El Problema son las ideas y no los nombres

Finalmente, Machinea se fue del Ministerio de Economía como consecuencia del fracaso rotundo de su gestión. Fracasó en bajar el déficit fiscal a tal punto que el año pasado estuvimos al borde de la cesación de pagos y también fracasó en hacer crecer a la economía (nuestra estimación del PIB en el 2000 es que caería 0,3%).

El problema central de Argentina sigue siendo de raíz fiscal. En el 2001 el déficit sin las mentiras habituales del tándem Gobierno-FMI rondará los $16.000 millones. Una verdadera bomba de tiempo fiscal.

¿Puede solamente el cambio de Machinea por Ricardo López Murphy generar crecimiento económico?

Nuestra postura es que no de manera sostenida. Existe una probabilidad de que el recambio ministerial genere algún "veranito" financiero como el que causó en enero el famoso "blindaje". Puede ser que también genere una muy leve recuperación de la economía. Pero crecer a tasas altas y mantenerlas en el tiempo es imposible.

Para que López Murphy genere algún crecimiento sostenido hay que cambiar de manera dramática, por lo menos, la política fiscal demencial que seguimos desde el mismo día del lanzamiento de la convertibilidad y que ha consistido en aumentar el gasto público cada vez que aumentaba la recaudación y financiar el déficit fiscal resultante con privatizaciones cuando las había, con el mercado privado de deuda pública externa cuando las primeras se terminaron y con el blindaje cuando los mercados se cerraron hacia fines del 2000 ante la imposibilidad de que Argentina pagara su deuda.

Este cambio implica renunciar al acuerdo con el FMI y ser infinitamente más duro que nuestro auditor externo. Un déficit fiscal de alrededor de $15.000 millones como tiene Argentina desde hace varios años, nos lleva al colapso y al caos con Machinea, con López Murphy y con Gardel y Lepera juntos.

Por lo tanto, lo que se necesita mucho más que simplemente cambios de nombres, es un vuelco drástico en la política fiscal. Si no, estaremos cambiando el capitán del barco que se hundirá tarde o temprano. En vez de ser Machinea, en algún tiempo será López Murphy.

Bajar el déficit fiscal a 0 para evaporar el fantasma de la cesación de pagos que sigue sobrevolando sobre Argentina, requiere de un enorme valor por parte del Ministro de Economía y de toda la clase política junta, pero es la única manera de despejar el horizonte del "tormentón" que todavía sigue sobre nuestro cielo.

Si López Murphy se limita a cumplir el programa con el FMI que es el mismo que nos llevó a la casi cesación de pagos el año pasado y que ha postrado a la economía por 30 meses, lo único que estaremos haciendo es dilatar el momento del colapso, previo paso por un "veranito" financiero y a lo mejor de actividad económica.

El problema entonces no es de nombres, sino de ideas y de si se dan las condiciones políticas para que sean aplicadas las ideas adecuadas. Al respecto, no es alentador que el gobernador de una Provincia como la de Buenos Aires (Ruckauf), que está quebrada fiscalmente anuncie que bajará impuestos a los autos para reactivar. Lo mismo con el Presidente que no se quedó atrás e hizo su propio anuncio de reducción de impuestos a los autos nivel nacional. Siempre el irresponsable facilismo para salir de los problemas que trajo el propio facilismo de aumentar el gasto público cada vez que la recaudación lo permitía.

Si la clase política no acepta que el facilismo nos lleva al suicidio, ellos quedarán como los grandes responsables de una nueva crisis, 10 años después de la hiperinflación que ellos generaron.

Al fin de cuentas, pedir equilibrio fiscal después de 10 años de haberlo transformado en la "llave" de nuestro crecimiento económico y después de que nos llevara a la casi cesación de pagos en el 2000, no debería ser considerado como inhumano. Después de todo, estamos pidiendo que la clase política a la cual le damos de comer con los impuestos que pagamos respete preceptos que en el sector privado son tan "claritos" como la ley de gravedad: vivir con lo que uno gana y endeudarse muy esporádicamnte.

El Gobierno (sea cual fuere su ministro de economía) estaría desafiando la ley de gravedad (al menos en el mediano plazo) si pretende generar crecimiento sostenido con un déficit fiscal de $15.000 millones y una deuda pública que pronto llegará al 60% del PIB.