Kirchner es el único culpable de la inflación (*)

Para parar la inflación el gobierno tiene que dejar de hacer mucho lo que hizo desde mitad del 2002 hasta ahora. Tiene que dejar de aumentar el gasto público, no hacer más paquetes fiscales tipo “Feliz Navidad”, no aflojar más las condiciones para que los bancos presten, abrir la economía, dejar de fijar salarios por decreto y parar de enviar a los “gordos” de la CGT para que “aprieten” a empresarios para que suban salarios.

Por más que le duela en el alma a nuestro retrógrado progresismo y a las “viudas” de la convertibilidad, fue el ajuste fiscal ortodoxo de Duhalde primero y Kirchner después (5.3% del PIB de superávit fiscal primario en 2004 luego de 40 años de un déficit promedio anual de 3.6% del PIB) el que evitó la hiperinflación y causó una violenta caída en la salida de capitales de argentinos hacia el exterior (que, en los hechos equivale en sus efectos a una gran entrada de capitales) por u$s 20.000 millones (casi 20% del PIB). De esta manera, la demanda interna de consumo más inversión domésticas crecieron más de 20% desde principios de 2002 provocando un aumento del PIB de casi 25% para situarse ya en los mejores niveles de la convertibilidad (mediados de 1998).

Pero para Kirchner este espectacular crecimiento no era suficiente, faltaba más. Hacía falta demostrar que el 20% de votos con los cuales asumió el 25 de mayo de 2003, hace casi ya 2 años, no eran representativos de su ascendiente en la sociedad. Había que crecer más, a tasas Chinas de ser posible.

Por eso, el gasto público incluido los intereses de la deuda y las Provincias, que había caído 20% en términos reales (15 puntos porcentuales por congelar nominalmente el gasto primario y 5 por el default de la deuda) en 2002 para finalizar en 24.5% del PIB, desde ahí ya creció $31.000 millones y “pinta” para redondear otros $20.000 millones adicionales en un año de elecciones a la luz de las proyecciones del presupuesto nacional y el de las provincias para totalizar en 2005 un nivel de 26.2 % del PIB. Dentro de esta tendencia expansiva del gasto público no hay que olvidarse del paquete “Feliz Navidad” de 2004 que provocó un diciembre con un déficit fiscal récord de $2.500 millones (casi 6% del PIB).

Pero tampoco alcanzaba el estímulo económico de la entrada de capitales y el aumento del gasto público. El crédito bancario al sector privado que había llegado a caer hasta 30% anual hacia fines de 2002 provocando una enorme contracción en la demanda interna, cuando terminaba 2003 había dejado de contraerse, en mayo de 2004 crecía de a poco y hoy ya se está expandiendo al 35% anual. Encima, desde que asumió Martín Redrado en el BCRA, se han relajado muy fuertemente las normas para el otorgamiento de préstamos al punto que el gran “castigo” que recibe quien defaulteó un crédito bancario es el otorgamiento de una nueva facilidad para que se pueda poner al día.

En el medio de este boom de demanda interna provocado por la entrada de capitales, el aumento del gasto público y la expansión del crédito bancario, aparecía un objetivo que Kirchner siempre tuvo y que consistía en desarrollar un capitalismo de origen nacional basado en la sustitución de importaciones. No vaya a ser que el aumento de la demanda interna se fuera de las fronteras argentinas por medio de las importaciones. Entonces el gobierno comenzó a cerrar la economía. Ha habido protecciones para textiles, autos, termotanques, heladeras, lavarropas, calzados, juguetes, etc. Y pueden venir más a la luz de que las importaciones chinas están poniendo en peligro tasas de ganancias del orden del 300% en algunas empresas que compiten con importaciones.

