El lánguido dólar

La combinación en Estados Unidos de déficit fiscal con rojo comercial devalúa la divisa y pone al resto del mundo ante el lánguido dólar

En el corto plazo, las consecuencias son relativamente beneficiosas para la Argentina

¿Amenaza para el mundo? ¿Ventaja momentánea para la Argentina? Ambas cosas a la vez.

Pocos imaginaban, hace tres años, mientras el país buscaba el modo de desprenderse de un modelo atado a un dólar fuerte, juzgado por muchos sectores industriales como la peor de las desgracias humanas, que la propia divisa norteamericana se devaluaría tiempo después y se convertiría, para los mismos empresarios argentinos, en una buena noticia.

Algo había intuido Domingo Cavallo meses antes del derrumbe de la convertibilidad, cuando anticipó que el euro, por entonces más débil, se recuperaría frente al dólar, y que por eso la Argentina debía pensar en atar en parte su suerte a la divisa europea. Pero el superministro de Fernando de la Rúa ya tenía, a esas alturas, valga la ironía, devaluada su imagen, por lo que sus palabras fueron tomadas entre los inversores sólo como un audaz deseo.

Pero la baja del dólar llegó. La moneda se depreció, desde principios del 2002 a hoy, alrededor de un 30% en relación con el euro. Resultado: preocupación para Europa, que teme entrar en recesión; indiferencia en Estados Unidos, que necesita financiar su descomunal déficit fiscal y de cuenta corriente, y cierta euforia en determinados sectores industriales de la Argentina, que ven una oportunidad para seguir aumentando su competitividad después del guiño que les hizo la devaluación.

Para explicarlo puede acaso servir una frase del presidente de Fiat Auto Argentina, Cristiano Rattazzi, a quien su carácter de dueño genuino suele otorgarle ciertas licencias discursivas. "Si esta depreciación hubiera venido antes, se habría ganado mucho para la Argentina sin la necesidad de los disparates del 2002. Lo mismo pasó con la soja: si hubiéramos tenido este precio antes, habríamos evitado varios disparates."

Rattazzi cree, como la mayoría de los analistas de los mercados emergentes, que la tendencia tiene aquí matices buenos y malos.

Lo malo: a Fiat, por ejemplo, se le encarecen brutalmente los motores diésel common rail que importa de Italia, y eso impactará en los precios de los autos de los próximos meses. Lo bueno: cuando la misma automotriz exporta motores a la zona euro obtiene mayor rentabilidad que antes.

"Yo ahora -sigue Rattazzi- lamento que hayamos perdido el tren y no hayamos hecho un acuerdo de libre comercio con Europa."

El campo sonríe. "Esto favorece nuestras exportaciones, porque nosotros vendemos a Europa", explica Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural. Pero Miguens no parece, en rigor, excesivamente desvelado por los vaivenes del mercado cambiario. "Ahora, nuestros problemas son otros: tenemos un dólar muy distorsionado por las retenciones. Eso nos embroma internacionalmente, porque complica los precios de nuestros productos."

La tendencia bajista engendra también una paradoja: a pesar de que los precios de las materias primas, como los cereales y el petróleo, están en dólares, la depreciación de la divisa provoca alzas en las cotizaciones. Puede graficarse con el comportamiento de la soja desde mayo hasta hoy: a pesar de la referida devaluación de la divisa norteamericana, cayó más en euros (-51%) que en dólares (-46%).

Ricardo Baccarin, de la corredora de cereales Panagrícola, dice que el aluvión de ventas hacia los commodities y los incrementos podrían ser mucho más intensos, pero que la política monetaria china lo impide. En efecto, el gobierno del país asiático sostiene la paridad a 8,28 yuanes por dólar promedio, lo que frena la demanda hacia Estados Unidos. De ahí las sucesivas presiones del gobierno de George W. Bush para que China se decida por un cambio flotante y, así, poder colocar productos en ese mercado.

Las razones de Bush

¿Por qué cae el dólar? La razón fundamental son los déficit comercial y fiscal norteamericanos, provocado el segundo, entre otras causas, por el gasto de la guerra en Irak y los alivios impositivos otorgados por el Tesoro a los ingresos altos. ¿Cómo financiar ese gasto monstruoso, mientras el rojo fiscal supera los 500.000 millones de dólares, y el de cuenta corriente, los 700.000 millones? Bush eligió el camino de la emisión. Se emiten dólares y bonos que aumentan la oferta de la divisa, cuyo precio cae, como ocurriría en cualquier mercado, como consecuencia de esa mayor disponibilidad de dinero.

El ciclo no termina ahí. Quienes más compran esos dólares y bonos emitidos son los bancos centrales de países del sudeste asiático, que emiten menos de sus propias monedas, con lo que esas divisas se aprecian. Dicho de otro modo: el déficit de cuenta corriente norteamericano se financia con el ahorro del resto del mundo.

