Carta al Presidente Alberto Fernández

Señor Presidente, 

El motivo de esta iniciativa es contribuir a que nuestro país y sus habitantes sufran el menor daño posible frente a la pandemia del coronavirus que está golpeando fuerte al mundo entero y alertar a los argentinos sobre algunas señales preocupantes de su gobierno.

En todas partes se va aprendiendo sobre la marcha y los argentinos tenemos la ventaja de poder capitalizar los errores y aciertos que hayan cometido otras naciones contra la pandemia, en algunos casos enfrentando un trágico costo en vidas humanas.

Si bien fue un error de su administración subestimar al comienzo de la pandemia la posibilidad que el virus llegara a estas latitudes, retrasando peligrosamente la puesta en práctica de los planes de contingencia para fortalecer nuestro sistema sanitario así como la adquisición de insumos y elementos críticos para resistir con éxito una alta tasa de contagios, debemos reconocer que tuvo los necesarios reflejos para decretar las medidas restrictivas necesarias para evitar una circulación masiva del virus.

Espero que su gobierno haya sabido aprovechar este tiempo, que los argentinos hemos ganado con la contribución de vastos sectores de nuestra sociedad, muchos de ellos sacrificando el esfuerzo de toda una vida al acatar su orden de permanecer en sus casas sin trabajar ni dar trabajo, corriendo el riesgo de transformarse en inviables económicos.

Necesitamos saber cuántas camas de aislamiento, de terapia intensiva, respiradores, testeos rápidos, equipamiento para el personal de salud hemos acumulado en esta etapa. En otras palabras, si su gobierno aprovechó adecuadamente el tiempo que los argentinos le otorgaron. Lamentablemente esa información no está disponible en forma clara o se va dando en cuenta gotas, dentro de esas comunicaciones heroicas o epopéyicas, que poco contribuyen al esclarecimiento de algo muy serio y que suenan más a campañas propagandísticas de otras épocas. Exigimos saber al detalle cómo nos hemos preparado por si se verificara la peor de las contingencias.

Creemos Señor Presidente que ha llegado el momento de animarse a dar el paso siguiente: administrar inteligentemente la salida de la cuarentena para ir liberando sectores enteros de la producción y del trabajo. Algo que el mundo ya está haciendo y que los argentinos no podremos evitar, salvo que se quiera correr el riesgo de una crisis económica de proporciones gigantescas. 

A esta altura, la consigna de todos debería ser salir a trabajar y producir sin aumentar por ello las curvas de contagio. Un desafío difícil sin dudas, pero que si combinamos tecnología, inteligencia y planificación con los preparativos que deberíamos haber cumplimentado en todo este “tiempo ganado”, estaríamos en condiciones de poder poner en práctica sin mayores riesgos a la salud pública. Es en este sentido que le vengo sugiriendo desde hace tiempo el activar una fuerza de trabajo paralela a su Junta de Epidemiólogos notables. Tan importante como frenar el avance del virus es evitar el colapso total de la economía. No me inspira en esto ningún interés oscuro ni sectorial, todo lo contrario, la idea es evitar a los argentinos un sufrimiento adicional, que por la magnitud de la crisis que se avecina podría ser comparable a los peores momentos de nuestra historia reciente. Estamos a tiempo de evitarlo.

Por último, pero no menos importante, deseo manifestarle la preocupación que numerosos sectores de la vida nacional tenemos por ciertas señales graves en cuanto a la salud de nuestras instituciones republicanas. Ud. es un hombre de derecho pero debo advertirle que dentro de su gobierno existen muy altos funcionarios que públicamente han declarado su oposición a nuestro ordenamiento legal y constitucional y sus deseos de cambiarlo por algo más parecido a lo que rige en las dictaduras cubana y venezolana. Sin ánimo de macartismo o cacería de brujas de ningún tipo, hay señales complicadas que nos permitirían alimentar ese temor: gobierno por decreto, falta de funcionamiento del Congreso, liberación masiva de presos entre ellos muchos detenidos por causas de corrupción, además de delincuentes comunes y asesinos, la posibilidad cierta de un default de la deuda, aislamiento internacional y retiro intempestivo de las negociaciones del Mercosur, estrechamiento de relaciones con los regímenes bolivarianos, entre otras. No hay Pandemia alguna que justifique la pérdida de nuestras libertades individuales y nuestros derechos y garantías tan sabiamente consagrados por Juan Bautista Alberdi en nuestra Constitución de 1853, a la cual deberíamos retornar de manera urgente.  

Deseándole que tenga la sabiduría necesaria para enfrentar tan difíciles momentos, lo saludo atentamente.

José Luis Espert