Desde 1995, impuestazos suman $ 28.000 millones

Es inconcebible cómo luego de que se haya desatado la peor crisis de la historia por cuestiones, en esencia, de exceso de gasto público en la última década, la respuesta a las urgencias sociales del gobierno de turno se solucionan siempre de la misma manera: más impuestos para gastar más. Peor imposible.

Desde el mismo día del lanzamiento de la convertibilidad el 1 de abril de 1991, se sabía que la única manera en que no sólo funcionaría sino que se evitaría una explosión de características siderales, era con disciplina fiscal canibalesca, más aún cuando ya la convertibilidad había sido lanzada con un atraso cambiario importante acumulado durante 1990 gracias a la “brillante” gestión de González Fraga al frente del BCRA. Sin embargo, la deuda pública que era de 20% del PIB en 1990, ya estaba en 60% del PIB a fines de 2001 cuando se produjo el default. O sea que el endeudamiento del sector público había crecido 40% del PIB en diez años con lo que el déficit fiscal promedio anual estuvo en 4% del PIB casi todo financiado externamente. Es decir, nos endeudamos en el exterior hasta el cuello para financiar populismo, demagogia, coimas y ñoquis en el sector público.

Obviamente, la consecuencia lógica iba a ser el default y la devaluación. El primero porque la deuda pública se iba a transformar en impagable y la segunda porque nadie en el exterior iba a aceptar perder sin que nosotros también lo hiciéramos. Lamentablemente, nosotros hicimos dos cosas malas (el default y la devaluación) de la peor manera. El default fue con aplauso del Congreso y pensado como una manera de tener más plata para gastar más internamente. Incluso, recientemente hubo versiones de que el gobierno quería pesificar también la deuda externa pública y adicionarle una quita del 60%. Un verdadero disparate. La devaluación fue acompañada por la pesificación para licuar las deudas de los que hoy gozan del calor del poder en esta Argentina corporativa, prebendaria y corrupta. O sea, todo recontramal.

Poco antes del default a fines de 2001 y pesar de una caída importante de la recaudación desde mediados de 1998 cuando comenzó la recesión que ya cumplirá 4 años, los impuestos que embolsaba el Estado argentino superaban a los de 1991 en $35.000 millones (que en ese momento eran también dólares). Entonces ¿cómo fue posible llegar a la peor crisis de nuestra historia si el fisco recaudaba mucho más que diez años antes? La respuesta es que el gasto público sin intereses creció tanto como la recaudación dejando el déficit fiscal igual que en 1990 cuando el país sufría un drama como la hiperinflación. Entonces, si la situación fiscal era igual a la de un momento de profunda crisis no había porqué no pensar que viviríamos momentos de tanta crisis o más todavía porque no sólo es importante el nivel del déficit fiscal sino su financiamiento que, como había sido casi todo externo durante la convertibilidad, un default nos pondría fuera del planeta como está pasando ahora.

De esta manera, las consecuencias de las políticas fiscales irresponsables que aumentan el gasto público en el medio de un “overshooting” de la recaudación primero y luego lo intentan financiar con impuestazos como pasó en la última década son claras y dramáticas. Lo terrible es que parece que la lección no fue aprendida por una clase política que es la principal responsable de la peor crisis de la historia argentina. Veamos.

El “sueño argentino” terminó con el “Efecto Tequila”. Nunca más desde ahí tuvimos crecimiento que luciera sostenible aunque tampoco lo era el del período 1991-1994 porque estaba basado en el endeudamiento externo para financiar aumentos de consumo (gasto público) e inversión doméstica. Desde 1995 en adelante el sector privado sufrió una verdadera pesadilla impositiva (incluyendo el impuestazo de Remes) de $28.000 millones. Obviamente que era imposible tener crecimiento económico con impuestazos cada dos por tres. Pero suena inconcebible que después de una política fiscal suicida de seguidilla de aumentos de impuestos para financiar gasto público que terminó en el default y la devaluación, la política económica volviera a ser más impuestos para financiar más gasto público, ahora el Plan Social de Chiche Duhalde.

Gasto Público

Por supuesto que hay que luchar contra la pobreza, pero la manera no es más impuestos contra el sector privado sino que debería haber sido baja del gasto público de ñoquis, jubilaciones de privilegio, pensiones graciables, subsidios por todos lados como el Fondo Especial del Tabaco y el subsidio al gas en la Patagonia, la Promoción Industrial, el sobreemplo público, etc. ¿No fue lo suficientemente clara la lección que dejó el fin de la convertibilidad que demostró que todo explota cuando aumenta el gasto público pari pasu con la suba de la recaudación venga ésta por reactivación o impuestazos y con el déficit fiscal resultante financiado externamente? ¿Acaso hace falta que los argentinos suframos más crisis todavía por culpa de intentar sostener una burocracia inútil y corrupta con una presión impositiva formal salvaje que alienta la evasión y quiebra a empresas como moscas? ¿Cuándo le toca al gasto público? ¿No le tocó ya bastante al sector privado?

