Nuevo cruce con el FMI, que reclamó más ajustes

Krueger pidió mayor superávit fiscal; Kirchner contestó que no cambiará el tope del 3%

Exactamente una semana después de haber llegado a un acuerdo que evitó que el país entrara por segunda vez en default con el Fondo Monetario Internacional, el Gobierno y el organismo de crédito volvieron a enfrentarse por el que será uno de los ejes de la discusión de aquí en adelante: el nivel de superávit fiscal primario (la diferencia entre ingresos y gastos del Estado, necesaria para cumplir con el pago de la deuda) que el país está dispuesto a alcanzar en los próximos dos años.

Con mesura, pero tajante, el presidente Néstor Kirchner repitió ayer lo que había dicho la semana pasada, horas después de sellar la paz con la directora interina del Fondo, Anne Krueger: "El 3 por ciento de superávit se va a mantener (en 2005 y 2006). No se toca. Ya he sido suficientemente claro con eso". Respondió así desde Río de Janeiro (donde se reunió con su par brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, de lo que se informa por separado) al reclamo de Krueger, conocido ayer, para que el país alcance un ahorro mayor que le permita destinar más recursos al pago de la deuda en default.

Además, la funcionaria le sugirió al Presidente que "enfríe la retórica", en alusión a las reiteradas críticas del gobierno argentino contra el Fondo. "Eso mejoraría mucho la relación de los dos lados", acotó Krueger.

Al responder a estas afirmaciones, Kirchner mostró un tono irónico: "Hoy tuve la cabeza en otra cosa mucho más importante. Ni leí lo que dijo", expresó.

El nuevo contrapunto con el Fondo parece indicar que la negociación para aprobar, en junio próximo, la tercera revisión del acuerdo vigente a tres años será ardua y que la discusión por el nivel de superávit de los dos próximos años, que en los papeles está pautada para septiembre próximo (durante la última revisión del actual programa), ya comenzó.

En el mismo sentido que el Presidente se pronunció el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que sostuvo que "el tres por ciento es un piso y un techo", en directa respuesta a las afirmaciones que la directora interina del organismo, Anne Krueger, desgranó en un reportaje con el diario Clarín publicado ayer. Según la funcionaria del Fondo, en el acuerdo firmado con la Argentina se establece que el 3% previsto para este año es el piso (ver aparte).

En la entrevista, Krueger insistió en que se acelere el proceso de salida del default y reveló que en la inminente reunión del directorio del organismo para tratar el caso argentino (sería el próximo lunes) "un par de países ya ha dicho que van a abstenerse… hay mucha preocupación con respecto a la Argentina en la comunidad internacional. Existe el sentimiento de que ha llegado la hora de enfrentar los problemas".

Con las diferencias que las partes mostraron a través de la prensa, quedó establecido que la discusión por el ahorro que deberá hacer la Argentina para pagar su abultada deuda con los acreedores, por 83.000 millones de dólares, ya comenzó.

Ayer, en Río de Janeiro, el Presidente se ocupó de minimizar la diferencia de criterio que existe con el Fondo Monetario, aunque sabe que el Gobierno se acerca a otro frente de tormenta. "Ella (por Anne Krueger) tiene su opinión y yo soy un hombre democrático y la acepto", dijo, en tono más diplomático, y empezó a hablar del acuerdo sellado con su par de Brasil: "Hay que tener capacidad transgresora para negociar. No podemos estar condenados toda la vida a las situaciones sociales que tenemos hoy. Por eso es tan importante lo que resolvimos con Lula" (de lo que se informa en la Pág. 6).


Sin nervios

Por su parte, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, dijo ayer que las declaraciones de Krueger "son propias de una negociación. No hay que ponerse nerviosos". Lavagna fue consultado desde Río por el programa radial de Mirtha Legrand.

En el Ministerio de Economía evitaron hacer cualquier referencia a los dichos enviados desde Washington (que, por cierto, ya conocían) aunque puertas adentro admiten que fijar el superávit de los próximos dos años será una tarea titánica.

Entre los analistas, en tanto, las posiciones son disímiles. Están quienes sostienen que el país no debe moverse del 3% comprometido y quienes consideran que ese nivel llevará al fracaso la oferta de reestructuración de la deuda.


Este es el caso del economista José Luis Espert. "Claramente el país podría mejorar el nivel de superávit primario si el Gobierno deja de ser hipócrita y deja de gastar cada peso domésticamente con el fin de convertir a todo el país en un gran plan Jefes y Jefas de Hogar. La Argentina podría mejorar su ahorro, nadie lo sentiría y no tendría ningún costo recesivo", dijo a LA NACION.

En el mismo sentido se pronunció Luis Secco, que expresó que "la situación fiscal argentina es tan óptima que flexibilizar la meta no será dramático, pues no habría que bajar el gasto ni aumentar impuestos".

Una posición totalmente opuesta expresó Orlando Ferreres, que calificó de adecuada la decisión de Kirchner de "plantarse" en el 3%. "Cuando el país tiene el 54% de su población bajo la línea de la pobreza es bastante difícil imaginar que se puede ofrecer mayor ahorro. Es muy lindo decirlo sentado desde un despacho en Washington, pero es inviable", dijo.

De todos modos, consideró que el Gobierno cometió un gran error el año último cuando en la negociación con el Fondo sólo se ocupó de establecer el superávit para este año. "Sabían que este momento iba a llegar. Decían que sería a partir de septiembre, pero no, la dura lucha por el superávit ya comenzó. La estrategia está bien; hay que darse cuenta de que el FMI envía el mensaje de los que quieren cobrar."

El economista Eduardo Curia, en tanto, opinó que la posición del Presidente es entendible dentro de un proceso de negociación, aunque consideró que si el Gobierno lleva adelante una política monetaria y cambiaria adecuada, la mejora fiscal se dará por añadidura.

“Una política monetaria con razonable expansión, con tasas alineadas y una política cambiaria que preserve el tipo de cambio bien competitivo redundará, al final, en una mejora fiscal. Entonces, el superávit podría extenderse un poco y llevarlo, por ejemplo, al 3,5% del PBI", dijo.