El infierno tan temido

Las respuestas sobre las razones del brote inflacionario varían de acuerdo con la ideología de los que opinen. En este artículo se confrontan la visión del Gobierno con la de economistas de distintas vertientes, como José Luis Espert, Claudio Lozano y el “retornado” Domingo Cavallo.

No son Elisa Carrió ni Ricardo López Murphy la mayor preocupación electoral que hoy tiene el Gobierno. Tampoco la batalla a todo o nada que juega el Kirchnerismo por arriar las banderas duhaldistas que todavía quedan en la provincia de Buenos Aires.

El mayor temor del presidente Néstor Kirchner es perder el control sobre la inflación, que los precios sigan aumentando y que, obviamente, generen malhumor en la sociedad, la misma que con su voto respaldará, o no , al Gobierno nacional, el próximo 23 de Octubre. Ese es hoy el enemigo opositor por derrotar.

Según los libros de teoría económica, la inflación se define como el crecimiento continuo y generalizado de los precios de los bienes y servicios existentes en un economía, con la consecuente disminución del poder adquisitivo del dinero.

Una versión brutal de esa definición se vivió en el 2002, cuando el índice inflacionario trepó al 42 por ciento, que la mayoría de los productos de la canasta básica triplicaron o cuadruplicaron su valor al ritmo de los 4 pesos que llegó a valer el dólar (y no volvieron a bajar) mientras que los salarios se mantuvieron estáticos.

Un par de años después, ya mucho más calmas las cosas, el 2004 acumuló una inflación de 6,1 por ciento. El Ministerio de Economía preveía que, este año, el índice alcanzaría entre un 8 y un 10,5 por ciento como máximo, pero ya lleva acumulado –en el primer semestre- una suba del 6,1 por ciento, según datos del Indec, y se calcula que en julio el aumento superará el 1 por ciento.

¿Qué generó este brote inflacionario? Las respuestas varían.

El Ministro de Economía, Roberto Lavagna, fue el primero en advertir que el reacomodamiento de los salarios generaría un alza de precios.


Kirchner y Lavagna

Hasta esta semana, los funcionarios que militan en el Kirchnerismo puro habían refutado tal teoría, y hablaban de la necesidad de recomponer el valor adquisitivo perdido en la hecatombe financiera del 2002.

Pero los últimos números del Indec terminaron por convencer al Presidente de la necesidad de encolumnarse detrás de Lavagna y dejar de lado las suspicacias.

De hecho, hasta hace sólo unos días, lo único que parecía existir era el fragor de la lucha discursiva entre Cristina Fernández de Kirchner, ya candidata, y el ex presidente Eduardo Duhalde, a quien aquélla comparó con el personaje principal de El Padrino.

Ante esa dura evocación. las miradas de los fieles al Presidente comenzaron a dirigirse a Lavagna, por su condición de ministro heredado de la gestión Duhalde.

El Ministro no hizo –por cierto- ningún gesto de renunciamiento a sus orígenes. En medio de la pelea, sólo dijo que nadie lo había obligado, hasta el momento, a definirse por Kirchner o por Duhalde. Por lo que no se definió.

Se habló mucho del futuro de Lavagna. Que se iría antes de octubre, después de octubre, que daría un golpe maestro para debilitar a Kirchner y renunciaría, que su ciclo había terminado (en boca del líder de la CGT, Hugo Moyano, aliado del Gobierno), que ya no era confiable. Pero el alerta inflacionario cambió todo.

Si Lavagna, por su lado, y el Presidente, por el otro, tenían dudas mutuas sobre lo que vendrá, los últimos días demostraron que sus destinos políticos están, por el momento, atados al éxito conjunto.

En Economía explican el aumento de la inflación por el incremento de los salarios, que se habían comenzado a negociar con continuidad desde el año pasado. Los funcionarios del Ministro creen, además, que el aumento de la demanda no fue acompañado por una mayor oferta, porque no hubo suficientes inversiones.

