El Gobierno espera crecer 3% y los analistas dicen que se queda corto aunque Ud. no lo crea

En default y a punto de terminar el peor año de su historia, las proyecciones económicas de crecimiento para los próximos doce meses llegan hasta el 7 por ciento.

Hay números desfavorables: el 53,8% de la población está por debajo de la línea de pobreza, la inflación del año ha sido de 41,7%, los ingresos de los trabajadores retrocedieron en un 30% y el producto bruto interno (PBI) terminará el año con una caída superior al 10 por ciento.

Además, aunque esta vez parezca más cercano y hasta tenga una fecha probable (el 8 de enero de 2003, según dijo el presidente Eduardo Duhalde), el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional
sigue ubicado en el futuro. Y si tal acuerdo no se alcanzara durante la gestión actual, quien llegue al poder el 25 de mayo debería asumir atrasos por un monto estimado de US$ 8720 millones.

Aún así, hay expectativas favorables: según la pauta del Presupuesto votado esta semana, el Gobierno espera que la economía crezca un 3% en 2003, la pauta inflacionaria es del 22% y se destinarán $ 14.983 millones al pago de la deuda pública.

¿Son razonables las expectativas del Gobierno? Sí, y algunos hasta las califican de conservadoras, estirando el crecimiento posible hasta los 7 puntos porcentuales. Nueve economistas consultados por LA NACION coincidieron en señalar que el condimento político que le pondrán las elecciones a 2003 será importante, aunque no fundamental.

"La reactivación que ahora empezó es producto de dos cosas: primero, de la fijación del tipo de cambio -de facto actualmente-lo que generó mejor clima económico y la recuperación parcial de los depósitos bancarios", indicó Juan José Llach, director del área Economía del IAE, de la Universidad Austral. Según él, los números de crecimiento económico para el año próximo que estima el ministro de Economía le parecen adecuados, aunque podría elevar su proyección al 5% si se alcanza un acuerdo con el fondo en el que se incluya una carta de intención que contenga metas fiscales e inflacionarias y no sólo una postergación de los vencimientos (roll over).

En el Gobierno tienen claro que si está tranquilo el dólar se puede respirar. Por eso, el tipo de cambio, anclado en 3,50 pesos por dólar desde hace cinco meses, se convirtió en un objetivo común por mantener, acordado entre el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el designado presidente del Banco Central, Alfonso Prat-Gay.

Para José Luis Espert, de la consultora Espert & Asociados, el Presidente parece haber asimilado la lección económica de los últimos veinte años: "La híper te mata y el dólar loco también; como Duhalde tiene claro eso, mientras él esté, hará todo lo que haga falta para mantener la estabilidad, aún a costa de defaultear toda la deuda que queda por defaultear ".

En ese escenario, el economista cree que la primera parte del año luce mejor que la segunda. "Veo que la Argentina entró en una zona donde los crecimientos económicos pueden ser de entre 1 y 2 por ciento porque aunque se paró la sangría del país, el PBI comparado con el 98 cayó 25% en términos reales", señala.

Con él coincide Carlos Rodríguez, rector de la Universidad del CEMA y ex secretario de Política Económica, quien opina que el dúo "estabilidad -veranito" se debe a que la caída se detuvo tras el anuncio de una fecha más o menos cierta para las lecciones. "De todos modos esto no sería crecimiento sino factor de arrastre, hay gente que tenía ahorros, que el año pasado no compró ni pan dulce y que este año no ve el futuro tan tenebroso y dice “vamos a gastar un poco”. Sobre esa base, creceríamos un 2%, aunque si pasa lo bueno creceremos entre 4 y 5 por ciento."

Lo bueno para Rodríguez es que las elecciones sean ganadas por alguno de los candidatos que prometen realizar un giro hacia la economía de mercado. Para él, la estabilidad que Lavagna cuenta entre sus logros se parece a hacer la plancha: "Lo mejor que hace el ministro es que no hace nada, y está bien, porque podría dar subsidios, seguir con los planes de competitivdad y otras locuras".

Aldo Abram, economista de Exante que integra los equipos que asesoran al ex mandatario y candidato presidencial Carlos Menem, espera que el crecimiento del año próximo sea menor al esperado por el Gobierno. "Con una buena gestión el crecimiento de 2003 podría quedarse entre el 2 y el 3% y yo creo que el país puede crecer hasta 10% luego de 2004."

En sintonía con la opinión de Carlos Rodríguez, Abram cree que se está gestando un proceso de salida gracias a las expectativas favorables de alentar elecciones. "Dependerá de quién sea el próximo presidente y si cae o no en el altar de la estupidez y la demagogia", resumió Abram, que tampoco le reconoce méritos a Lavagna, pero sí al ex presidente del Central; "¿FMI?, seguimos sin acuerdo, ¿ejecuciones hipotecarias?, tema pendiente; ¿tarifas?, sin resolver; ¿depósitos reprogramados?, dos canjes fracasados. El único héroe acá es Pignanelli, por sostener la política cambiaria".