Apenas la devaluación generó algunos ganadores como los productores de bienes comerciados, hemos agarrado a los exportables y ya les sacamos la ganancia a través de las retenciones pero particularmente al petróleo y al campo. Respecto del sector agropecuario hay que ser justos. Los peronistas, desde los tiempos del General, tienen en la cabeza que el campo es pura renta y que hay que sacársela con retenciones para que la industria, sin demasiado esfuerzo, pueda pagar salarios reales altos (los alimentos quedan baratos con las retenciones) para que el “pueblo” esté contento. Pero una cosa era el campo a mediados del siglo XX (que claramente tenía renta aunque esto no justifica su expropiación) y otra es en el siglo XXI donde más retenciones implica profundizar más todavía su crisis y mandarlo a la quiebra. Por otro lado, la dirigencia agropecuaria parece dormir una siesta desde hace décadas y hoy se vuelve a equivocar. Su error no es despotricar hoy con el adicional de 10% que le puso Remes ahora, sino no haber hecho un escándalo con el primer 10% de principios de año.

Lo que ocurre es que se ha instalado la absurda idea de que la peor crisis de la historia en la que estamos la generaron los que ganaron plata en la última década. No cabe duda que la manera en la que en muchos casos se hace dinero es parte del problema de Argentina con negocios truchos, corruptos, corporativos y prebendarios. Pero la presente crisis está causada esencialmente por un problema fiscal de exceso de gasto público que endeudó externamente al país, reventó a impuestos al sector privado y atrasó el tipo de cambio como nunca en la historia. Por culpa de eso y del pésimo manejo que se hizo del default y la devaluación estamos como estamos. Es cínico e hipócrita que desde la clase política se nos diga que ahora la manera de solucionar los problemas que tenemos es más de lo mismo: subir impuestos para gastar más en el Estado.

Acá hay un tema que hay que discutir ¿Por qué, más luego de que la peor crisis de nuestra historia estuviera relacionada con un exceso de gasto público, nunca se recurre a una baja de gasto y siempre el recurso es aumentar impuestos? Porque está claro que el gasto público en Argentina no es una forma de devolverle los impuestos a la gente bajo la forma de bienes públicos sino una manera de generar poder vía el clientelismo, amiguismo, coimas y negocios truchos. Esto ya es de por sí inadmisible. Pero lo que es peor es que nos digan, por ejemplo, que bajar el gasto público tiene costos sociales ¿Acaso no tiene costos sociales una tasa de desempleo que era de 18% en 1995 y hoy pinta para 25% luego de que los sucesivos impuestazos le intentaron sacar al sector privado $28.000 millones? “Intentaron” porque la recaudación hoy es $8.000 millones en base anual menor a la de 1995 debido a la recesión que en parte los impuestazos generaron.

¿Creen los políticos que se aferran al gasto público que el desempleo ha sido todo por despidos de ñoquis cuando lo único que están dispuestos a hacer es a bajarles el sueldo? No, todo el desempleo fue causado por el sector privado que no pudo emplear a las 300.000 personas que todos los años se incorporan a la oferta de mano de obra, debido a que los privados han estado muy “ocupados” fundiéndose pagando impuestos para que “la Chiche” pueda mostrar en EE.UU. “la cara social de la crisis”.

Argentina no está ni condenada al éxito ni al fracaso. Todo depende de lo que haga y en ese sentido vale la pena recordar en este momento de profunda crisis económica, financiera, social y de valores algunas frases de nuestros padres de la patria. “Antes sacrificaría mi vida que echar una mancha sobre mi vida pública” José de San Martín. “El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente” Manuel Belgrano. “No está prohibido que un hermano del presidente fuese ministro, pero la decencia lo impide” Domingo F. Sarmiento. “Si el gobierno (…) conserva la alianza con la corrupción y el desorden, hace traición a las justas esperanzas del pueblo” Mariano Moreno.

Nota Original: ÁMBITO FINANCIERO | 12/04/2002

Picture of José Luis Espert

José Luis Espert

Doctor en Economía

TESIS DOCTORAL
PAPERS
DIPUTADO NACIONAL
Libros
LA ARGENTINA DEVORADA
LA SOCIEDAD CÓMPLICE
NO VA MÁS
CADENAS INVISIBLES
Prensa
ARTÍCULOS
TELEVISIÓN
RADIO
Scroll al inicio