La Argentina decadente

La diferencia entre el desarrollo económico como un fenómeno de largo plazo y el crecimiento económico como una cuestión estadística de corto es algo que pareciera no caber en la mente de los políticos argentinos. Nuestra clase dirigente no comprende que si llegamos hasta este punto, la peor crisis de nuestra historia, no fue por mero azar o fatalidad del destino, ni por 25 años de liberalismo como le gusta decir a la "hechicera de Carrió", ni por una década de "estúpida Convertibilidad" como sostiene el dúo dinámico de Duhalde-Lavagna. Llegamos como consecuencia de 70 años de políticas públicas erróneas, en lo que podríamos llamar la "decadencia argentina".

Ahora bien, en este contexto tenemos que comprender que una cosa es "crecer" el año próximo un 0,5-1,5%, lo cual resulta anecdótico en el medio de una crisis que ya nos hizo perder la década en materia de producto y otra muy distinta es el "crecimiento sustentable". Este último proviene de la implementación de reformas de fondo que ataquen la raíz de nuestros problemas. Y en este sentido, la aplicación de políticas macroeconómicas erradas es sólo un aspecto de la cuestión. También hacen falta reformas de fondo en materia de educación y política, ya que nosotros los argentinos deberíamos saber bien que ningún plan económico es a prueba de estúpidos.

En materia educativa hay que terminar con los 60 años malditos que llevamos de "alpargatas sí, libros no". La Argentina no necesita de "trabajadores educativos" sino de los mejores docentes que pueda conseguir. Para ello hace falta eliminar el Estatuto Docente, descentralizar las decisiones a nivel de escuelas autónomas y remunerar de manera adecuada a quienes se dedican a la tarea.

En materia política hay que establecer bases meritocráticas para acceder al poder, de modo que sean los mejores en base a su idoneidad y ética y no los peores los que llegan a la función pública. Además hay que reducir en forma drástica el número de políticos, ya que además de altamente ineficientes resultan muy difícil de controlar.

En materia económica, la Argentina tiene que comenzar a "vivir del comercio con el mundo" y dejar de "vivir mendigando del mundo". Para ello es necesario tener una economía abierta y competitiva, para lo cual es requisito anterior tener una alta tasa de ahorro interno. ¿Cómo se logra? En primer lugar teniendo un sector público que ahorre en lugar de generar sistemáticamente déficit que alguien del exterior o interior debe financiar (equilibrio fiscal). Para ello hay que eliminar el sistema de coparticipación federal de impuestos y transferirle potestades tributarias a las provincias, para que cada una gaste lo que recauda en lugar de contar con el "auxilio" de la Nación para gastar siempre igual, en las buenas y en las malas. Entre otras reformas también hay que eliminar la promoción industrial, respetar los derechos de propiedad, mantener bajos los aranceles para el comercio exterior (como Chile) y contar con un Banco Central autónomo que no termine pasándole a la sociedad la factura del impuesto inflacionario para financiar los desequilibrios fiscales del Gobierno.

Hay que decir fuerte y claro que tal como están planteadas las cosas hoy, la Argentina está inserta en una tendencia de largo plazo a la decadencia. Como prueba de ello tenemos que la única respuesta a la que atinan nuestros dirigentes para salir de nuestra peor crisis son los "plancitos reactivantes" que el Gobierno ha venido anunciando en las últimas semanas. No hace falta decir que ni con el "Plan Canje III" de vehículos ni con un plan de viviendas vamos a alcanzar un sendero de crecimiento sustentable en el tiempo.

La cuestión es que no estamos corrigiendo los problemas fundamentales que explican nuestra decadencia. Mientras que después de la Segunda Guerra Mundial los países desarrollados se dedicaron al comercio, la Argentina se embarcó en una reedición de la experiencia autarquizante de la Alemania nazi y la Italia facista. En lugar de tratar de crear una economía de mercado competitiva y abierta, la Argentina siguió la alternativa "fácil" de una economía corporativista y cerrada, en donde el Estado-socio distribuía prebendas a los capitalistas autóctonos.

En lugar de preocuparse por hacer crecer el tamaño de la torta, el Estado periódicamente se ocupaba de redistribuir una torta cada vez menor desde algún sector con ganancias hacia todos los que daban pérdidas. En el corto plazo esto puede funcionar, pero en el largo la dinámica es negativa.

Una vez más desde el Gobierno se plantea hoy más de lo mismo. En lugar de intentar aprovechar la ocasión para insertarnos al mundo, el Gobierno vuelve a intentar basar su estrategia en "inflar" el mercado interno. En esa lógica se insertan todas las últimas medidas: baja transitoria de 2 puntos del IVA, apertura del corralito, alivio a los deudores (pesificación 1 a 1, reemplazo de CER por CVS, suspensión de ejecuciones), consolidación de deudas públicas, suba de salarios (privados y públicos con la devolución del 13%), y todos los "plancitos reactivantes". Ni que hablar de que se ensalza la devaluación no porque haya permitido bajar el gasto público real o porque haya hecho más competitivos nuestros productos en el exterior, sino porque permite una mayor sustitución de importaciones.

