Sin apoyo entre los economistas

Muchas críticas y apenas algunas señales de comprensión. Eso fue lo que cosechó entre diferentes economistas el plan del Gobierno para reemplazar los plazos fijos por bonos.

"Perdido por perdido, es una buena alternativa. Es mejor que la reprogramación de los depósitos que se estaba financiando con emisión de dinero sin respaldo. Pero es peor que un plan Bonex privado, donde cada banco emita sus propios bonos", dijo el habitualmente crítico Jorge Avila, del CEMA, uno de los pocos "comprensivos" con el nuevo plan.
Para el economista, hubiera sido preferible esa segunda opción. Pero, a su juicio, no se hizo "por cuestiones ideológicas y con el propósito de salvar a los bancos nacionales débiles, como el Provincia y el Nacion".

Juan José Guaresti, ex director del Banco Central y profesor en la UBA, también se hubiera inclinado por salir del corralito por "la lógica". Según su opinión, "los bancos tenían que emitir pagarés, reprogramar su deuda con un interés razonable y garantía de su casa matriz". Para el economista, en cambio, se optó por cometer una "triple estafa": al ahorrista, porque le van a dar bonos de un Estado quebrado; al contribuyente que no tiene depósitos en el corralito, porque la emisión de bonos va a incrementar la deuda externa; y a los actuales acreedores de la Argentina. "Nada le dará más rabia que su deudor agrave su situación", explicó.

El economista José Luis Espert también lamentó que "la castigada sea la gente". Además advirtió que el nuevo plan "significa la desaparición del ahorro en la Argentina, porque el día en que podamos ahorrar no vamos a ahorrar acá. Sobrarán bancos y quedará un sistema financiero para 10 entidades que se dedicarán a cobrar la luz y el teléfono".

En el mismo sentido se pronunció Juan Alemann: "Lo grave es que nadie está pensando en el futuro. El sistema bancario tenía 85.000 millones en depósitos y ahora va a quedar con 10.000 millones", dijo.

Claudio Lozano, economista de la CTA, fue sumamente crítico:
"El plan opera como una confiscación sobre los ahorros, que obviamente va a ser mayor cuanto menor sea la capacidad financiera de los ahorristas. Los mas débiles van a tener que reventar estos bonos y sufrirán una quita grandísima, del 80%".

Lozano advirtió que esa estrategia implicará "un proceso de dolarización de la deuda pública" y un incremento de ese millonario pasivo. Lo mismo opinó Eduardo Curia, del Encuentro de Economistas Argentinos: "El plan es una redolarización trucha. Aparecen títulos en dólares pero en un pagadiós", evaluó.