El Presidente Kirchner vs. Espert – El Plan Económico – "Qué aplauden los que aplaudían"

Por Orlando Barone

La sociedad puede estar segura de que de haber sido hoy presidentes Carlos Menem o López Murphy no hubieran dicho ni hecho nada de lo que ha dicho y hecho Néstor Kirchner. Ambos darían fe de este concepto, ya que ese "nada" tan tajante resulta del análisis político: ninguno de estos dos ex candidatos, aun siendo diferentes, hubiera enfrentado a la Corte, a la jefatura del Ejército, a los sectores empresariales europeos, a los economistas "ortodoxos" del reciente pasado, ni hubiera tomado distancia de la Sociedad Rural ni alentaría un replanteo de las causas de los militares acusados de crímenes. Así como, al contrario de este gobierno, hubieran optado por negociar rápidamente el aumento de las tarifas de los servicios públicos en vez de atajarlos, y su relación con el FMI sería otra y también otra su relación con la gente.

Sin embargo, aun aplicando abiertamente una acción política contraria a las respectivas propuestas de aquéllos, Kirchner recibe una adhesión popular que supera el ochenta u ochenta y cinco por ciento. ¿Cómo es posible? Sería lógico entender que parte de esa aprobación resulta del aporte de los votantes de Carrió o de otros candidatos peronistas y progresistas, ya que entre ellos podrían existir coincidencias generales. Pero para que la adhesión a Kirchner sea tan amplia , y teniendo en cuenta que entre Menem y López Murphy sumaban casi el 40% del electorado, no queda otra estimación numérica que considerar que gran parte de quienes los votaron ahora están conformes con el actual presidente. Cualquiera sea el cálculo con que se especule, resulta asombroso que un gobernante que hace todo lo contrario de lo que se proponían hacer López Murphy y Menem esté obteniendo semejante consentimiento colectivo. Aunque es probable que dadas ciertas fluctuaciones psicológicas y anímicas argentinas no todos los nuevos que lo apoyan hayan tomado conciencia del cambio de objetivos: porque lo que hoy aplauden no tiene nada que ver con lo que aplaudían previamente.

A diferencia de Lula, que ascendió desde la izquierda y ya en el poder parece adecuarse levemente hacia el centro, el presidente argentino cada día que pasa parece acentuar el sentido progresista de su mensaje. Cuando desde un asilo de ancianos en ruinas dijo: "Esta es la Argentina oculta que los economistas ortodoxos negaban". O cuando, a través de los nombres de los economistas Avila y Espert, denuncia la participación de la ortodoxia brutal como alentadora del colapso argentino, Kirchner refuta el retintín de los años noventa. Lástima que únicamente destacó a Avila y Espert como los más entusiastas. Porque dando por obvios a los que actuaron en roles principales, como Cavallo, Roque Fernández o Pedro Pou, se podría aumentar el número: Solanet, Aldo Abraham, De Pablo, Melconian, los hermanos Alemann, Pablo Rojo, Artana, Broda, Viglione, Calvo, Cachanovsky, etc. El caso de Alvaro Alsogaray es especial: pertenece a otros ciclos históricos y fue un abanderado que se integró al elenco con fatalidad genética. Cualquiera de ellos debería sentirse menoscabado por no haber sido incluido en la lista de Kirchner, como se hubieran merecido y por lo que se sentirían orgullosos. El Presidente puede haberse olvidado de nombrarlos. Pero nadie duda -y ellos menos- que estar en ese listado les haría justicia. La memoria es importante, por eso la ciencia estudia la aplicación de estimulantes cerebrales que la refuerzan para que uno, ya mayor, no se olvide de las cosas. No es mi caso. No puedo olvidarme de la fiesta en la Rural, de hace unos años, durante la visita de los Clinton. Estos se dormían en el palco mientras miraban pasar a los gauchos. El banquero Raúl Moneta fue el celebrado animador de ese espectáculo. A lo mejor, Kirchner, cuando miró su agenda, también pudo haberse acordado.