Tampoco están lejos de esta filosofía quienes proponen como base de una estrategia de crecimiento el volver a atrasar el tipo de cambio para reactivar en base a la demanda interna.

Para países chicos como el nuestro está claro que el único resultado del mercado-internismo y dirigismo es empobrecernos a todos en el largo plazo, cosa que queda clara en los últimos 70 años, tiempo suficiente para darnos cuenta que tenemos que hacer otra cosa. Claramente uno de los peores escenarios para la Argentina es uno en el cual continuemos haciendo las mismas cosas que hasta ahora, dándonos periódicamente la cabeza contra la pared. En los ’80 el exceso de déficit fiscal con una política monetaria permisiva nos llevó a terminar en híper. En los ’90 tuvimos una política monetaria dura (expresada en las instituciones de la Convertibilidad, vulneradas irónicamente en su último año por su mismo creador) pero con la misma inconsistencia fiscal de los ’80, que al final de cuentas hizo saltar por el aire también las instituciones monetarias. Si no cambiamos sustancialmente la técnica macroeconómica vamos a continuar navegando a la deriva entre crisis y crisis.

Eso es válido en cuanto al largo plazo. Un análisis aparte merece el corto. Lo que tenemos aquí es un detenimiento de la caída en el nivel de actividad y una cierta estabilidad monetaria. Para esto la política fiscal ha jugado un rol fundamental, al contener el gasto y no demandar mayor emisión monetaria para financiamiento del déficit.

En el plano externo alcanzamos una depreciación real importante, del orden del 60%, aunque no está claro que este sea el piso. Históricamente el nivel más bajo del tipo de cambio real fue el de la híper de 1989-90. Hoy estamos en un nivel cercano al del lanzamiento de la "Tablita" de Martínez de Hoz en 1978. El estímulo a la sustitución de importaciones con una depreciación real tan grande es enorme y sin lugar a dudas ya está generando mayor actividad en muchos sectores.

Por otro lado, otra influencia positiva, al menos en el corto, para la actividad es la desaceleración de la salida de capitales. Durante 2001 y el primer semestre de 2002 la fuga de capitales del sector privado se financió tanto con el flujo de la cuenta corriente como con la pérdida de reservas. En la actualidad la pérdida de reservas se detuvo, por lo cual podemos ver que el sector privado está fugando sólo el flujo de ingresos (superávit de cuenta corriente) y no los stocks (reservas).

En este análisis más acotado en el tiempo los "plancitos reactivantes" dirigidos a estimular la demanda interna pueden tener cierta incidencia en el nivel de actividad. Después de todo las políticas keynesianas de manejo de la demanda pueden resultar efectivas cuando el producto actual está por debajo del potencial de la economía. La cuestión es, claro, ¿cómo se financia ese estímulo adicional cuando el Estado esta quebrado? Puede hacerse con mayor emisión sólo en la medida en que exista demanda por ese dinero (señoreaje) y en cualquier caso es una estrategia muy de corto plazo que puede utilizarse hasta que se satura la demanda de dinero.

En el largo plazo estamos de vuelta en lo mismo. El Estado no puede "crear" demanda interna sin tomar prestado afuera de la economía. Y a nivel interno sólo puede redistribuir, con el agravante de que si grava muy onerosamente a algún factor en un mundo sin fronteras éste votará con sus pies (se irá, siendo la única excepción los recursos naturales por razones obvias). Resultado: todos pierden.

Es comprensible que este tipo de políticas de estímulo a la demanda y redistribucionistas (el "vivir con lo nuestro" del Plan Fénix) cuenten con plafond político en momentos como el actual, con el 60% de la población pobre, 25% indigente y cerca del 45% con problemas de empleo. Pero lo cierto en economía es que lo que puede ser bueno o deseable hoy puede ser malo a futuro. El problema, claro está, es también uno de consistencia temporal. Ya que quienes toman las decisiones hoy (tanto del lado de los políticos como de los votantes) son quienes obtienen al menos parte de los supuestos beneficios de tales políticas, en tanto que quienes pagarán la mayor parte de sus costos en el futuro no entran en el debate actual.

El peligro real de una Argentina decadente es que terminemos tomando nuestro lugar en latinoamérica y acostumbrándonos a la pobreza.

