El salariazo de Cavallo

Domingo Cavallo admitió que entre las medidas que imagina para reactivar se encuentra la anulación del incremento del impuesto a las ganancias que se aplicó para los asalariados y autónomos en 2000. Los beneficiarios serían sólo los que tienen ingresos mensuales entre $ 1500 y $ 6000, y todo dependería de que no se ponga en riesgo el resultado de las cuentas públicas.

Los economistas creen que una rebaja de las cargas fiscales resultaría un buen empujón hacia el consumo.
Pero advierten: la prioridad es no descuidar la todavía delicada situación fiscal.
"Toda medida procrecimiento es bienvenida -dice Carlos Pérez, director ejecutivo de la Fundación Capital-.
Pero la previsibilidad fiscal es una condición indispensable para el desarrollo de un país y todavía no está claro que la meta anual acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) se pueda cumplir."

El gobierno de Fernando de la Rúa se comprometió ante el organismo a no superar un déficit fiscal de US$ 6500 millones este año. En el mercado se muestran tranquilos respecto del segundo trimestre, pero hay dudas respecto del segundo semestre. "Están faltando unos US$ 1000 millones", se animan a adelantar algunos analistas.
José Luis Espert, titular de Espert & Asociados, se muestra intransigente en la defensa de las cuentas públicas.
"Es absurdo, ¿cómo se van a bajar impuestos cuando el Estado está quebrado? El principal problema de la Argentina es de solvencia fiscal, no de reactivación", asegura.

"Es muy complicado volver atrás con las medidas de (el ex ministro de Economía José Luis) Machinea -explica Carlos Arbía, economista jefe de la consultora Exante-. Sería buena señal para las expectativas de la gente, pero tendría un gran costo fiscal."
¿Cómo salir del pozo en el que está la economía? "El ajuste es el mejor camino para crecer", aseguraban los colaboradores de Machinea cuando defendían el paquete impositivo. Muchos economistas los aplaudieron.

La iniciativa, con la que se quiso recaudar US$ 2000 millones, incluyó un aumento de los tributos sobre productos de consumo masivo, la extensión del IVA a la medicina prepaga y una ampliación de la base sobre la cual se cobra el impuesto a las ganancias. Casi un millón de trabajadores que ganan más de $ 1500 mensuales sufrieron una rebaja en sus salarios de bolsillo del uno al diez por ciento.

El mayor impacto cayó sobre los sectores medios: quedaron afectados por el mayor pago en ganancias y también porque sus consumos habituales fueron los más gravados. "Entonces Machinea transformó la recesión del 99 en depresión -recuerda Espert-. Pero por lo menos estuvo correcto en el diagnóstico, aunque erró con el remedio. El problema del déficit no se soluciona apretando al sector privado con más impuestos."

Héctor Valle, titular de FIDE, hace referencia al golpe psicológico de la suba de impuestos. "La decisión de Machinea fue muy negativa, no sólo porque afectó el ingreso de la gente, sino porque generó una sensación de pobreza aún mayor que el impacto real que tuvo la medida", comenta.

Luego del piso de recesión al que se llegó en junio del 99, la gente comenzó a liberar su consumo en forma lenta pero sostenida. La buena imagen de De la Rúa, que corría primero en las encuestas, y la expectativa de una mejor gestión de gobierno estimularon el optimismo. Hay un dato revelador: según una encuesta realizada en octubre por la Fundación Mercado, el 78% de las consultados apostaba por una baja de impuestos tras el cambio de gobierno. En cambio, llegó el "impuestazo" y el ajuste en el Estado, con rebajas en los salarios de los empleados.

La lógica del equipo de Machinea era ajustar para contener el déficit, bajar la tasa de riesgo país y de interés y atraer más inversiones. Pero las medidas terminaron teniendo un efecto procíclico, es decir, en favor de la profundización del ciclo recesivo.
La desconfianza de los inversores internacionales en el país siguió creciendo al ritmo del rojo fiscal y las internas de la Alianza, los argentinos recortaron todavía más sus gastos y la palabra recesión se instaló en el lenguaje de todos los días.
Ni la inversión, ni el consumo, ni las exportaciones mostraron señales de recuperación significativa en los últimos meses.

Una de las características esenciales de esta recesión, además de su duración, es que ha significado fuertes transformaciones estructurales en los hábitos de la población.
A fines de 1999, cuando evaluaba que sus ingresos futuros no mejorarían, la gente comenzó a "estirar" sus ingresos comprando segundas marcas, marcas propias de supermercados y productos de menor calidad.
"Lo que en principio pareció un simple mecanismo de coyuntura, durante el último año se transformó en una decisión permanente, que modificó la calidad del gasto corriente hacia niveles inferiores", dice Oscar Liberman, director de la Fundación Mercado.

Pero la persistente recesión demostró que el ajuste era insuficiente. "Por eso la gente arrancó 2001 postergando sus gastos en bienes durables (automóviles, electrodomésticos) y ahorro", agrega el especialista.
Cuando se les pregunta a los economistas si el "impuestazo" fue un error, las respuestas no son contundentes. "El tema es difícil. Lo que está claro es que no se creció, pero tampoco tuvimos default -dice Pérez-.

Es cierto que cuando preocupa mucho lo fiscal el crecimiento económico se posterga. Pero no hay que ignorar que las dos serias amenazas de cesación de pagos por las que atravesamos tienen su origen en una Argentina que no recibe financiamiento voluntario desde hace ocho meses."

Arbía tiene una opinión similar. "En su momento vimos que las medidas de Machinea iban a tener un efecto claramente negativo. Pero la situación fiscal del momento, con un déficit de US$ 10.000 millones, era extremadamente delicada."
Mientras tanto, Domingo Cavallo, y su equipo preparan un paquete de medidas para evitar que se diluya el efecto positivo del megacanje. No quieren que se repita la historia del blindaje financiero, que trajo tranquilidad por apenas dos meses.
Entre otras medidas, analizan un plan de competitividad para el sector exportador y mejoras en el ingreso de las clases media y baja. La gran duda es, como dice Valle, "si a Cavallo le van a dar los números fiscales para hacerlo".

Liberman no duda de que la demanda interna debe formar parte del motor de la reactivación. Y para que despierte faltan dos cosas: que aumenten mucho las expectativas o el ingreso disponible.
Un estudio de la Fundación Mercado realizado en marzo último descubrió una demanda contenida: los consultados manifestaron que, con un incremento del 10% en sus ingresos, destinarían casi el 60% de ese adicional a consumo (principalmente de alimentos, bebidas, indumentaria, calzado y servicios) y el resto a ahorro. "Por eso la medida más certera sería bajar el IVA, que libera recursos en los sectores medios, combinado con un fuerte plan antievasión", opina Liberman.

Pérez, en cambio, volvería primero atrás con el impuestazo de Machinea. "Es un símbolo, porque frenó la recuperación económica. El impacto sería fuerte por el cambio de expectativas. Además, si no se percibe que hay demanda, tampoco hay inversiones."

El economista atacaría después las medidas aplicadas por Roque Fernández, que gravaron la inversión. "Dejaría el IVA para lo último, por su importancia en la recaudación. Para que tenga algún impacto sobre el consumo habría que bajarlo por lo menos en tres puntos, y eso significa US$ 3000 millones. Pero repito, cualquier baja de impuestos debe ser sostenida por un financiamiento genuino."