Así lo explica el economista José Luis Espert, de la consultora Espert & Asociados. “El mundo no puede tener déficit, porque es un todo –dice–. Entonces, cuando hay un país que tiene déficit, hay otro que ahorra. Hay mucho inversor extranjero que compra dólares, pero eso no alcanza para levantar el precio, porque la oferta desde Estados Unidos es mucho mayor.”

Espert recuerda, sin embargo, que no es una novedad la caída del dólar frente a monedas del Grupo de los Siete. Por el contrario, la depreciación persiste desde hace 40 años, con excepción de la gestión de Bill Clinton en la Casa Blanca. “Fue el único con superávit fiscal en cuatro décadas”, apunta. Eso llevó, pues, a la fortaleza del dólar que provocó tantas quejas industriales en aquella Argentina de la década del 90.

Ahora, para los más ardientes enemigos del dólar alto, el panorama es mucho más prometedor. “Nos ayuda, un dólar devaluado nos ayuda, es indudable –dice José Ignacio de Mendiguren, del Grupo Industriales–. La mayoría de las deudas e insumos nuestros vienen del área dólar.”

La contracara es el aumento en el costo de bienes de capital o repuestos europeos. Para seguir con el ejemplo textil: telares que vienen de Italia, ramas de tintorería, cardas, continuas para hacer hilados, todo se encarece. De Mendiguren dice que, hasta el momento, sólo se siente en los repuestos.

Hay, con todo, otros dos efectos que la debilidad del dólar podría regalarle al mundo. El primero es negativo y ya produce inquietud entre empresarios y analistas: la posibilidad de que la fortaleza del euro dispare una recesión en Europa. “Todo lo que es demasiado desequilibrado crea problemas –dice Rattazzi–. Creo que el dólar está bajando demasiado. Va a entrar en recesión Europa, y la recesión de Europa nadie la quiere.”

Baccarin teme lo mismo para la soja, el trigo y el maíz. “En algún punto, a pesar de las supuestas ventajas, esta depreciación termina atentando contra el crecimiento económico global, y ése es un dato negativo en sí mismo para los cereales.”

¿Hay peligro real de tal recesión?, le preguntó LA NACION a Guillermo Calvo, ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y la respuesta fue que sí. “Mi conjetura –dice Calvo– es que la fortaleza del euro se debe, en parte, a que la política monetaria de Estados Unidos ha sido muy expansiva y que Asia se ha pegado al dólar. Si Europa no sigue una política monetaria más expansiva bajando las tasas de interés o comprando dólares, es posible que su tasa de crecimiento se resienta. El problema que tiene el banco central europeo es que su misión es exclusivamente la tasa de inflación y no así la tasa de crecimiento. La Fed, en cambio, pone el ojo también en el nivel de actividad económica. De esa manera, si hay un desequilibrio mundial, la carga cae sobre los hombros de Europa, particularmente porque Asia está pegada al dólar.”

El otro efecto puede ser alentador, y es una posible caída en el precio de los fletes como consecuencia de la incertidumbre sobre el crecimiento global.

Esos costos se han triplicado durante los últimos dos años, hasta el punto de convertir el flete casi en el principal gasto.

Si un argentino quiere comprar una tonelada de soja argentina, el precio es de 180 dólares. Pero si la quiere comprar un chino, tendrá que pagar 90 dólares más de traslado. Conclusión: el flete es capaz de llevar al doble el valor de un producto.

Baccarin dice que este costo ha distorsionado demasiado el mercado de granos y que sería muy positivo que disminuyera. “Una tonelada de trigo vale 150 dólares en el golfo de México y 115 en la Argentina. Sin embargo, cuesta competir: esa ventaja queda neutralizada por el flete.”


¿Cambio de tendencia?

Hay quienes suponen que tantas elucubraciones perderán sentido el año próximo, porque el dólar ha tocado su nivel más bajo. Ahora, anticipan, vendrá la recuperación. Así lo cree Calvo.

“Mi opinión es que el dólar ya está suficientemente devaluado. La expectativa es que los déficit van a bajar, pero de manera paulatina. No creo que Asia se desprenda de los dólares porque sería contraproducente para ellos. Asia y China tienen aún incentivos para seguir acumulando reservas internacionales, porque Asia no quiere volver a depender del Fondo Monetario y China necesita reservas para respaldar su sistema bancario, especialmente cuando abra el mercado de capitales en un par de años. Como, a pesar de su apreciación, el euro es aún una moneda joven y posiblemente volátil, sospecho que Asia y China seguirán acumulando dólares. Esto ya garantiza que una parte importante de la oferta adicional de deuda pública que emita Estados Unidos para financiar su déficit fiscal sea absorbida por Asia y China, lo que tenderá a estabilizar el dólar”.