Además, pesificar las tarifas de los servicios públicos a 1×1, no ajustarlas por 3 años, cuando comienzan a ser elevadas se lo hace de manera insuficiente (pequeños ajustes para grandes consumidores) e imponer multas por incumplimiento de contrato cuando el Estado fue el primero que los violaba, persiguió, persigue y perseguirá el objetivo de que el concesionario y/o licenciatario extranjero se vaya y le venda la empresa a algún amigo de la Rosada de sangre verdaderamente criolla (mucho mejor si es pingüino) por “chauchas y palitos”.

Otro de los objetivos que Kirchner se propuso desde su asunción fue restaurar la “movilidad social ascendente” o lo que es lo mismo pero en criollo: mejorar la distribución del ingreso. De paso, se insuflaba más “gas” a la demanda doméstica. La disparatada lógica progresista-nacionalista en la Argentina es que a un capitalista hay que sacarle todo el capital que se pueda (sin llegar al extremo de la socialización) porque lo que le sobra después de pagar sus gastos y consumos lo fuga al exterior (afectando negativamente la demanda interna) y mucho peor todavía si ese capitalista es un extranjero.

Así es que al gobierno ha recaudado un fenomenal impuesto sobre la inflación en los balances de las empresas al no ajustarlos por la suba de precios por un monto cercano a los $5.000 millones, que crece a los $5.500 millones al sumarle que el mínimo no imponible en bienes personales no fue ajustado luego de la devaluación y llega a los $16.000 millones si agregamos las retenciones a las exportaciones. Y todo esto sin tener en cuenta que por ganas más dinero las empresas han pagado más impuesto a las Ganancias para financiar la “movilidad social ascendente” (a la Kirchner) porque el grueso de ese dinero va a financiar la infinidad de planes sociales que pululan por el presupuesto público y que ya superan los $6.000 millones.

Pero así como para Kirchner no alcanzaba una demanda que volaba por la entrada de capitales después de evitar la hiperinflación y la infló más todavía con aumentos sin pausa del gasto público, paquetes “Feliz Navidad” y cerrando la economía, tampoco le alcanzaba con apropiarse de lo que pudiera de la ganancia empresaria para financiar planes sociales. Faltaban más.

Desde mediados de 2002 el gobierno decretó 6 sumas fijas no remunerativas (julio 2002; enero, marzo y mayo de 2003; enero de 2004 y enero de 2005) de las cuales 2 fueron incorporadas al salario bruto (en julio de 2003 la de mayo 2003 por $200 y en abril de este año la de enero pasado por $50) y 8 veces subió el salario mínimo para llevarlo de $200 en julio de 2003 a $450 en setiembre de 2004, lo cual implicó una suba del costo laboral de $22.000 millones más de 6% del PIB que sumados a los $16.000 millones anteriores da un total de $36.000 millones de transferencias para mejorar la distribución del ingreso que, además, en la lógica del gobierno también serviría para crecer más todavía.

Resulta obvio entonces que la inflación podría reaparecer. Hasta ahora la estamos duplicando por segundo año consecutivo. En 2003 fue de 3.7%, en 2004 de 6.2% y en el primer trimestre de 2005 de 17% anual. Es preocupante pero si el gobierno mantiene el superávit fiscal no vamos de ninguna manera a una aceleración de los precios sin pausa y si en el resto descripto en esta nota hace lo contrario de lo realizado hasta ahora, la inflación llegará hasta acá.

Todo ha sido por querer tener ya y ahora (vienen las elecciones de setiembre), dentro del “modelo productivo”, los niveles de actividad de Menem y una buena distribución del ingreso. Demasiada adrenalina. Demasiado tosco. De todas maneras, no deberíamos sorprendernos. Este apuro que termina en una duplicación de la inflación no es distinta de la exasperación del Presidente que de apurado y descuidado terminó lastimado al darse un flor de “palo” en la frente contra una cámara de fotos al salir a saludar a la gente cuando recién asumía en mayo de 2003.

(*) Parte de este trabajo fue publicado en Ambito Financiero el jueves 14 de Abril de 2005, pagina 9 con el título "Inflación es general (pero se puede frenar)"