Rápido de reflejos, fue el propio jefe de Gabinete quien salió a defender a Lavagna de las críticas de Moyano. Primero, dejó en claro que la Casa Rosada, y no sólo el Ministro, cree que hay que monitorear los acuerdos de subas saláriales; y, segundo, dejó sin efecto una medida que se había deslizado extraoficialmente el fin de semana pasada, y que daba cuenta de la inminencia de un aumento del 10 por ciento a los jubilados.

La decisión oficial parece ser, entonces, el enfriamiento de la economía, a través del control de salarios tanto estatales como privados, y también el monitoreo de los precios.

¿Es esta la causa de la escalada inflacionaria?


Discrepancias

Las opiniones varían según la receta personal del economistas que explique.

Desde el progresismo, el diputado por la CTA, Claudio Lozano, evaluó la situación ante un consulta de Debate: “Cada punto de crecimiento del precio de la canasta alimentaría significa alrededor de 90 mil indigentes más y cerca de 150 mil argentino más en situación de pobreza. El movimiento de precio tiene este contenido. El tema es que no hay ninguna razón para que haya movimientos alcistas de precios ni discusión inflacionaria en la Argentina, con lo cual estamos en presencia de un gran verso construido por las grandes empresas para evitar cualquier discusión sobre cómo mejorar los ingresos de la población”, dijo Lascano. Y añadió que “el dólar está quieto y con tendencia descendente; nadie puede entonces aducir que suben los costos de los insumos necesarios para la producción. En términos fiscales, tampoco hay razones para pensar que se generen problemas, porque el Estado saca más plata del mercado que la que pone. Tampoco hay una razón de puja distributiva, porque hoy los salarios están 11 puntos por debajo del nivel que tenían en el 2001. Lo que queda es que la razón por la que aumentan los precios es que las empresas que tienen poder de mercado fijan precios, con independencia de sus costos, para defender ganancias extraordinarias.”

La especulación empresaria es un tema que comenzó a inquietar al presidente: El costo laboral sigue siendo, por lo menos, un 30 por ciento más bajo que el de antes de la devaluación, por lo que todavía hay espacio para la recomposición salarial sin que deba ser trasladada inmediatamente al consumidor.

De hecho, en el minicomité de crisis que fue armado, exclusivamente, para tratar el tema inflacionario –y que integran, además de Kirchner y Lavagna, el jefe de Gabinete Alberto Fernández y el ministro de Trabajo Carlos Tomada- fue analizada una serie de medidas de advertencia para los empresarios que especulen con aumentos injustificados.

Una muestra de lo que pueden llegar a exponerse las empresas fue la multa millonaria que el Ministro impuso a tres compañías proveedoras de oxígeno medicinal, que se pusieron de acuerdo para aumentar indiscriminada y simultáneamente sus precios.

Entre los funcionarios también hubo un mea culpa, porque en marzo último, cuando el índice de precios al consumidor había tenido una suba brusca de más del 4 por ciento, el Gobierno trabajó en una serie de acuerdos de precios con los productores de los alimentes básicos. ¿Por qué no se mantuvo este monitoreo?, preguntaron a Lavagna en la Casa Rosada. La respuesta es que confiaron en que la suba había sido contenida.

Situado en una vereda ideológica opuesta a la de Kirchner, dos economistas también hicieron su diagnóstico.


Consultado por Debate, el economista José Luis Espert aseguró que “el problema es el aumento de los costos laborales; el aumento del gasto público, que ya es casi el doble del que teníamos en el 2001 y que ha sido todo para consumo, porque todo eso ha sido jubilación, salarios públicos. Y, además , el Gobierno en lugar de establecer reglas de juego claras y mantenerlas, prefiere el desarrollo de un capitalismo nacional. Esto, al calor de la discrecionalidad, trae como consecuencia que la inversión decrezca mucho a la luz de la pichicata que el Gobierno da a la demanda con aumento de salarios por decreto y gasto público.”