Pero Lavagna tiene quien lo defienda. Daniel Carbonetto, diputado del Polo Social e impulsor del Plan Fénix para conseguir la reactivación y el crecimiento económico, dice que está de acuerdo con el programa económico del ministro porque no había otra salida que el default.

"Aquí hubo un ménage â trois entre acreedores irresponsables, dirigentes que tomaban crédito a altas tasas y el Fondo, corresponsable absoluto de la caída", grafica.

Ante el default y la devaluación consumados, Carbonetto cree que se hicieron las cosas bien. "Si ahora se consigue el roll over de los vencimientos, las expectativas de la gente serán favorables y en el primer trimestre de 2003 puede haber un crecimiento de hasta 7 por ciento si se aplican políticas reactivadoras."

En ese sentido, propone un amplio programa de obra pública que se ocupe de generar empleo para la construcción de viviendas, forestación y otros trabajos que eventualmente reemplazarían a los actuales subsidios para desocupados.

Qué se puede hacer

Los caminos para que la tenue recuperación se consolide son claros, seg ún los economistas. Se trata de mantener una política monetaria ordenada, acordar un plan sustentable con el FMI, controlar el gasto y mejorar la competitividad empresarial para aumentar el empleo y la producción.

"Tendremos superávit comercial importante y soy optimista si la política económica es coherente con la que se adoptó en materia cambiaria en los últimos seis meses", dijo Héctor Valle, economista de FIDE.

Los reclamos de Valle se dirigen al sector privado. Según él, llegó el turno de aprovechar el dólar alto y lograr que deje de ser una cuasi renta para muchos sectores. "Ahora los empresarios no tienen excusas para salir a exportar, tienen salarios bajos, tarifas congeladas, dólar altísimo, que salgan a vender. Si tenemos un empresariado dispuesto a correr riesgo, la situación del país se puede mejorar rápidamente", explicó.

Otros miran hacia el Estado. "La recuperación es posible sin soluciones mágicas, habrá que remontar la cuesta haciendo las reformas y consiguiendo que haya un Estado eficiente, solvente y capaz de cumplir con una deuda bien reestructurada y pagable", dijo Manuel Solanet, de la consultora Infupa y ex subsecretario de modernización del Estado.

Solanet, que pertenece al partido Recrear, de Ricardo López Murhpy, señala que hay dos condiciones que, de cumplirse, elevarían las posibilidades de que el veranito se convierta en reactivación. Primero, que la inversión vuelva a subir a sus niveles históricos promedio (20% del PBI), y segundo, que las exportaciones recuperen financiamiento. "Así las ventas al exterior reaccionarían ante el nuevo tipo de cambio alto como no lo hicieron en 2002, creciendo en 2003 entre 10 y 15% -indica-. Entonces, el crecimiento del PBI podría superar el 7 por ciento."

Sobre los números del presupuesto que el Gobierno logró aprobar antes de que se inicie el nuevo ejercicio, los economistas opinaron que es "correcto" y que es una base para seguir afinando los números.

"Tal como está planteado el presupuesto 2003, es un buen punto de partida para seguir negociando con el FMI, aunque estimo que la tasa de crecimiento de la recaudación tributaria es exagerada", señaló Ricardo Theller, director del departamento de Economía y Finanzas de la UADE.

Para el académico, esta "exageración" se puede corregir si se logra que el Estado mejore su capacidad de control de la evasión impositiva.

"En 2003 se revertirá parcialmente el ajuste que se hizo durante este año dado que la Nación aumenta el gasto a un ritmo superior a la variación del PBI nominal. Esta es una señal de alerta y la única forma de asegurar que la participación del sector público en el PBI se mantenga en estructurales pendientes", señaló Nadin Argañaraz, presidente del Ieral, de la Fundación Mediterránea.

Según Juan Llach, hay muchos privilegios escondidos en el presupuesto actual que se podrían eliminar para obtener ahorros fiscales: "A pesar de que se trate de un gobierno de transición, es posible aplicar mejoras en la recaudación y buscar algún acuerdo para mejorar los sistemas de coparticipación e impositivo. Obviamente se trata de medidas muy difíciles que requieren consenso, pero hay que decir la verdad, ni siquiera lo intentaron".

Los economistas creen que el Gobierno puede hacer su parte para lograr que el crecimiento de 3% para 2003 se haga realidad.

"Ante malas noticias podría volver la recesión, pero para eso habría que cometer errores muy graves, que no creo que se cometan. Al menos hasta que lleguen las nuevas autoridades", concluyó Llach.