistente contenido que se plantea como opositor al Consenso de Washington que estuvo de moda en los ’90. Y lo gracioso es que en los noventa la Argentina no cumplió con dos de las máximas más elementales del Consenso de Washington, más bien actuó al revés, al burlar con déficit la disciplina fiscal y por carecer de un tipo de cambio realista y competitivo. Por lo tanto, en los ’90 se defraudó a ese Consenso. Mientras, ahora, Kirchner satisface como nadie los mandamientos de aquel Consenso de Washington, pero dice que impulsa otro diferente. País loco, ¿no?


P.: Entiendo lo que dice de Kirchner, pero no comprendo su asociación con Stiglitz.

J.L.E.: Es que son un símil. Fíjese que del ’93 al ’96, Stiglitz estuvo al lado de Bill Clinton y jamás dijo nada en contra de la política económica que se aplicaba. Esa misma conducta silenciosa la repitió luego, cuando fue hasta 2000 el economista jefe del Banco Mundial. En eso, como verá, se parece a Kirchner, quien en los ’90 se preocupaba en silencio más por cobrar y depositar en el exterior las regalías y la privatización de YPF que por decir algo. Parecían muditos en esos tiempos y ahora nos tratan de convencer de que estaban en contra.

P.: ¿Está como Roberto Lavagna, quien no se prestó al show de Stiglitz y la señora de Kirchner?

J.L.E.: Ocurre que Lavagna es consciente de lo que ha dicho y, además, él debe respetar -ya que lo cumpleparte del Consenso de Washington. Tampoco ignora que la Argentina no se cayó en 2001 por culpa el Consenso de Washington, algo semejante a lo que ocurrió con otros emergentes: cada uno, a su modo, entonces hizo algo mal. Digo esto, pero tampoco me engaño, ya que cumplir con aquellas máximas del Consenso no garantizaba estabilidad.


• Inconveniencia

P.: ¿Me imagino que usted debe pensar que Lavagna no procederá con lo que pide Stiglitz, que decidirá no pagarle o defaultear con el FMI?

J.L.E.: Lavagna sabe que sólo dos países, el Congo e Irán, defaultearon al FMI.Y debe entender de la inconveniencia de echarse en contra el G-7. Mientras, Stiglitz dice lo que dice porque no tiene responsabilidades, o las responsabilidades que tiene son con su propia recaudación haciendo presentaciones en el exterior.


P.: En rigor, ¿lo de Stiglitz es medio setentista?

J.L.E.: Absolutamente. Habla de intervencionismo, subsidios, bancos públicos, Banade, el viejo industrialismo prebendatario.


P.: Convengamos que algo de eso también lo aplica Lavagna.

J.L.E.: Sí, claro; en lugar de aprovechar los precios internacionales, las tasas bajas y el tipo de cambio para impulsar la exportación seria, suprimiendo las retenciones, protege la industria de los truchos de la sustitución de importaciones. No es lo mejor para la Argentina, menos para los trabajadores.


P.: País loco, como usted dice, donde la izquierda casi no se queja luego de que le deshicieron los salarios y la derecha se inquieta por las condiciones deprimentes de la clase trabajadora.

J.L.E.: Todos los días aparecen locuras, como la que dijo el ministro de Producción de Buenos Aires, Martín Losteau, quien presuntamente defiende al sector agrícola, al corazón de la producción bonaerense y dice que las retenciones son buenas porque garantizan el superávit fiscal, y de ese modo no hay inflación y queda un dólar caro que beneficia a la producción agrícola. Ni siquiera es un disparate, más bien un absurdo como afirmar que se debe fijar un impuesto indefinido a las salarios para que los trabajadores no puedan gastar nada, entonces no hay inflación y los salarios reales siempre serán altos porque no pueden gastarlos.


P.: Bueno, usted se queja pero siempre debe haber soñado con un país con superávit fiscal y un tipo de cambio competitivo. Ahora que lo tiene, ¿por qué es tan crítico?

J.L.E.: La verdad: no ignoro esa realidad, pero critico porque no quiero que el país pierda la oportunidad de los ’90. Y, con personajes como Stiglitz, shows políticos de esas características y algunas políticas erradas, se puede desperdiciar el momento.