Menor crecimiento mundial marca cambio de paradigma económico

¿Qué es lo que hay detrás de la burbuja bursátil y media década de crisis en las economías emergentes? Cuando llegó el colapso financiero de México, en el ’95, muchos pensaron que era cosa de apretarse el cinturón y esperar el nuevo ciclo de crecimiento. Pero uno tras otros los golpes se han venido sucediendo y la recuperación no llega. "Lo que estamos presenciando es un cambio de paradigma económico", responde José Luis Espert.
"Vamos hacia un mundo de niveles de crecimiento mucho menores y mucho menos dispuesto a asumir riesgos". El director de la consultora Espert y Asociados cree que los últimos shocks económicos terminaron de rematar un profundo cambio en la actitud inversora en todo el mundo.

Durante el último cuarto del siglo XX hubo dos ciclos de capitales golondrina: a fines de los ’70 y a fines de los ’80. Ambos períodos terminaron en crisis muy severas. En opinión de Espert, el nuevo siglo ha traído el comienzo de una nueva fase, marcada por un fuerte premio a la mayor liquidez, menor endeudamiento y riesgos para crecer, un crecimiento más orgánico y ganancias más modestas aunque más sostenibles. "El mundo está volviendo a las fuentes originales, de menos crecimiento pero más estable porque hay menos leverage (apalancamiento)", señala.

Golpe sobre golpe

Toda la construcción de riqueza financiera que acumularon las bolsas mundiales, especialmente el mercado tecnológico Nasdaq, se esfumó en cosa de tres años a partir del 2000. La bolsa de
la era digital pasó de 5.000 puntos a cerca de 1.200, el mismo nivel que registraba en 1998. "Este desplome tuvo características tan extravagantes y ha dejado tantos heridos entre los inversionistas del primer mundo que va a pasar bastante tiempo antes de que se recuperen los animal spirits de la inversión".

Sobre el colapso de la burbuja se sumó la ola de crisis en las economías emergentes que comenzó en 1995, en México y luego afectó sucesivamente a Argentina, el sudeste asiático, Chile, Rusia, Brasil, Ecuador y otra vez a Argentina, en enero del 2002.

La guerra de la coalición anglo-estadounidense contra Irak sería de este modo el tercer clavo que viene a rematar el ataúd de las expectativas de una fuerte recuperación. A esta altura, dice Espert, ni siquiera un rápido desenlace del conflicto en Medio Oriente sería suficiente para producir un cambio de ánimo en los inversionistas. La moderación será la nueva regla inversora.

Chile pierde velocidad

Espert, también profesor de la Universidad Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (CEMA), estuvo de visita en Santiago la semana pasada. Aunque destaca la solidez de la economía, opina que Chile entró a una etapa de crecimientos más modestos causada por razones estructurales y no sólo como consecuencia de los golpes externos. Los beneficios de las reformas realizadas a comienzos de los ’80, dice Espert, han perdido su fuerza para impulsar el crecimiento. "Tras expandirse a una tasa promedio de 7% por casi una década, después de la crisis asiática del ’97 la economía chilena no ha sido capaz de superar tasas de crecimiento del orden del 3,5%"

Términos de intercambios que ya no son tan favorables y un debilitamiento fiscal importante conspiran contra la posibilidad de mantener un ritmo de expansión acelerado. Espert cuestiona particularmente la forma en que se está aplicando el modelo de superávit estructural.

"No veo que la situación de los términos de intercambio de Chile dé, por ejemplo, para que el fisco tenga los ingresos que tiene calculados por el cobre. Creo que eso va a complicar la tasa de crecimiento potencial".

Camino al desastre

Respecto del panorama para el resto de la región, Espert concentra su atención en el futuro de Brasil. Aunque varios economistas advierten una mejora en las condiciones de corto plazo de la mayor economía de Sudamérica, él sigue viendo debilidades estructurales de largo plazo y asegura que Brasil transita un sendero de endeudamiento insostenible que podría desembocar en una reestructuración de la deuda.

"Brasil tiene una deuda pública de 65% del Producto Interno Bruto (PIB), devenga una tasa de interés promedio de 12% sobre su deuda, equivalente a 9% del PIB. En los últimos seis años la deuda pública de Brasil creció 30 puntos del Producto".

La reciente mejora en la capacidad del gobierno para levantar financiamiento y el correspondiente repunte en la confianza de los inversionistas, destaca, son tendencias de corto plazo. "Pero Brasil muchas veces en la última década mostró leves mejorías seguidas de caídas. Si uno mira los números de largo plazo, fiscalmente están sistemáticamente más comprometidos que antes", advierte.
"Hasta qué nivel de deuda puede llegar Brasil sin caer en default no está claro, pero está en un sendero claramente insostenible. Uno no puede tener todos los años una deuda pública creciendo cinco puntos del Producto como ha tenido Brasil en los últimos seis años".