Los "Plancitos Reactivantes" de Duhalde-Lavagna:

1)Capital de Trabajo a PyMEs: Los bancos Nación, Provincia y Ciudad (aquellos sobre los cuales el FMI puso el ojo) acuerdan el otorgamiento de líneas de crédito a "empresas nacionales" con destino a financiar capital de trabajo. (Además de no aceptar los planteos del Fondo: auditorías externas, ponerse bajo jurisdicción del BCRA, congelar su participación en el negocio, eficientizar su gestión -incorporando capital privado, quizá-, entre otras medidas)

2)Viviendas 1: Construcción de viviendas con BODEN. Se planea comenzar con un cupo de $ 300 M a tal fin, del cual $ 150 M serán para emprendimientos individuales. El Gobierno rescataría los títulos a $140 + CER por cada u$s100 de valor nominal.

3)Viviendas 2: El Plan de Viviendas anunciado por el Ministro Lavagna el martes 19 en la Cámara Argentina de la Construcción, consistente en la terminación de 23.000 "viviendas sociales" en menos de 8 meses (antes de que este Gobierno deje el poder) a financiarse con fondos del FONAVI

4)Autos 1: El Plan Canje III de automotores. El Gobierno todavía no lo puede poner en marcha porque las automotrices le reclaman una deuda de u$s 350 M (o $ 700 M pesificados) del Plan Canje anterior

5)Autos 2: El mecanismo actual para la compra de autos con BODEN. El Gobierno dispuso un cupo de $ 300 M a licitar durante dos meses, desde el 18 de Octubre. El primer tramo ya se agotó. El segundo vence el 18 de diciembre. Las concesionarias estiman que el plan producirá ventas por 15.000 unidades en los 2 meses de vigencia.

6)Autos 3: El plan para que las terminales automotrices operen parte de su producción en "zonas francas" con el objetivo de que no paguen impuestos ni aranceles sobre autopartes importadas que luego coloquen en vehículos destinados a la exportación. ADEFA estima que podrían obtenerse ahorros del 4/5% en los costos

7)GNC: El llamado Plan Industrial de Utilización del Gas Vehicular, con el objetivo de equipar a todo el autotransporte nacional con equipos de GNC, congelando su carga impositiva por 15 años. Se trata de cerca de 10.000 unidades en todo el país que deberían reconvertir sus equipos. El proyecto recibe críticas de transportistas y automotrices por la fuerte inversión inicial que supone

8)Lácteos: El "Plan Nacional de Lechería" para salvar a los productores del sector, donde se estima una caída del 15% en la producción para 2002. La SAGyP estaría estudiando medidas como la refinanciación de pasivos y estímulos impositivos

9)Consumo: La rebaja del IVA en 2 puntos porcentuales por dos meses con la intención de "darle un empujoncito" a la economía para que arranque. El costo fiscal estimado asciende a los $ 380 M durante los dos meses de aplicación

10)Salarios: El incremento del aumento de salarios en el sector privado de $ 100 a $ 150 a partir del próximo enero, que se extendería por otros 6 meses y continuaría siendo de carácter no remunerativo. Se espera que salga por DNU

11)Ejecuciones: El acuerdo con los bancos para prorrogar las ejecuciones hipotecarias (que cayó como una bomba al FMI) hasta el 1° de Febrero de 2003. Según ABA y Abappra hay 16.000 morosos que podrían ser ejecutados. En el caso de las hipotecas extra-bancarias ya existe un proyecto de DNU para imponer la mediación obligatoria entre acreedor y deudor por un plazo de 30 días hábiles y en sede judicial (no administrativa).

12)Crédito a Exportadores: La utilización de BODEN para otorgar crédito a los exportadores. El Ministerio de la Producción pretende crear fideicomisos para este fin por u$s 300 M. Los exportadores reciben dinero del banco participante contra la entrega de BODEN. La CNV todavía tiene la reglamentación bajo estudio.

13)Corralito: La liberación total del corralito a partir del 2 de diciembre. Inicialmente unos $ 14.500 M de depósitos pasarán a ser de "libre disponibilidad". Con el correr del tiempo también se irán sumando los plazo fijos nuevos realizados dentro del corralito por unos $ 9.300 M adicionales. En total se trata de $ 23.800 M de depósitos sobre los cuales se levantan todas las restricciones

14)Corralón: Ya existen trascendidos de que el Gobierno podría decidir adelantar la devolución de los depósitos reprogramados (CEDROS) de hasta $20.000 o $30.000 (a $1,40 + CER por 1 u$s), si no hay inconvientes con la liberación del Corralito

15)Consolidación de Deudas: Junto con la liberación del corralito el Ministro Lavagna anunció el viernes 22 de noviembre la consolidación de deudas del Estado al 31 de diciembre de 2001 por $ 4.000 M, las cuales en conjunto con nuevas deudas asumidas por el Estado durante 2002 por otros $ 4.000 M (retroactivo del 13% para jubilados y empleados públicos, indemnización a empleados de YPF y distintos fallos judiciales) implicarán el reconocimiento e instrumentación de $ 8.000 M adicionales de deuda pública.