Recién regresado al escenario político, el candidato a diputado Domingo Cavallo también se ocupó de criticar a Lavagna. “los salarios no generan inflación. Habiéndose triplicado muchos precios y valiendo una propiedad inmueble, en las zonas mas ricas de la ciudad de Buenos Aires, más que en la época de la convertibilidad en dólares, los salarios han quedado atrasados, están bajísimos”.

El ex ministro de Economía, además, cree que nada de lo que viene en materia económica es prometedor. “Lavagna quiere que se mantenga una estructura de precios y salarios muy injusta y con una distribución del ingreso muy mala .

A eso. Lavagna le llama la estrategia del dólar alto, y beneficia a exportadores y a los que sustituyen importaciones, pero perjudica al resto de la población. Con esta política va a haber cada vez más inflación”, afirmó Cavallo con liviandad.

Un dato externo también ejerce presión en el Gobierno en el comienzo de las negociaciones por un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional: un documento interno del organismo hizo saber que no cree que el tema inflacionario en la Argentina esté controlado, y reclama un ajuste monetario, la reducción del gasto público (a tres meses de las elecciones) y que se deje flotar libremente al dólar, lo que significa un pedido concreto al Gobierno de que no compre más dólares para mantenerlo obligadamente alto. Claro que el dólar alto es, para Kirchner, innegociable, porque es parte fundamental del modelo exportador que lleva adelante el Presidente, y todas las exigencias del Fondo se disiparían si se demostrara que la inflación está plenamente bajo control.

Según Lozano, el Gobierno tendría que aplicar un paquete urgente de medidas. “Acuerdos de precios, una ley de abastecimiento que obligue a la empresas a vincular sus costos productivos con los precios y, en tercer lugar, el Estado puede aprovechar que las empresas formadoras de precios son las que reciben subsidios. Puede presionarlas, entonces, con quitarles esos subsidios si aumentan los precios. También se puede utilizar de manera selectiva. Hay múltiples instrumentos”. Asegura el economista.

Lo cierto es que, hoy por hoy, la inflación es el tema excluyente de la política. Duhalde es un enemigo a vencer el 23 de octubre, y parte de un triunfo posible ese día se pelea en los próximos meses en los bolsillos de la gente.

Es alentador que el crecimiento se consolide, y que la tendencia positiva continúe. La economía, en mayo, creció nada menos que un 10,5 por ciento, y superó todas las expectativas. “Este dato también tiene que ser medido junto con el de la inflación”, se quejan funcionarios de Kirchner.

Pero está demostrado que las expectativas modelan la economía. Y los cálculos inflacionarios proyectan un incremento mayo al 10, 5 por ciento anual pautado. Y, si esto se confirma, la tradición empresarial argentina marca que lo que sigue es un reflejo indexatorio que llega directo a los precios y convierte en más pobres a los pobres, y a muchos más en indigentes.


Futuro

¿Del futuro de Lavagna? Hoy tiene a Kirchner en perfecta sintonía, al Gabinete encolumnado, y con la concentración puesta en controlar cuanto antes la inflación.
“Lavagna tiene que dejar de ser el ministro del canje de la deuda y empezar a ser el ministro de Desarrollo, y nosotros no tenemos a ningún otro candidato que no sea él mismo”, se le escuchó decir a un hombre muy cercano al Presidente.

¿No podría ser Canciller después del 10 de diciembre? “Si Lavagna se va a la Chancillería terminaría auditando todas las decisiones económicas, se buscaría su opinión ante cada cambio o medida, y eso no es bueno para nadie”, asegura el mismo funcionario.

Dependerá, entonces, de las ambiciones políticas del ministro de Economía que, se sabe, quiere ser más que un funcionario. Se habló de la jefatura de Gobierno porteño y de la presidencia de la Nación.

Tales sueños sólo pueden llegar a ser posibles si Roberto Lavagna deja su sillón en el Ministerio de Economía con aire triunfal.

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José Luis Espert

Doctor en Economía

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